¿Para cuándo una unión bancaria?

Marie José Garot. Profesora. IE Law School

1 Enero 2014

Tras superar la “crisis existencial” del euro, ha llegado el momento de sellar la tan cacareada Unión Bancaria, que implica unificar tanto la supervisión como la resolución de las entidades financieras.

Según el Presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, en un discurso pronunciado el pasado 4 de septiembre, la crisis “existencial” del euro ha terminado, aunque la crisis del crecimiento y del empleo aun continúa. A pesar de esas palabras tranquilizadoras, no se baja la guardia, ni se debe bajar, porque todavía queda mucho por hacer para conseguir una Unión Económica y Monetaria saneada y dotada de medios suficientes para afrontar nuevas posibles crisis.

El futuro de la Unión Económica y Monetaria pasa, sin lugar a dudas, por la realización de una Unión Bancaria, después de haber conseguido, por una parte, estabilizar la zona euro gracias a nuevos mecanismos de ayuda financiera (como el MEDE), adoptados para evitar situaciones de default de Estados miembros de la zona euro (con todas las repercusiones dramáticas que hubiera podido tener ese tipo de situaciones), y por otra parte, establecer reglas estrictas de equilibrio presupuestario para los Estados miembros de la Unión Europea (los llamados Six-Pack, Two-Pack y Pacto Fiscal Europeo).

Ahora, la nueva etapa se llama Unión Bancaria y representa un paso clave en el proceso de integración europea, al tener como fin romper el círculo vicioso entre deuda soberana (tras la cual, al fin y al cabo, están los propios contribuyentes de los Estados miembros) y deuda de las entidades financieras. No es una cuestión baladí, como lo comprenderán perfectamente los españoles, cuyo Estado ha recibido una ayuda europea (¡que hay que devolver, por supuesto!) para financiar algunos de sus bancos.

A su vez, el proyecto de Unión Bancaria se basa en tres pilares: primero, crear un mecanismo único de supervisión bancaria (MUS); segundo, armonizar las reglas en materia de garantía de depósitos; y, finalmente, crear un mecanismo único de resolución bancaria (MUR), así como un fondo único de resolución bancaria para las entidades financieras en situación peligrosa. De momento, después de unas negociaciones arduas, los Estados miembros han acordado transferir al Banco Central Europeo unas funciones concretas en materia de supervisión de “grandes” entidades de créditos.

El Mecanismo Único de Supervisión entrará en vigor el 4 de noviembre de 2014 y se está ahora mismo organizando su puesta en marcha, entre el Banco Central Europeo y las autoridades nacionales de supervisión, además de preparar los famosos stress-test para saber qué banco estará bajo la supervisión directa del BCE. Sin duda, el nuevo MUS es un paso importante para intentar evitar que bancos europeos puedan poner en peligro la supervivencia de la zona euro, además de fomentar la realización de un mercado único de servicios financieros, tan necesario para la propia dinamización del mercado único.

Pero, no es suficiente. El Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo están todos de acuerdo en apoyar un nuevo mecanismo europeo (el MUR) con reglas eficaces para ayudar a bancos en dificultad e, incluso, llegado el caso, liquidar estos bancos sin que los contribuyentes de los Estados miembros sean los primeros afectados, sino que lo sean los propios acreedores de esos bancos. Pero la negociación entre las 3 instituciones, y dentro del propio Consejo, versa todavía sobre temas tan importantes como las competencias que tendrán las autoridades nacionales en los procesos de resolución (versus la Junta Única de Resolución), el papel del Consejo en la propia gobernanza del Mecanismo y la propia estructura del fondo único de resolución.

Sin embargo, el plan ideal requiere que los Estados de la zona euro se pongan de acuerdo sobre las reglas de resolución antes del final de año, para que el MUR pueda empezar a funcionar poco después del MUS (enero 2015). Aunque el proyecto presentado en julio 2013 por la Comisión Europea pueda necesitar algunas mejoras, los Estados de la zona euro deben, sin lugar a dudas y sin ambigüedad, apoyar ese proyecto, pensando a corto y largo plazo.

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