Cuando la prejubilación llama a tu puerta

Arantza Ríos. Profesora. IE Business School

27 Abril 2016

Un día, sin esperarlo, tu vida cambia de golpe porque tu empresa ha decidido prejubilarte. Para superar esta situación y ver su parte positiva, el coaching es una buena herramienta.

En un mes me prejubilan, dijo mi marido al llegar a casa.

La primera reacción es entrar en estado de shock, por algo que no se espera. Después, sobreviene el susto económico: ¿podré hacer frente a todos los gastos con la nueva situación financiera? A continuación, la decepción: tú que crees en las personas, que te ves joven y con mucha experiencia, que te has dejado la vida en tu empresa...

Todos sabemos que, cuando a las compañías no les salen los números, las decisiones pasan a ser cuantitativas (“hay que reducir el gasto de personal en un x por ciento”) y las personas, no digo que no se valoren, pero importan menos.

Por último, te das cuenta de que no puedes hacer nada, por lo que, dadas las circunstancias, lo mejor es aceptarlo y empezar a ver la parte positiva.

Y la parte buena es que ahora eres dueño de tu tiempo. ¿Y qué permite esto?:

Dedicarte más a los hijos, que todavía están en una edad en la que te necesitan.
Asumir parte de las tareas que ahora realiza tu mujer y así ella estará menos estresada.

Ver más a los amigos, que hasta ahora nunca encontrabas tiempo para estar con ellos.

Hacer más deporte -hasta ahora sólo podías jugar una vez a la semana al pádel- y, además, podrás hacerlo más barato, porque conseguirás plaza en el polideportivo municipal.

Aprender a cocinar. Aunque no sabes, siempre te ha gustado. Harás un curso de cocina que te estimule y cocinarás para familia y amigos.

Adoptar a Pepa, una perra que has apadrinado durante varios años y que antes te resultaba complicado tener.

Y, poco a poco, tu estado de ánimo ha ido cambiando.

El otro día, al terminar de hacer su maleta para las vacaciones, dijo: “me voy a coger mi libro de coaching, y puede que me anime y vuelva a hacerlo”.

A mí, me preocupa cómo se va a sentir cuando deje de trabajar, pero lo que más me preocupa es cómo se vive una vida a dos velocidades. Nunca antes se nos ha dado esta situación. Además, ambos hemos tenido siempre trabajos muy demandantes. Me da miedo que ahora no entienda que a veces llego tarde a casa, porque estoy trabajando, o que estoy estresada o nerviosa o cansada. Será algo que tendremos que ir viviendo y trabajando juntos.

Egoístamente, pienso que para la familia es muy positivo que él esté en casa. Mis hijos están muy contentos, porque su padre va a estar más tiempo con ellos, y creo que nos va a aportar tranquilidad y estabilidad emocional.

De lo que más me alegro es que hay un Plan B, aunque él aún no sea consciente de ello. Es muy buen coach y, cuando se sienta con ganas, podrá reiniciar esta actividad, que comenzó y compaginó durante una época con su trabajo, pero lo tuvo que dejar por falta de tiempo.

Y esta vez volvemos de vacaciones de Semana Santa, yo triste, por la vuelta al trabajo, y él menos, porque tiene un futuro que afrontar con nuevas ilusiones y ocupaciones. Y lo más importante: ¡con mucho más tiempo!

Publicado en el Blog de Ava

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