<B>Convergencia europea y mercado de trabajo</B>

Javier Carrillo. Profesor. Instituto de Empresa

22 Marzo 2004

La convergencia europea tiene implicaciones importantes para el mercado de trabajo. Los problemas no están ligados únicamente a la tasa de desempleo, sino también a las diferencias estructurales del mercado laboral.

Desde 1996, y gracias a un fuerte crecimiento económico, España ha ido convergiendo con Europa en sus cifras de crecimiento del empleo, y en otros ratios como la tasa de paro, el paro juvenil o el desempleo de largo plazo. Esto es, sin lugar a dudas, una muy buena noticia. Tanto más, si se tiene en cuenta que estas cifras oficiales de desempleo esconden en su interior un segmento importante de población empleada en la economía sumergida.

El hecho cierto es que, en algunos segmentos de población activa, como los varones de entre 25 y 54 años, las tasas de desempleo se sitúan ya en torno al 7%, equivalentes a las europeas y aproximándose al pleno empleo. Lo mismo cabría decir de regiones enteras españolas, donde la situación es, de hecho, de pleno empleo. Pero esta misma comparación con el entorno europeo muestra unas diferencias muy notables en cuanto a la estructura del mercado de trabajo. Así, España presenta un número mucho mayor de trabajadores con contratos temporales (en torno al 30%, prácticamente el doble de la media europea) y de trabajadores autónomos. Ambas características nos hablareflejan un mercado doméstico mucho más polarizado que el europeo en términos de seguridad y estabilidad.

Por otra parte, existe una diferencia manifiesta en un sector muy concreto, el de servicios, menos desarrollado en España que en el resto de Europa. Este podría ser un dato preocupante, dada la fuerte relación entre el crecimiento del empleo en el sector terciario y el crecimiento global del empleo. Finalmente, los diferenciales en cuanto al infradesarrollo del trabajo a tiempo parcial en España, y la menor tasa de actividad, apuntan directamente hacia uno de los grandes problemas que tiene el mercado de trabajo español en estos momentos: la insuficiente incorporación de la mujer al mundo laboral. La tasa de actividad femenina en España está en torno a diez puntos por debajo de la media europea: homologar el mercado español al europeo en este terreno supondría la incorporación a la población activa de 1,7 millones de personas.

Pleno empleo

España se está aproximando a una situación de pleno empleo. Pero hay, sin embargo, tres desafíos reales que considerar respecto a la convergencia del mercado laboral, retos que deberían estar muy presentes en las políticas de empleo a desarrollar en el futuro. En primer lugar, no es aventurado decir que España se está aproximando a la llamada “tasa natural” de desempleo, por debajo de la cual la presión de la demanda sobre los mercados de trabajo puede generar tensiones inflacionistas, debido a la subida de los costes salariales. Dicho de otro modo, dentro de poco es posible que España alcance una situación de pleno empleo cohabitando con una tasa de paro del entorno del 10%. ¿Cómo es posible? La razón se encuentra en un segmento de población de aproximadamente 1,5 millones de españoles de baja empleabilidad, por razones de cualificación, edad, disponibilidad geográfica y de horario, etc. Parece claro que las políticas activas de empleo deben dirigirse a dotar de empleabilidad a este grupo de población.

Nueva economía

En segundo lugar, parece conveniente pasar de planteamientos cuantitativos a otros cualitativos. La “nueva economía”, si aún aceptamos la vigencia de este término, no es compatible con la temporalidad que se experimenta en nuestro mercado de trabajo. La nueva empresa “adaptable” precisa efectivamente de flexibilidad en su producción, pero también construye su éxito sobre la formación, el trabajo en equipo y la corresponsabilidad de sus empleados. Todo ello apunta a la necesidad de resolver, en un marco de concertación entre los agentes sociales, las tremendas disparidades existentes en las condiciones de empleo en nuestro país.

Por último, a medida que un país se aproxima al pleno empleo tiene como única garantía de crecimiento económico –además del desarrollo tecnológico– el incremento de su población activa: cuantos más trabajadores y trabajadoras hay en un país, más oportunidades de generar riqueza. En este sentido, debemos buscar nuevos modos de incentivar la incorporación de la mujer al mercado laboral, con fórmulas que faciliten la compatibilidad entre la vida profesional y la personal.

Conviene por tanto, no confiarse por los buenos resultados coyunturales y prestar más atención a la convergencia real de las características estructurales del mercado de trabajo, frente al mejor o peor comportamiento de las tasas oficiales.

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