<B>Actividad emprendedora y su impacto económico</B>

Ignacio de la Vega. Director Área Creación de Empresas. Instituto de Empresa

1 Diciembre 2004

El fenómeno emprendedor cuenta hoy con un mayor reconocimiento social que hace algunos años. Sin embargo, la tasa de desarrollo de la actividad emprendedora en España es todavía insuficiente.

Nuestra sociedad comprende hoy el fenómeno emprendedor, y su impacto e importancia en la salud macroeconómica de un país o región, con mucha más profundidad que digamos veinticinco años atrás. Hoy sabemos, que una parte importante del bienestar económico de una sociedad se debe al esfuerzo de cientos de miles de emprendedores, que asumen una tasa más o menos elevada de riesgo personal y financiero en el desarrollo de sus proyectos empresariales.

Conocemos que una parte significativa del PIB de cualquier sociedad (cuanto más desarrollada mayor será este porcentaje) es aportado por nuevos proyectos empresariales o por el crecimiento de empresas de reciente creación. Igualmente, conocemos que estas empresas son las responsables de la generación de un porcentaje muy elevado de empleos, especialmente en entornos como el actual en los que la globalización de la economía ha supuesto un imparable avance de la deslocalización, o mejor, de la relocalización de actividades empresariales en entornos de menor coste salarial. Finalmente también conocemos, gracias a múltiples esfuerzos de investigación, que un porcentaje elevado de las grandes innovaciones” de las últimas décadas son fruto de actividades emprendedoras.

Esa diferencia de “conocimiento” experimentada en los últimos veinticinco años, ha posicionado de una manera más equitativa a la figura del emprendedor en la escala de valores en nuestra sociedad y también, aunque de manera aún tímida, ha hecho reaccionar a nuestros agentes sociales y a los gestores de lo público que, conscientes de la importancia el fenómeno, han comenzado a prestar atención en el desarrollo de sus diseños políticos a la actividad emprendedora.

[*D Un porcentaje elevado de las “grandes innovaciones” de las últimas décadas son fruto de actividades emprendedoras *]

Nuestro país, donde a la tradicional existencia de una buena base de emprendedores se une la creatividad propia de nuestra sociedad, ha experimentado un importante crecimiento en éste segmento de actividad. El Informe GEM (Global Entrepreneuship Monitor), realizado con periodicidad anual en casi cuarenta países, y liderado en España por el Instituto de Empresa, confirma la dimensión del fenómeno: en el entorno GEM, el 9 por ciento de las personas en edad de trabajar están involucradas en la creación de nuevos negocios, frente a un porcentaje estimado próximo al 2 por ciento en 1980.

A pesar de la recuperación que sufre el Índice Total de Actividad Emprendedora en el 2003, recuperación que demuestra que la creación empresarial es un fenómeno muy sensible a la situación social, política y económica, el Informe GEM nos sitúa a mitad de la tabla en el ranking de países desarrollados en cuanto al índice de actividad emprendedora, algo, que, como explicábamos más arriba, suele tener unas consecuencias nefastas en la salud macroeconómica de cualquier sociedad.

¿Por qué sucede esto? ¿Por qué seguimos estando lejos de sociedades tan emprendedoras como la norteamericana, la noruega o la australiana? Una mirada más próxima a los factores que apoyan o frenan el desempeño emprendedor nos ofrece conclusiones evidentes. Los factores que más influyen en cualquier sociedad moderna en el crecimiento de las actividades emprendedoras son, por éste orden: programas y políticas gubernamentales, existencia de instrumentos financieros apropiados, educación y formación específicas, transferencia tecnológica e I+D, apertura de mercados internos y existencia de infraestructuras adecuadas.

[*D La formación es clave por lo que aporta a la sociedad en cuanto a difusión y popularización de la actividad emprendedora *]

Éstas son las recetas que las administraciones públicas deben elaborar para conseguir un aumento y una mejora cuantitativa y cualitativa de la actividad emprendedora, clave como ya hemos señalado en la generación de riqueza colectiva e innovación en nuestra sociedad.

De todos los factores señalados, dos se me antojan esenciales por el retraso que sufrimos en comparación con nuestro entorno, incurriendo en una clara desventaja competitiva, la consolidación de una diversificada estructura financiera que de servicio al sector de las nuevas empresas y el desarrollo de una nueva política de formación en materia emprendedora, que posibilite la introducción de estos conceptos en edades tempranas en el ciclo formativo.

La mayor carencia desde el punto de vista financiero, en mi opinión, está en el desarrollo de una sólida red de inversores informales, business angels, que aporten recursos financieros a los proyectos empresariales en sus fases iniciales, semilla y arranque, que posibiliten en definitiva la salida al mercado de proyectos innovadores y con potencial de crecimiento. La clave, y lo saben nuestros gobernantes, el tratamiento fiscal de las plusvalías.

La formación, esa asignatura pendiente en nuestros planes de estudio, es la otra clave de desarrollo, no sólo por lo que aporta en diferenciación y herramientas de gestión, sino como bien saben nuestros vecinos franceses, con su macrocampaña de los 80, por lo que aporta a la sociedad en cuanto a difusión y popularización de la actividad emprendedora. El nuevo gobierno está aun diseñando sus políticas, esperemos por nuestro bienestar económico que acierten.

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