And the winner is.....¡más impuestos!

Víctor Torre de Silva. Profesor. Instituto de Empresa

19 Septiembre 2005

La subida de los impuestos como medida para paliar el déficit sanitario traerá consigo consecuencias no deseadas para nuestra economía como la pérdida de competitividad. Es necesaria la búsqueda de soluciones alternativas y una mayor dosis de imaginación para abordar el problema sanitario.

Llega la noche de los Óscars. En el clímax de la expectación se va a nombrar a la mejor actriz. Suena la música y... gran decepción. No sale a recoger el premio una estupenda señora con vestido largo y deslumbrante. El público presente y televidente se lleva un enorme chasco, pues sube al escenario, renqueante, una obesa mórbida con más años encima que la pirámide de Keops. Algo parecido nos ha ocurrido con la financiación de la sanidad pública. Las Comunidades Autónomas clamaban que existía un grave problema. El Gobierno, con redoble de tambores, iba a dar con la gran solución, la fórmula mágica. De repente, quien aparece en escena es la viejísima receta de subir los impuestos. ¿Que no les llega el dinero para la sanidad? Muy fácil, aumentemos los impuestos y sanseacabó.

Vayamos por pasos. Las Comunidades Autónomas, ¿tienen problemas para financiarse? Porque si resulta que no, tal vez todo se resuelve con una reordenación de prioridades. Para gastar más en sanidad, nada como ahorrar en otros ámbitos –“y haberlos haylos”-. Es la tarea de todos los días de cualquier (buen) administrador público: para emplear más recursos ha de decidir de qué partida presupuestaria se detraen.

Admitamos por un momento que el asunto es más complejo, que hubo un sistema de financiación acordado cuando se asumieron las competencias sanitarias y que se ha quedado corto. En verdad, ¿alguien pudo creer en aquel momento que el gasto sanitario iba a frenar su crecimiento desbocado? Aunque así fuese, ¿no hay más fórmulas que subir los impuestos a todos los ciudadanos? No acabo de comprender por qué para pagar, pongamos por caso, las operaciones de cataratas, hay que subir los impuestos a los que beben cerveza o de los que ponen en marcha sus lavavajillas. ¿No sería más razonable que se obtuvieran esos euros que faltan de los propios usuarios de la sanidad pública? Hace unos meses la Consejera de Salud de la Generalidad de Cataluña propuso que se pagase un euro por cada consulta, y fue severamente criticada. Hoy parece que vamos a cobrárselo al que llene su depósito, además de los que ya paga...

[*D Subir impuestos erosiona nuestra competitividad en la economía globalizada en la que nos movemos *]

Aunque la sanidad se siguiese costeando con impuestos, ¿por qué tiene que ser “gratis total”? Lo que es gratis no se valora por quien lo recibe y, además, suele dar lugar a todo tipo de fraudes. ¿Quién no ha visto en una farmacia a un viejecito de apariencia honorable llevarse una verdadera montaña de medicinas para toda la familia, gracias a sus recetas gratuitas? Quizás podría solucionarse el cacareado déficit sanitario con un pequeño pago de los beneficiarios del servicio que, de paso, ayudase a evitar abusos y a desincentivar el derroche de los recursos públicos.

Y es que subir los impuestos tiene consecuencias serias. Lo dice nada menos que la OCDE, que hace unos días por boca de su Director del Centro de Política y Administración Tributaria advirtió que los tipos impositivos españoles no eran competitivos (ver EXPANSIÓN del pasado 26 de agosto). Así, el tipo del impuesto de sociedades español es más alto que en diecinueve de los veinticinco países de la Unión Europea. ¿Alguien piensa que a las empresas les da igual el coste de la electricidad o de los combustibles, por poner dos ejemplos de impuestos que probablemente van a subir para financiar la sanidad? No son simples disquisiciones técnicas: el Banco de España en su informe anual del año pasado explica que la inversión extranjera directa en España supuso en el 2004 casi la tercera parte de la realizada en el 2003. Por descontado, los cierres de fábricas a causa de la llamada “deslocalización” tienen mucho que ver con esto.

[*D Uno de los mayores errores de la política consiste en aplicar a retos nuevos viejas recetas *]

Subir impuestos no sólo erosiona nuestra competitividad en la economía globalizada en la que nos movemos. Para colmo de males, cuando se suben los impuestos indirectos sobre productos como las bebidas alcohólicas, el tabaco, la electricidad o la gasolina se aumenta la inflación. Y en este campo no estamos para bromas. Como advertía hace unas semanas el profesor Velarde Fuentes, según las previsiones entre el año 2001 y el 2006 nuestra inflación habrá aumentado un 7 % más que la europea. No es que nuestros productos y servicios suban, es que suben mucho más –acumuladamente- que los de nuestros competidores. Así no nos podemos extrañar de que la balanza por cuenta corriente tenga un déficit, en los cinco primeros meses de 2005, que casi dobla al del mismo período de 2004 (26.040 millones de euros frente a 13.718,5).

Uno de los mayores errores de la política consiste en aplicar a retos nuevos viejas recetas. Desde luego la receta antiquísima de subir impuestos -valga el símil farmacéutico- es tal vez la que más contraindicaciones tiene. Nos hace falta tal vez un poco de imaginación. Con ella, en la maravillosa noche de los Óscars podremos aplaudir a una nueva actriz que sea, de verdad, una joven promesa.

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