Cómo ser mejor profesional

Santiago Iñiguez de Onzoño. Decano. IE Business School

29 Agosto 2016

Para alcanzar la meta a lo largo de la carrera profesional, conviene empezar sin buscar atajos, sin priorizar el dinero y sin poner en riesgo la propia reputación.

Un buen número de graduados tiene claro qué trabajo quiere desempeñar al concluir su formación. Algunos, incluso, lo ha sabido desde pequeños, u optan por seguir la tradición profesional familiar. Otros tienen clara su vocación emprendedora, la opción más fascinante, pero también la que requiere mayor esfuerzo y sacrificios a corto plazo, aunque a largo genere mayores retornos, tanto económicos como reputacionales. 

Muchos otros, sin embargo, albergan dudas acerca de qué empleo, qué función o qué empresa elegir, y a ellos van dirigidos los consejos de este post sobre la primera etapa de la carrera profesional en administración de empresas, generalmente entre los 22 y los 29 años.

En primer lugar, y haciendo uso de una analogía empleada con frecuencia, es necesario considerar la vida profesional como una carrera de fondo, cambiante y llena de incertidumbres. Con frecuencia se suelen distinguir tres fases de lo que sería el ciclo de vida de la carrera profesional: los primeros años, el mid-career, y el senior career. Sin embargo, las carreras profesionales no son tan lineales, ni tan estándar o predecibles, y la suerte, las oportunidades, el contar con mentores, y, desde luego, el trabajo personal son factores que acortan, alargan u omiten alguna de esas fases.

Por todo ello, me parece más apropiado caracterizar la carrera profesional como una secuencia de vidas distintas, aunque estén relacionadas o puedan adquirir un sentido único cuando se analizan retrospectivamente con la edad. 

Al tratarse de una actividad de largo plazo, con horizonte y límites desconocidos, al principio de una carrera es conveniente evitar atajos indeseables, o priorizar el dinero, o arriesgar el prestigio profesional y la reputación personal. No estoy hablando de equivocaciones, que se cometen muchas, al principio y a lo largo de la carrera. Me refiero a comportamientos contrarios a la deontología profesional o a dar excesiva importancia a la retribución cuando se está al comienzo y no se ha podido demostrar suficientemente la valía profesional. 

Hay dos grandes decisiones en la elección de un trabajo por cuenta ajena: qué puesto desempeñar y para qué empresa trabajar. En relación con la primera, el test fundamental es conocer las fortalezas y las debilidades, algo difícil de escudriñar y averiguar cuando se es joven. También es natural enfocarnos hacia la profesión que más nos atrae, con independencia de las presiones familiares. Ciertamente, a lo largo de la carrera ejecutiva se pueden ir mejorando diversas habilidades, especialmente si se acompaña ese ejercicio de formación continua, que es una referencia imprescindible para el éxito profesional.  

En este sentido, un consejo que doy con frecuencia a los buscadores de primer empleo es que, aunque lean estudios y guías sobre carreras y tendencias, no se dejen influir excesivamente por estadísticas o encuestas. Las estadísticas no determinan la carrera profesional personal de una persona: les animo a batir las estadísticas, a ser excepciones a la regla general. 

La segunda gran decisión es para qué empresa trabajar. Existe el malentendido de que es preferible optar por grandes corporaciones con presencia multinacional. Sin embargo, la opción por pequeñas o medianas empresas permite, en general, desempeñar un mayor número de responsabilidades y funciones, tener una relación más directa con la alta dirección y desarrollar una visión más integrada del conjunto de las operaciones de una empresa.

Otra elección importante es si optar por puestos en destinos internacionales. En las primeras etapas, cuando todavía no se cuenta con hijos, o son pequeños, puede ser menos compleja la movilidad geográfica, y siempre es bueno “acumular millas” internacionales en el curriculum, especialmente en el entorno crecientemente global en el que operan muchas empresas, ya que aumenta el prestigio profesional, además de desarrollar las habilidades de gestión cross-cultural. 

Para finalizar, un recordatorio: teniendo en cuenta el ímpetu característico de los profesionales jóvenes: no es bueno obsesionarse por alcanzar el éxito inmediato. Generalmente, se llega a éste al cabo de una carrera profesional esforzada, tras consolidar el prestigio ante una diversidad amplia de stakeholders, salvo que existan golpes de suerte poco frecuentes.

Último vídeo

Martha Thorne valora el fallo del Premio Pritzker 2017

See video
Síguenos en
IE Focus Newsletter
Agenda IE
Most read
IE Business School | María de Molina 11, 28006 Madrid | Tel. +34 91 568 96 00 | e-mail: info@ie.edu

Contacto

IE Business School

María de Molina, 11. 28006 Madrid

Tel. +34 915 689 600

info@ie.edu