<B>¿Puede crecer Europa al mismo ritmo que EE.UU.?</B>

Rafael Pampillón. Profesor. Instituto de Empresa

23 Abril 2003

El informe sobre la Competitividad Mundial en el año 2002 publicado por The World Economic Forum refleja cómo algunos países europeos, entre los que se encuentran España y Gran Bretaña, ganan competitividad con respecto a 1994, mientras los franceses, alemanes e italianos descienden puestos.

Las ganancias de España y Gran Bretaña pueden ser consecuencia de su mayor estabilidad macroeconómica y de sus reformas en los mercados de factores (trabajo, electricidad, suelo, telecomunicaciones, etc.). Mientras tanto, EEUU mantiene el liderato en competitividad y, además, lleva 22 años (1981-2002) creciendo a buen ritmo (3 por ciento medio anual) mientras los países de la Unión Económica y Monetaria (UEM) crecen menos (2,2 por ciento). Las tres economías más grandes de la UEM antes citadas (Francia, Alemania e Italia) llevan años soportando tasas muy bajas de crecimiento económico. Pero, ¿por qué crece más la economía norteamericana? ¿Por qué EEUU genera más empleo que Europa? ¿Por qué Francia, Alemania e Italia pierden competitividad? ¿En qué se diferencia Europa de EEUU? ¿Por qué Alemania va a meter tijera a su Estado del Bienestar?

Ranking de Competitividad
1995 2002
EEUU 1 1
Alemania 6 14
Francia 17 30
Reino Unido 18 11
España 28 22
Italia 30 39
Fuente:. World Economic Forum

[*D Los problemas *]Primero, las empresas de la UEM tienen mayores costes fiscales, sociales, administrativos y financieros (tipos de interés más altos) que las de EEUU, lo que las hace perder competitividad, es decir, ventas y, por tanto, crecimiento económico y creación de empleo. Así, por ejemplo, mientras la presión fiscal en EEUU es del 30 % en la UEM es de un 45%. Segundo, la determinación de los salarios en EEUU es descentralizada (a nivel de cada empresa), mientras que el proceso de negociación de salarios en Europa es centralizado. Esto hace que los salarios en Estados Unidos estén guiados por las fuerzas del mercado, lo que permite una asignación más eficiente de los recursos. Tercero, EEUU es el país que tiene el mayor espíritu empresarial del mundo. Cada año se crean en los EEUU cientos de miles de nuevas empresas, muchas de las cuales desaparecen en menos de un año. Pero unas cien mil sobreviven, lo que define a EEUU como una sociedad con iniciativa empresarial. Ello se debe, entre otras cosas, a que los trámites administrativos para crear una empresa son mucho más caros, complejos y lentos en Europa (en EEUU los trámites duran un mes, mientras que la media de la UEM son de 15 meses). Además, la disponibilidad de capital-riesgo y los incentivos para acceder al capital-riesgo son también muy superiores en los EEUU frente a cualquier otro país europeo.

Cuarto, la UEM realiza menores gastos en I+D, un 2% de su PIB, mientras que los EEUU destinan el 2,6%. Esto ha permitido que EEUU se haya adaptado mejor a las nuevas tecnologías y haya orientado su producción y su inversión en el exterior hacia los sectores de alta tecnología. En este sentido la economía norteamericana ha sabido y está sabiendo aprovechar mejor la revolución informática basada en el abaratamiento de la transmisión y del almacenamiento de la información. Además la población estadounidense, en casa y en el trabajo, utiliza la red y los PC más que en Europa. En el sector de software informático, donde los niveles salariales están bastante por encima de la media, los EEUU emplean un 50% más de gente per capita que en Francia o Alemania.

[*D Las reformas *]¿Es aplicable el modelo estadounidense a las economías europeas? Puede que no en su totalidad ni a corto plazo, debido fundamentalmente a la fuerte sensibilidad europea por las diferencias sociales. Además, dichas diferencias sociales se están agrandando porque la nueva economía de la información está demandando trabajadores cada vez más cualificados que van a cobrar cada vez más, mientras las personas con menos cualificación van a tener sueldos muy reducidos. La respuesta europea a este problema no debería ser la de resistirse a las fuerzas del mercado (estableciendo un elevado salario mínimo, restringiendo los despidos de las empresas, y oponiéndose a un sistema de despido más flexible), sino la de una inversión más elevada en formación y en tecnología.

El Estado del Bienestar, al que no estamos dispuestos a renunciar, ha conseguido una cierta igualdad de oportunidades entre las personas gracias a la disponibilidad de bienes públicos como las pensiones, la educación y la sanidad. Ahora, sin embargo, parece cada vez más necesario rediseñar el Estado del Bienestar, donde el papel del Estado no sea el de suministrador de los servicios sociales sino el de garante de la provisión de esos servicios, en aras de una mayor eficiencia. Hay que reformar los sistemas de pensiones, ya que en Europa (con una de las poblaciones que más envejece del mundo – cosa que no sucede en los EEUU) está aumentando el porcentaje de personas que no trabajan en relación a las que trabajan, o lo que es lo mismo, la proporción de gente que trabaja va a ir paulatinamente disminuyendo. En el futuro, por tanto, o las pensiones son más bajas o habrá que endurecer la presión fiscal, ya que un número menor de trabajadores van a tener que sustentar a un número mayor de jubilados. Para hacer sostenible el sistema de pensiones habrá que recurrir a la mano de obra extranjera. Pero la inmigración, aunque puede contribuir a aliviar el envejecimiento de la población, no será capaz de invertir la tendencia a una mayor longevidad, ni de aportar un aumento suficiente de nacimientos que permita el reemplazo generacional.

En resumen: para que Europa pueda crecer más debe soltar lastre, como está intentando hacer Alemania, reformando su Estado del Bienestar (racionalizando, por ejemplo, el sistema sanitario, muy caro y cada vez menos eficiente) y su mercado laboral (por ejemplo, flexibilizando el despido), descentralizando la negociación colectiva, facilitando el funcionamiento de los mercados y la creación de las empresas (eliminando las barreras al espíritu emprendedor) y gastando más en I+D. Este es el camino que se debe seguir; de lo contrario, la vieja y achacosa Europa seguirá perdiendo competitividad.


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