Balones de oro en tiempos de crisis. A Florentino Pérez, con cariño

Rafael Puyol, vicepresidente de la Fundación IE

2 Julio 2009

Llega el verano, y con él, un estío de fichajes que amenaza con derretir más de un presupuesto en ese loco juego de los contratos estrella, tan difícil de justificar en la actual época de crisis.

La globalización ha llegado al balompié, un deporte al que también afecta la fuga de cerebros en forma de un éxodo de emigrantes cualificados, que tienen la cabeza en los pies y los sueldos por las nubes. Los clubes más punteros de todo el mundo se visten de diversidad con jugadores procedentes de cualquier parte del planeta, que consiguen abigarrar la paleta étnica de su plantilla.

Pero esta multiculturalidad no es gratis. A los cracks hay que pagarlos, y muchas veces se hace con presupuestos disparados que, incluso, llegan a endeudar a los equipos hasta límites inverosímiles. Una práctica que en época de crisis resulta, cuando menos, indecorosa.

[*D Los clubes de fútbol fichan a estrellas con presupuestos disparados que llegan a endeudar a los equipos hasta límites inverosímiles. Una práctica indecorosa en época de crisis. *]

Contra la internacionalización del fútbol no se puede luchar, cierto, pero sí es posible modular su impacto. La política del Barcelona, con su modelo basado en un entrenador de la casa y canteranos para la alineación troncal, es un buen ejemplo a seguir. No sólo por el valor que para el esfuerzo colectivo supone la vinculación a lo propio, sino porque además ha dado excelentes resultados. De hecho, la plantilla actual, construida sobre los pilares de la cantera, pasará a la historia por haber conseguido el triplete: Liga, Copa del Rey y Champions en una misma temporada. Con este resultado, hasta sus mayores rivales o detractores se ven obligados a felicitar al equipo entrenado por Pep Guardiola.

Yo casi me atrevería a proponer para el fútbol lo que rige en otros deportes, como en el baloncesto de la NBA o en las carreras de coches: limitar el presupuesto que los equipos o las escuderías se pueden gastar (que no es poco) en jugadores o en el acondicionamiento de los vehículos.

[*D Contra la internacionalización del fútbol no se puede luchar, cierto, pero sí es posible modular su impacto. La política del Barcelona es un buen ejemplo a seguir. *]

La apuesta por la cantera, el buen rastreo o la intuición de la calidad subyacente en un jugador joven no pueden ser substituidas por el talonario para pagar estrellas ya consagradas que, para qué negarlo, muchas veces están más interesadas en la publicidad que en los colores de una sociedad a la que sirven mercenariamente.

[*D El Real Madrid debería reflexionar sobre las buenas prácticas de sus rivales y tener en cuenta la máxima de que es más importante gastar bien que gastar mucho. *]

El equipo de mi alma, el Sporting de Gijón (¡Válgame Dios!), no corre ningún peligro de derroche. En cambio, el otro de mis quereres, el Real Madrid, encaminado como está a la vuelta del Rey Midas, sí debería reflexionar sobre las buenas prácticas de sus rivales y tener en cuenta la máxima de que es más importante y más responsable gastar bien que gastar mucho.

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