Darwin lo hubiera querido así

Antonio Rivela. Profesor. IE Business School

2 Octubre 2008

Un efecto colateral de las crisis es la limpieza del sistema, la famosa supervivencia darviniana del más fuerte. ¿Pero debe dejarse a todas las especies a su suerte?

¿Qué deben hacer los bancos centrales ante la crisis?, se preguntan insistentemente los bancos de inversión, los políticos, los reguladores y los ciudadanos de a pie. Una pregunta cuya respuesta se debate entre otros dos interrogantes. ¿Se debe inyectar indiscriminadamente en el sistema fondos provenientes del erario público para arreglar los descosidos provocados por los bancos de inversión, o se les deja caer, al más propio estilo darvinista de supervivencia del más fuerte? Yo, por una vez, y sin que sirva de precedente, mantengo una opinión a la gallega: depende del caso.

Existen entidades que por su estatus ayudan de forma estructural al sistema financiero. Son comparables a los árboles centenarios que dan sustento a un ecosistema: sin ellos, ningún animal podría existir. Los últimos ejemplos son las agencias que daban soporte al sistema hipotecario en Estados Unidos, conocidas cariñosamente como Freddie Mac y Fannie Mae, ya que sus siglas son impronunciables, créanme. En mi opinión, y me parece una opinión de cajón de madera de pino, estas instituciones deben de ser ayudadas para evitar un potencial colapso del mercado inmobiliario estadounidense, que podría llegar a compararse con la crisis de 1929. De hecho, en ambos casos, la acertada reacción de la Reserva Federal (Fed) fue inyectar 100.000 millones de dólares en cada una de las instituciones.

[*D ¿Qué deben hacer los bancos centrales ante la crisis?, ¿inyectar dinero público o dejar que sobreviva el más fuerte? Depende del caso. *]

También existen otras entidades que, sin ser tan necesarias, su quiebra provocaría un colapso mayor que el coste de la ayuda pública necesaria para echarles una mano. Son como el follaje que rodea a los árboles en la jungla tropical: nadie habla de ellas, pero cumplen una función esencial en el sistema.

Me gustaría destacar en este grupo a las aseguradoras financieras monolines, como MBIA, Ambac, Security Capital Assurance, FGIC o CIFG. Para los que hayan leído sobre el tema, pero nunca han entendido a qué se dedican, apuntaré brevemente que una monoline asegura la calificación crediticia de una emisión de bonos, haciendo, verbigracia, que la misma mejore hasta niveles de AAA o AA. De esta forma, el emisor consigue financiación barata, ya que el coste de las primas es muy competitivo. Por ejemplo, una empresa del sector eléctrico con calificación crediticia A subiría varios escalones, hasta el ansiado AAA, gracias al pago de unos exiguos 20 puntos básicos anuales (0,20%).

[*D Las entidades que ayudan de forma estructural al sistema financiero, como Freddie Mac y Fannie Mae, deben rescatarse para evitar un colapso *]

Finalmente, existe un tercer grupo de participantes del mercado que, siguiendo con el símil darviniano, serían los depredadores de la jungla. Aunque son importantes para el sistema, deberían regularse, por la acertada acepción survival of the fittest o supervivencia del más fuerte, y en cambio, no deberían ser ayudados por el erario público. El motivo es que estas entidades deben tener un modelo de negocio sustentable en el tiempo y, si la volatilidad no se lo permite, debe exigírseles ahorrar en épocas de vacas gordas, para estar preparados cuando lleguen las flacas.

Esto es precisamente lo que no han hecho los bancos de inversión y las empresas constructoras. Ambos han tomado una visión direccional y apalancada sobre el mercado inmobiliario, que como todos sabemos es cíclico, sin prepararse para el cambio de rueda. Y así ha ocurrido: asistimos a la desaparición de una especie protegida con el descalabro del banco de inversión Lehman Brothers, el cual ha recurrido a la socorrida opción del Capítulo 11 (comparable a la española suspensión de pagos) ante el Tribunal de Bancarrotas en Manhattan.

[*D La banca de inversión y las constructoras no han ahorrado en época de vacas gordas y ahora, con las flacas, esperan que les salven *]

El Capítulo 11, dentro de la regulación de bancarrotas de Estados Unidos, es la opción que toman las firmas que intentan reorganizar su balance para poder hacer frente a sus pasivos y continuar con su negocio. Por otra parte, el Capítulo 7 facilita el proceso de liquidación de los activos de aquellas empresas que no tienen intención de seguir operando. En cualquier caso, es una quiebra en toda regla, que hace que los bonos pasen a cotizar a un valor residual, tan residual, que algunos participantes de mercado estiman en un 60%.

Lehman tenía deuda viva por un total de 613.000 millones de dólares. Y, tras los intentos fallidos por parte de sus potenciales compradores, Bank of America y Barclays, y después de que Papá Fed financiase las pérdidas de Lehman en sus activos, ligados en su mayoría a riesgos inmobiliarios residenciales y comerciales, la Reserva Federal, con buen criterio, rompió la baraja y se negó a seguir sacándoles las castañas del fuego. Un último ejemplo: la conocida aseguradora AIG está pidiendo financiación por valor de 40.000 millones de dólares para financiar pérdidas, que se especulan en 30.000 millones de dólares en su peor trimestre. Creo que tampoco se debería salir a su rescate. Y si no, que se lo pregunten a Charles Darwin.

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