Alicia de Larrocha, la pianista de Iberia

Rolf Strom-Olsen. Profesor. IE School of Arts & Humaities

7 Enero 2010

En septiembre pasado falleció Alicia de Larrocha, la mejor pianista española para la crítica internacional, pero también una pianista brillante que por casualidad nació en España.

Es una lamentable perogrullada decir que, de alguna forma, los músicos son capaces de interpretar mejor la música de su misma tradición cultural que de otra. No es que la nacionalidad o la tradición no cuenten para nada, pero esos calificativos rara vez resisten un serio escrutinio y pueden, en ocasiones, provocar hilarantes equívocos.

El musicólogo inglés Donald Francis Tovey cuenta la historia de un pianista británico que, en la primera década del siglo XX, fue a Berlín para tocar el primer Concierto para piano de Beethoven. Es bien sabido que a Beethoven le preocupaba que la tradicional libertad permitida al intérprete durante las cadencias (improvisaciones libres del solista normalmente al final de un movimiento) estropease la pureza de sus composiciones. En consecuencia, en un arrebato de egocentrismo exagerado, escribió varias cadencias para cada uno de sus cuatro conciertos para piano, que podrían utilizar los intérpretes en lugar de dar tumbos por su cuenta. (En el quinto concierto, Emperador, sencillamente prescindió de la oportunidad para la improvisación).

[*D Es una perogrullada decir que los músicos son capaces de interpretar mejor la música de su misma tradición cultural que de otra. Esos calificativos rara vez resisten un serio escrutinio. *]

Para su primer concierto, Beethoven creyó que sus esfuerzos iniciales no habían bastado y publicó varias revisiones mejoradas a lo largo de su vida; estas últimas son las que se suelen interpretar. El pianista anónimo inglés de la historia de Tovey, sin embargo, decidió revivir la primera cadencia de Beethoven en el concierto. Esta desviación de lo familiar no le sentó muy bien al público berlinés que, desconocedor de que la cadencia era en realidad obra de Beethoven, creyó que el pianista se estaba tomando unas libertades inaceptables. Las críticas se burlaron de la interpretación diciendo que los intérpretes ingleses no podían tocar música alemana. Esos son los peligros de atribuir una identidad nacional a la expresión musical.

No obstante, en ciertos casos, el tópico resulta ser cierto. Y uno de esos casos es el de la pianista española Alicia de Larrocha, que falleció en septiembre a los 86 años. Su fama y longevidad como intérprete fueron tales que la prensa mundial se llenó de encomiables obituarios y muchos de ellos la aclamaron como la «mejor pianista española». Una designación interesante, porque plantea la pregunta: ¿fue De Larrocha una gran pianista de España o una gran pianista española?

[*D No obstante, en ciertos casos, el tópico resulta ser cierto. Y uno de esos casos es el de la pianista española Alicia de Larrocha, que falleció en septiembre a los 86 años de edad. *]

En realidad, fue ambas. Sus interpretaciones de Mozart, especialmente, fueron justamente aclamadas por la ligereza de su tacto y por la claridad de la línea y expresión que le aportó a la música. En mi opinión, su interpretación del Concierto en la mayor (K. 488) de Mozart, con Colin Davis y la English Chamber Orchestra para la RCA, es, sencillamente, la mejor que existe. De Larrocha consigue exprimir hasta la última gota de lirismo del tema inicial, pero lo hace con una métrica estricta y siendo fiel al piano (lento) que marca su duración, a través de una modulación extraordinariamente sutil de expresión dinámica.

Sin embargo, mientras que Alicia de Larrocha, una pianista de España, hizo grabaciones definitivas del canon de Mozart, Alicia de Larrocha llegó a ser quien fue en tanto que pianista española. Realizó numerosas grabaciones de compositores españoles, desde los muy conocidos Granados y De Falla, pasando por el más bien oscuro Turina, y hasta el totalmente desconocido Mompou (cuya reputación mundial se puede decir, sin miedo a equivocarse, que existe gracias a las grabaciones de De Larrocha).

No obstante, aunque sus esfuerzos en este sentido son ciertamente dignos de mención, hizo una grabación que destaca sobre todas las demás. Y no sólo en el sentido de que es la gran obra de su carrera, sino también porque, en realidad, debe ocupar uno de los mejores puestos entre las grabaciones jamás realizadas por un pianista, sin importar la composición. Me refiero a su primera grabación de Iberia de Isaac Albéniz (hizo dos más, pero no hay comparación). Desde la melancolía inicial de las primeras notas de Evocación a la última nota del alegre y reflexivo Puerta de tierra, De Larrocha establece un parámetro en la interpretación de esta pieza que no creo que se pueda superar.
Iberia es, con mucho, la mejor composición de Albéniz. Es extremadamente difícil de interpretar, al igual que ocurre con otras piezas mataintérpretes, como el monstruosamente difícil Gaspard de la Nuit de Ravel. Sin embargo, a pesar de su baja estatura, De Larrocha tiene una gran técnica y eso resulta evidente en su primera grabación de esta pieza. Lo que hace esta interpretación tan excepcional es que, a pesar de la duración y la complejidad de la partitura, De Larrocha consigue bordar cada detalle de la música. Ya sea una ligera modulación del tempo en un glissando, el color de una frase concreta, el más sutil de los giros dinámicos o el espaciado de la expresión, De Larrocha hizo suya esta pieza de principio a fin. Ella logra encontrar el tono adecuado para cada nota de cada compás y vence los enormes desafíos técnicos de la música, en una deslumbrante demostración de límpido virtuosismo.

[*D De Larrocha hizo grabaciones definitivas del canon de Mozart, pero la gran obra de su carrera fue su primera grabación de Iberia, de Isaac Albéniz.
Iberia hace un uso total del paisaje sonoro español, como la imitación de la guitarra, y la familiaridad de De Larrocha con esta tradición le permite sacar el máximo provecho. *]

Es la maestría interpretativa, no la técnica, sobre todos los registros de esta pieza la que sugiere que De Larrocha fue capaz de deleitarse con todas las complejidades de esta obra porque era una pianista española. Iberia hace un uso total del paisaje sonoro español –la frecuente imitación de la guitarra es un claro ejemplo, al igual que el uso de los compases y los gestos vocales de la danza clásica española, como el fandango o el cante jondo del flamenco-. Es la familiaridad de De Larrocha con esta tradición la que le permite sacar el máximo provecho a las posibilidades de esta composición excepcional.

El mundo ha perdido a una intérprete virtuosa con Alicia de Larrocha, ciertamente una pianista brillante que por casualidad nació en España, pero también una magnífica pianista española.

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