¿Quién teme a la inflación?

Gonzalo Garland. Profesor. IE Business School

1 Junio 2016

La inflación ha dejado de ser el gran enemigo. Ahora los retos son el crecimiento económico, el desempleo, el déficit y la deuda púbica. Hablemos, pues, de deflación.

Si nos detuviéramos un momento a pensar en la inflación desde una perspectiva histórica, nos sorprenderíamos al ver cómo ha cambiado el énfasis en esta variable a lo largo del tiempo. Aunque ya  han pasado 40 años, en la década de 70, con los shocks del petróleo y el fenómeno de la estanflación –combinación, nueva  en ese momento, de estancamiento e inflación-, el incremento de precios era para muchos el principal problema económico en gran parte del mundo. De hecho, el debate económico principal en ese momento era  si  la prioridad debía ser  luchar contra la inflación o contra el desempleo, y las políticas económicas iniciales de Margaret Thatcher en Reino Unido, o de Ronald Reagan en Estados Unidos, iban en la línea de priorizar la lucha contra la inflación, al percibirse ésta como el principal peligro.

Por supuesto, en América Latina la inflación también se convirtió en el principal problema a resolver en muchos países, por no decir prácticamente todos, desde el inicio de la crisis de la deuda externa en 1982, hasta, en algunos casos, mediados de los 90, cuando se dejó de imprimir dinero para financiar los déficits públicos, en gran parte, porque la propia crisis de la deuda hacía imposible financiar los déficits a través de deuda externa o interna. Y esta realidad se extendió a otros países en diferentes regiones del mundo, como fue el caso de Zimbabue hasta hace  pocos años, cuando abandonó su moneda como medida de urgencia para  controlar la hiperinflación.

Podríamos decir que, durante muchos años, en las últimas décadas, los economistas hemos percibido a la inflación como el principal o uno de los principales enemigos a batir. Y, sin embargo, el mundo ha cambiado a lo largo de las últimas décadas. Si miramos los datos de inflación en muchos países industrializados, podríamos decir que si hay un problema con la evolución de los precios hoy en día, esa preocupación es más bien por la deflación, es decir, por la caída de precios, más que por la tradicional inflación. 

Estados Unidos vio caer sus precios en los primeros cinco meses del año 2015, y sólo en los últimos tiempos la inflación ha empezado a moverse hacia terreno positivo, aunque aún a niveles muy bajos. Por su parte, si nos vamos al Viejo Continente, vemos que la inflación en la Unión Europea es del 0,3% anual, según los datos de enero de este ejercicio, mientras que el dato preliminar para febrero en la zona euro es del 0,2%. Si lo analizamos por países, en Reino Unido y Francia la inflación es del 0,3%; en Italia y en Alemania, del 0,4%; en España, -0,4%; y en Suiza, ya fuera del euro y de la UE,  –1,5%. En toda la zona euro, de hecho, el rango va desde un -1,5% en Rumanía, a un 1,8% en Bélgica. Aunque hay muchos factores que explican estos bajos niveles  de  inflación, aunque, sin duda, la caída de los precios de petróleo ha sido uno de los más importantes en estos últimos meses.

Japón ya había marcado la pauta en esta tendencia hacia niveles de inflación negativos hace casi dos décadas. Antes de la “Gran Recesión” de los últimos años, estábamos ya acostumbrados a la deflación japonesa, aunque la viéramos como algo extraño y ajeno, como un fenómeno que le sucedía al país del sol naciente pero que difícilmente se daría en otras regiones del mundo. Pero, al igual que con el tema del sistema de pensiones, Europa, en particular, y Estados Unidos, hasta cierto punto, empiezan a encontrar más parecidos con lo que viene sucediendo en Japón. Hay que estar atentos para ver si no surgen otros temas en los que el país asiático sirva como “indicador avanzado” de lo que puede suceder luego en Europa o Estados Unidos.

Así pues, casi sin darnos cuenta, hemos pasado de una realidad en la que el mayor enemigo era la inflación, a otra en la que pasa a un segundo plano, ante otros retos importantes como son el crecimiento económico, el desempleo, o el manejo de los déficits y la deuda púbica, sobre todo, en los países industrializados. Sin embargo, la variación en los precios no deja de ser importante. La inflación sigue siendo un problema en algunos países de América Latina, como Venezuela, Brasil o Argentina,  pero en los industrializados el peligro actual deja de ser la inflación y pasa a ser la deflación.

De nuevo, como ya Japón ha mostrado, la deflación es peligrosa. Entre otras razones, porque las caídas de precios hacen que posponer el consumo sea una opción interesante. ¿Cuál es la prisa por comprar algo ahora si su precio va a bajar en el futuro? Y con ello el consumo se debilita, lo que enfría la economía al no haber mayor demanda. Por otra parte, los precios que caen crean presión sobre los beneficios de las empresas. Cuando hay inflación, lo normal es que los precios de los productos que las empresas venden suban aproximadamente al mismo ritmo que la inflación, al igual que suben los salarios de los trabajadores de las empresas. Pero cuando los precios bajan, lo más probable es que los precios de los productos que las empresas venden bajen también, aunque no es  fácil bajar los costes salariales. Al bajar los precios de venta sin  bajar los costes salariales los beneficios de las empresas disminuyen.

Por otra parte el peso de las deudas se  hace cada  vez mayor, al costar más producir lo suficiente para pagar algo cuyo valor nominal sigue constante. Y, por otra parte, si los precios bajan, algunas alternativas de ahorro se vuelven interesantes. Por ejemplo, aunque un bono pague poco, digamos un 2%, si los precios bajan también un 2%, la rentabilidad real se acercará a un 4%, algo no despreciable en el contexto actual de bajas rentabilidades. Lo cual tampoco genera un incentivo a gastar e incrementar la demanda.

La lucha contra la deflación se ha vuelto una prioridad en muchos países.  En Japón, por ejemplo, uno de los objetivos principales de la  nueva política económica conocida como “Abenomics” (por ser promovidas por el actual Gobierno de Shinzo Abe) es éste, mover al país al  terreno de inflaciones positivas. Por otra parte, el Banco Central Europeo se encuentra aún muy lejos de su objetivo de “mantener la inflación en la zona euro cerca, pero por debajo, de un 2%”. Y, por eso, la mayor parte de los analistas cree que aún hay mucho margen de maniobra para el BCE antes de acercarse a ese objetivo. Será importante ver cuál es la evolución del petróleo, pero todo parece indicar que aún seguiremos viendo políticas monetarias no convencionales. Como ya muchos dicen, lo “no convencional” se está convirtiendo en “el nuevo convencional”. Lo que antes era extraño es ahora lo normal. Sí que han cambiado los tiempos en relación a la inflación.

 

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