De liturgias y deberes

Blanca Riestra. Profesora. IE School of Arts & Humanities

7 Enero 2010

Reflexionar sobre qué es Arte o Literatura es inevitable e, incluso, recomedable, porque todos tenemos ideas de lo que nos rodea y las reinterpretamos con el paso del tiempo.

Escribo esto mientras Waya discute con dos alumnos del MIR, Macarena contesta un par de mails, y en la calle empieza a asomar el sol. Releo tu artículo y, Julián, me asalta una sensación de mareo. ¿Por qué? Porque no sé adónde quieres ir a parar.

Supongo que simplemente lo que quieres decir es que Arte es todo aquello a lo que llamamos "Arte" y Literatura es todo aquello a lo que llamamos "Literatura": discutir sus propiedades es inútil, pues no son las propiedades las que hacen el nombre, sino el nombre el que hace las propiedades. Arrimando el ascua a mi sardina, recuerdo lo que decía Cela en uno de aquellos momentos de desparpajo fulminante que le caracterizaban: "Novela es todo aquello que lleva debajo el rótulo novela."

[*D Decir que Arte es todo aquello a lo que llamamos "Arte", y Literatura todo aquello a lo que llamamos "Literatura", es una discusión estéril, pues no son las propiedades las que hacen el nombre, sino el nombre el que hace las propiedades. *]

En el fondo, quizás la discusión, si hay tal, esté mal planteada. Quizás sea inexacto discutir que Millenium sea literatura. Desde luego es evidente que se trata de un texto escrito (una de las acepciones de la palabra literatura), que se vende en librerías (aunque también en librerías se venden portaminas y libretas, mapas y cuadernos de anillas), y que está lanzado por editoriales (aunque las editoriales también lanzan libros de cocina y libros de autoayuda). Pero bueno, concedamos que Millenium es literatura. Al menos en un sentido amplio.

Desde luego, Millenium , al menos, es un libro. Bueno, tres. Sin embargo, de las relaciones entre significante y significado está el mundo del pensamiento lleno. Una relación variable, fluctuante, arbitraria. Los libros pudieran, sin que se produjese hecatombe alguna, ser llamados pacos o cuchillos. El mundo seguiría funcionando perfectamente.

Puede que, al fin y al cabo, lo que discutamos sea otra cosa. Todo filólogo sabe que el significado de las palabras no es monolítico e inamovible, sino que, igual que sus carcasas van transformándose por el uso, por el contacto de otras lenguas y sustratos, también sus significados van deslizándose, ampliándose o limitándose por medio de hermosos fenómenos de sinécdoque y metonimia, de contagio u oposición.

[*D El arte y la literatura no son ni deben ser pedagógicos, pero nos enseñan a ver. Y ésa es la mejor manera de enseñar: mostrar, no explicar, ni aconsejar, sino sólo dar a ver. *]

En mi último post, traté, torpemente, de definir ad contrarium lo que es literatura para mí. Es imposible pedirme que yo no tenga un concepto sobre la literatura puesto que ésa es mi materia de reflexión por excelencia. E, incluso, si no fuese mi materia de reflexión, quizás sería inevitable e incluso recomendable que los seres de a pie actualizásemos los conceptos entre los que vivimos. Todos tenemos ideas sobre lo que nos rodea, actualizamos lo que nos rodea, introduciendo nuestra cabeza por los agujeros del decorado. Reinterpretamos. Vivir es reinterpretar.

En el caso del concepto de la literatura, yo lo actualizo sin cesar porque es mi déboire quotidien el preguntarme justamente eso: qué es literatura, para qué sirve, qué debe un escritor escribir ahora, qué debe escribir cualquiera en este momento y quizás en cualquier otro.

Mi idea de la literatura tiene mucho que ver con la que Macarena Ventosa tiene del arte. No en vano, ambas disciplinas, en sus orígenes, tuvieron una inequívoca relación con los rituales religiosos. Macarena cita Altamira, yo pienso en los cantos tribales, en las epopeyas… Octavio Paz, vituperado por mis adorados visceral-realistas, pero genio al fin y al cabo, decía que la poesía, prima hermana de la música, tiene un carácter, ante todo, rítmico. El ritmo es sagrado pues es lo que rige el mundo, los humanos somos seres eminentemente rítmicos, porque la naturaleza es rítmica: las cosechas, las mareas, la combinación de día y noche, el paso de las estaciones, las edades…

[*D Las artes en general no tienen como objeto la belleza, no son decorativas, ni divertidas, simplemente reflejan el mundo de manera más exacta que cualquier tratado de ciencia. *]

Disciplinas pues ligadas al sentido religioso, y por ello a lo sagrado y a lo prohibido. Que producen awe, que aterran y maravillan. El arte y la literatura no son ni deben ser pedagógicos, aunque, como bien dice Macarena, sirven para enseñar. Con pura gratuidad, nos enseñan a ver, ésa es la manera de enseñar más efectiva: mostrar, no explicar, ni desmenuzar, ni aconsejar, sino sólo dar a ver.

Arte y literatura -las artes en general- no tienen como objeto la belleza, no son decorativos, ni divertidos, simplemente reflejan el mundo que nos ha tocado vivir de manera más exacta que cualquier tratado de ciencia o de historia, reflejan el mundo con su parte oscura y luminosa, absurda, inexplicable.

Trasmiten un conocimiento regido por leyes intuitivas, difíciles de inventariar, porque se basan en lo irracional, en la parte de animal y de dios que lleva todavía dentro el hombre. Ponen en escena un cierto tipo de ritual, de tragedia, son partícipes de un cierto tipo de liturgia. Son suntuarias, inútiles, gasto puro, pero completamente, y al mismo tiempo, necesarias.

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