Astrología y predicciones económicas

Ignacio de la Torre. Profesor. IE Business School

7 Julio 2011

Esta crisis ha vuelto a demostrar la falta de acierto de las predicciones económicas. Y esto se debe a una serie de cánceres en la profesión.

Las predicciones económicas hacen de la astrología una ciencia respetable”, afirmaba John Galbraith. Muchos de nosotros leemos ávidos de atención los pronósticos económicos que emanan de la OCDE, del FMI, de la Unión Europea (los del Gobierno no suelen tener mucha credibilidad). Sin embargo, es lícito plantearse si dicha atención es merecida. En mi opinión, y basándome en mi experiencia, no lo es.

Primero, porque muchos modelos económicos intentan predecir el futuro extrapolando el pasado, cuando esta crisis, como muchas otras, ha puesto de manifiesto los fallos inherentes a tal práctica. Dichos modelos también pronosticaban en los años cincuenta que la URSS se convertiría en la primera economía del planeta (su crecimiento económico triplicaba al de Occidente), lo mismo con Japón (recuerden el best seller “Japan as Number 1”, del Profesor de Harvard Ezra Vogel), los dragones asiáticos a mediados de los noventa, y ahora con China.

[*D Los economistas cometen el error de intentar juzgar el futuro con modelos del pasado y temen hacer predicciones muy alejadas del consenso. *]

La lógica de extrapolar crecimientos pasados a futuro es una falacia intelectual y económica, como afirmaba Paul Krugman en su indispensable “The Myths of Asia’s Miracle”. Para

Segundo, los economistas, al realizar predicciones, suelen estar sesgados por el pensamiento del consenso (consensual thinking); se pueden permitir pequeñas desviaciones frente a la media establecida, pero es muy raro realizar predicciones que se alejen en profundidad de una serie de parámetros, ya que es más fácil explicar una equivocación cercana al consenso que una equivocación muy alejada del mismo.

Por ejemplo, el FMI ensalzó antes de 2007 el modelo de crédito de “originar y distribuir”, causante de muchos de los actuales males; alabó la solidez del sistema bancario islandés y, en el verano de 2008, afirmó que “lo peor de la crisis había pasado”. También los economistas de UBS que predijeron correctamente en marzo de 2007 una implosión del crédito (momento Minsky, en honor al economista Hyman Minsky, que alertó de los peligros de las interrelaciones entre los ciclos de crédito y los ciclos económicos), afirmaban en ese mismo informe que “el riesgo de recesión global era 0%” (afirmación que, honradamente, este articulista hubiera suscrito en aquél entonces).

Tercero, cuando un economista emite una predicción muy alejada de consenso (como en el caso de Rogoff, que llevaba lustros prediciendo la crisis), la estimación tan fuera de consenso se realiza tantos años que al final, necesariamente, ocurre, pero si un inversor hubiera tenido en cuenta dichos consejos todos los años que resultaron fallidos, muy probablemente estaría arruinado, poniendo de manifiesto la sabia máxima de Keynes “el mercado puede permanecer más tiempo irracional que yo solvente”.

[*D Es la gente que está al pie del cañón tomando decisiones sobre inversión y contratación la que mejor predice el futuro de la economía. *]

Cuarto, muy pocos economistas (y que conste que yo no estoy entre ellos) conocen en profundidad los mercados financieros, saben leer bien estándares contables bancarios, tienen nociones sobre valoración de derivados en los libros de banca y entienden ex ante los riesgos sistémicos que enlazan la banca comercial y la banca de inversión.

Sin ese conocimiento esencial, las predicciones económicas en una economía financiera como es la nuestra tienen limitada valía. Así, es interesante recordar que la Fed intentara en un primer momento el rescate de Merrill Lynch con Wachovia, sin advertir que Wachovia estaba ya en situación de insolvencia (y eso que era el regulador). Por su parte, los dos grandes bancos irlandeses que han provocado el rescate del país por el FMI y la UE aprobaron el test de stress del verano de 2010.

[*D Los economistas somos los únicos afortunados que cobramos dos veces: una por equivocarnos, y otra, por explicar por qué nos hemos equivocado. *]

¿A quién escuchar entonces? Personalmente sigo con mucho más interés las encuestas sobre actividad futura emitidas en los purchasing manufacturers index (PMI) y su equivalente en Estados Unidos (ISM). Es la gente que está al pie del cañón tomando decisiones sobre inversión y contratación la que mejor predice el futuro de la economía, y ellos son los que nutren dichas encuestas.

En un futuro artículo elaboraremos las virtudes de estos predictores, que mueven mucho más al mercado que las “predicciones” económicas. En cualquier caso, los economistas somos los únicos afortunados que cobramos dos veces: una por equivocarnos, y otra, por explicar por qué nos hemos equivocado.

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