Decídanse, por favor

Javier Carrillo. Profesor. IE Business School

2 Febrero 2010

La incapacidad de sellar un acuerdo internacional que dé continuidad al actual esquema de Kioto es un error incomprensible, tanto desde el punto de vista medioambiental como empresarial.

Tras 12 días de intenso trabajo, el pasado 18 de diciembre concluyó en Copenhague la 15ª Conferencia de las Partes (COP 15), de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC). Miles de delegados procedentes de 193 países intentaron alcanzar, sin éxito una vez más, un compromiso internacional que dé continuidad al actual esquema de Kioto, cuando éste expire en 2012. Pero tales compromisos se postergaron y las esperanzas quedaron depositadas en posteriores negociaciones, cuyas citas más inmediatas serán durante este año, con vistas a la nueva cumbre de diciembre en México.

[*D Para las empresas es crucial despejar cuanto antes la incertidumbre sobre el régimen post-Kioto, ya que afecta negativamente a sus inversiones, incrementa las primas de riesgo y los costes de financiación. *]

La importancia de despejar tan pronto como sea posible la incertidumbre sobre el régimen post-Kioto es determinante, no sólo por motivos ambientales, sino también empresariales. La ausencia de señales de precio suficientemente claras para las reducciones de emisiones después de 2012 está afectando negativamente a las actuales decisiones empresariales de inversión, incrementando sus primas de riesgo y los costes de financiación.

La continua postergación de compromisos nacionales, y la consecuente indefinición que produce en las empresas, tienen efectos particularmente negativos en los sectores intensivos en capital, como es el caso del sector de generación eléctrica, en el que las inversiones deben realizarse teniendo en cuenta un horizonte temporal de entre 25 y 30 años.

[*D El tiempo perdido exigirá un esfuerzo inversor más intenso, que sin duda implicará unos mayores costes respecto a los que se hubieran derivado de una reducción más gradual de las emisiones. *]

En este contexto de relativa incertidumbre, la actitud predominante entre las compañías seguirá siendo la de diversificar sus actividades de control de las emisiones, incluyendo la compra de derechos de emisión y la implicación en los proyectos del Mecanismo de Desarrollo Limpio (en función de los costes de las distintas opciones), junto con un mayor énfasis en las líneas de negocio que son rentables, con independencia de la mitigación de las emisiones, pero a las cuales la mitigación aporta una razón añadida para llevarlas a cabo.

En consecuencia, la incertidumbre está provocando un retraso en la realización de inversiones de mayor calado, retraso que, paradójicamente, impedirá que se asuman compromisos de reducción de las emisiones más exigentes en un futuro. Alternativamente, en el caso de que más adelante se adoptaran esas mayores restricciones, el tiempo perdido exigirá un esfuerzo inversor más intenso, que sin duda implicará unos mayores costes de reducción de las emisiones con respecto a los que se hubieran derivado de una reducción más gradual de las mismas.

Sería necesario alcanzar con urgencia un avance significativo en la definición de un régimen post-Kioto, al menos, en una doble dirección. Resulta urgente definir y consensuar en el ámbito internacional tanto los objetivos de reducción de las emisiones, como los instrumentos de mitigación aceptados para su cumplimiento. En particular, resulta necesario garantizar la continuidad y extender el alcance del sistema internacional de comercio de emisiones previsto en el propio Protocolo, por ser un instrumento que facilita el cumplimiento de los objetivos globales de mitigación a un coste inferior al de otros instrumentos de regulación directa.

[*D Resulta urgente definir y consensuar, en el ámbito internacional, tanto los objetivos de reducción de las emisiones, como los instrumentos de mitigación aceptados para su cumplimiento *]

En este sentido, es conveniente, en términos ambientales, pero también empresariales, que la Unión Europea, y España como parte de ella, sigan liderando el proceso de negociación para llegar lo antes posible a un acuerdo internacional de mitigación post-Kioto, en el marco de la UNFCCC, que contenga esos dos elementos fundamentales: objetivos e instrumentos.

En definitiva, los compromisos genéricos y no vinculantes no resultan propicios para asegurar un contexto atractivo para la inversión en nuevas tecnologías y en proyectos de mitigación. Es necesario que se establezcan objetivos e instrumentos con suficiente antelación, que aporten una señal a largo plazo sobre el precio del carbono. Si se pretenden alcanzar los objetivos planteados en el actual régimen, resulta urgente e imprescindible facilitar a los inversores señales más claras sobre su continuidad.

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