Cómo detectar fraudes contables

Ignacio de la Torre. Profesor. IE Business School

4 Septiembre 2014

Auditores desconocidos, comisiones plagadas de mariachis, activos sobrevalorados o crecimientos de ventas desalineados del flujo de caja son pistas de posibles fraudes.

Llevo diez años utilizando en clase la memoria de 2001 de una firma española que cotizaba en bolsa. Estaba auditada por una Big Four.  Pregunto siempre a mis alumnos sobre las cuentas de dicha empresa: ¿hay algo de verdad en ellas? La respuesta, en este caso, es que la única cifra verdadera era la fecha (2001).

Recientes escándalos han vuelto a provocar la estupefacción de muchos, ya que no nos acostumbramos al hecho de que los escándalos contables son recurrentes en el tiempo.  La mejor forma de prevenirlos es formándose en los buenos tiempos para ahí identificar los posibles riesgos.  Veamos en este pequeño artículo una serie de recomendaciones:

Primera: la contabilidad creativa puede ser legal o ilegal.  En la mayoría de las ocasiones es legal, ya que la contabilidad depende de interpretaciones.  Así, las cajas de ahorro españolas mantuvieron la ficción de que sus créditos a promotores concedidos hasta 2007 seguían valiendo el importe original, a pesar de la evidente incapacidad de promotores quebrados para devolver los créditos.  De esta forma, los balances de muchas cajas, y algún banco, desde 2008 hasta 2011 eran falsos.  Legales, pero falsos.  El mayor riesgo de una contabilidad ilegal reside en cifras falsas auditadas, como el bochornoso y patrio caso que hemos visto recientemente en los medios.  Las posibles vías de minimizar el riesgo serían: a) primera, aunque toda auditora tenga una licencia para trabajar (en España por parte del ICAC, dependiente de Economía), la emisión de títulos en los mercados de valores, en mi opinión, requiere de un registro especial de firmas  de auditoría con la dimensión y capacidades para auditar a las firmas que emitan bonos o acciones.  Por lo tanto, el inversor no debería validar las cuentas per se, sino que debería discriminar e inquirir si la auditora tiene la capacidad y la dimensión para auditar las cuentas del tamaño de un emisor en mercado de capitales.  Además, la emisora debería contar siempre con un comité de auditoría, integrado en su mayor parte por independientes.  Dichos independientes han de ser “letrados” en contabilidad financiera.  La mejor receta para una comisión inepta es nombrar analfabetos financieros en la comisión de auditoría (la imputación de ex políticos que integraban dichas comisiones en cajas y que ahora vergonzosamente declaran no saber lo que es un activo o un pasivo en su defensa es un bochornoso ejemplo).  Por otro lado, dicha comisión ha de tener potestad para nombrar al auditor externo, revisar las cuentas y dirigir la auditoría interna, que nunca debería reportar al director financiero, para así evitar “que las zorras cuiden a las gallinas”.  Si no se dan estos requisitos es mejor no invertir.

Segundo, si la contabilidad es legal, puede que su interpretación sea tan forzada que genere una contabilidad falsa, aunque sea legal. Para identificar bombas contables es conveniente dividir dichas bombas en cuatro áreas: a) reconocimiento de ingresos: ¿cómo reconoce una empresa sus ventas? Una venta sólo es una venta si el producto o el servicio ha sido satisfecho y el riesgo ha sido transferido al cliente; conviene cuestionar el reconocimiento de ingresos de cada firma y asegurarse de que toda venta reconocida en ingresos refleja dichos requisitos; b) capitalización de gastos: muchas empresas disfrazan gastos como inversiones; así consiguen que el dinero que sale de la firma no reduzca a corto plazo los beneficios porque la salida de dinero se disfraza como “inversión”, y poco a poco pasa a resultados como amortizaciones, de forma que el malogrado EBITDA (beneficio antes de impuestos, tasas y amortizaciones) se hincha, aunque no refleje la generación de caja; c) sobrevaloración de activos: un activo sólo es un activo si el valor presente de los flujos de caja que dicho activo puede generar a futuro equivale a su valor contable; así, un patatal comprado en 2006 en Levante para edificar pareados no vale lo mismo en 2006 que en 2010. Sin embargo, en la contabilidad, a veces, sigue valiendo lo mismo; d) ocultamiento de deudas, mediante el empleo de la ingeniería financiera para concentrar deuda en filiales que no consolidan (“integradas por puesta en equivalencia”) de forma que la deuda se queda fuera de balance aunque se garantice por la matriz (ese “pecado” se descubre en las notas al pie).

Tercero ¿cuáles son las reglas sencillas para identificar los posibles riesgos apuntados en el párrafo anterior? Primero: comprobar si los incrementos en ventas coinciden con los incrementos en flujos de caja de operaciones; así, las ventas de un bar podrían subir constantemente si permite a sus clientes que se paguen las cañas en seis meses, pero no subiría la caja… segundo: conciliar el EBITDA con el flujo de caja de libre operativo, todo EBITDA que no sea soportado por flujo de caja recurrente no es más que una quimera; tercero: razonar si los activos que tiene una compañía en su balance valen lo que valen (muchas veces dichos activos cotizan en bolsa y su valor real es bien inferior a lo que dice el balance…); cuarto: identificar deuda fuera de balance, aquí el truco más sencillo consiste en capitalizar los gastos financieros (dividir los intereses pagados por el coste financiero, cociente que nos arrojará la deuda verdadera, y no la deuda maquillada de 31 de Diciembre).

Dice Warren Buffet que cuando baja la marea se percibe quién nadaba desnudo.  En contabilidad esta afirmación no puede ser más evidente.  Empleen sabiamente alguno de los consejos de este artículo, y el periscopio les permitirá percibir las submarinas vergüenzas de mucho ufano bañista.

 

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