Centenarios

Rafael Puyol. Vicepresidente. Fundación IE

13 Septiembre 2011

El retraso de la edad de jubilación es una decisión tan polémica como necesaria. No sólo por motivos económicos, también para que puedan seguir en activo los profesionales con más experiencia.

De nuevo ha vuelto a las Cortes el debate sobre el retraso de la edad de jubilación. Esta vez para ser aprobada la reforma definitivamente. Y otra vez se han escuchado voces críticas contra la propuesta. Y de nuevo tengo que manifestar que, con todas las excepciones y matizaciones que sea necesario establecer para que la medida sea económicamente útil y socialmente justa, la proposición no me parece en modo alguno descabellada, si acaso, todavía tímida.

Hoy se vive mucho más que nunca y, por lo común, se comienza a trabajar más tarde que antes. Por lo tanto resulta lógico que también se abandone la vida laboral regulada con más retraso. Y no defiendo esta prolongación por razones derivadas de los desajustes entre activos y dependientes, que nos complicarán todavía más el futuro pago de las pensiones si no se toman estas medidas. No olvido estas razones, pero mis argumentos no son exclusivamente de naturaleza económica.

[*D Defender el retraso de la edad de jubilación no sólo tiene una lógica económica, sino también otra social, por todo el talento que se está expulsando anticipadamente del mercado. *]

Pienso mucho más en el despilfarro que para una sociedad supone prescindir de sus seniors a una edad prematura, inconvenientemente anticipada, porque a los 65 años queda todavía mucha vida (incluso laboral) por vivir.

El argumento es válido para todos los trabajos, pero adquiere especialmente relevancia en aquellas ocupaciones que exigen una mayor preparación previa y una formación permanentemente actualizada a lo largo de toda la vida. Son esos mayores que poseen destrezas, capacidades o experiencias que una medida administrativa puede arrojar al cubo de la basura.

[*D Es un auténtico despilfarro prescindir de los seniors a los 65 años, porque a esta edad queda todavía mucha vida, incluso laboral, por vivir. *]

Y es que conozco a tantas personas que están en esa situación, que me parece justo romper una lanza por ellos. Estoy seguro de que esta defensa suscitaría una sonrisa de apoyo de un Oscar Niemayer, un Francisco Ayala, un Pepín Bello, un Antonio Garrigues y tantos otros centenarios que se mantuvieron o permanecen ocupados mucho más allá de la edad oficial del retiro.

No pido tanto para todos, pero sí un poco más para quienes quieren seguir estando oficialmente empleados y las leyes o las conveniencias de las empresas o instituciones no les dejan.

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