<B>Directivo Sapiens Sapiens</B>

José Luis Álvarez. Vice Decano del Instituto de Empresa

18 Julio 2003

Nuestra dotación genética nos otorga unos instintos que, en muchos casos, son contrarios al ideal organizativo de racionalidad y control de las emociones que se presupone en la gestión empresarial.

Si mostramos a un grupo de niños pequeños fotografías de distintas ecologías, como la selva, el desierto, la montaña, el mar o la sabana africana, la mayoría de ellos se sentirán atraídos por la última. Es la nostalgia por nuestro entorno original. Hace escasas semanas, los periódicos informaron del descubrimiento en Etiopía de los restos más antiguos de nuestra especie, el Homo Sapiens Sapiens, de unos 160000 años de antigüedad, que hará unos 70000 años migró de África hacia Europa, en una verdadera primera globalización. Por este origen común, hay más similitud genética entre cualquier humano que entre, por ejemplo, familias distintas de chimpancés. La naturaleza humana es realmente global e igual, y además está fijada. No ha habido variación genética sustancial desde entonces.

Nuestros antepasados vivían en clanes de cazadores-recolectores, agrupando varias familias, hasta un total de 100-150 personas. En estos grupos existía una marcada división del trabajo entre géneros, diferencias claras de estatus, diversos círculos más reducidos dentro de cada clan, y un liderazgo fuerte, resultado de una competición permanente.

Lo significativo desde el punto de vista de la dirección de empresas es que, aunque seamos una especie superviviente por nuestra capacidad para la acción colectiva de naturaleza económica, la caza, no quiere decir que estemos especialmente dotados para trabajar en organizaciones como las actuales. El Homo Sapiens Sapiens estaba adaptado a un territorio muy determinado como la sabana africana, poblada por rapidísimos predadores, competidores a la búsqueda del mismo objetivo, y en el que cualquier error podía tener consecuencias peores que, por ejemplo, un despido.

Dicho de otra manera, nuestra genética ha sido seleccionada por un entorno... que ya no existe para la inmensa mayoría de la humanidad. Los directivos deberían ser conscientes de que muchos intentos actuales en el campo de la dirección de empresas son contrarios a nuestros instintos. Por ejemplo, es un mito que podamos coordinar la acción colectiva sin líderes, o que la formación y el entrenamiento pueden llevar al liderazgo cuando la realidad es que siempre habrá algunos individuos con una aspiración de dominio y energía mayor que otros, y esos serán los líderes.

También es forzar nuestros instintos intentar crear organizaciones planas pues siempre habrá búsqueda de status y distinción. Tampoco es factible eliminar la política de nuestras empresas, pues siempre existirá la tendencia a intercambiar favores y formar círculos de protección mutua. Como imposible es eliminar nuestro apetito por rumores y comidillas, ya que toda información puede incrementar las probabilidades de supervivencia. Como la pretensión de que los empleados se pueden identificar con una gran empresa, cuando sus afectos estarán centrados en el núcleo reducido de compañeros con los que interactúan cotidianamente. Estos y otros instintos favorecían la probabilidad de supervivencia en la Edad de Piedra.

[*D Las organizaciones planas fuerzan nuestro instinto pues siempre habrá búsqueda de status y distinción *]

Es quizás en la toma de decisiones donde existen más diferencias entre el ideal organizativo contemporáneo, de racionalidad y control de las emociones, con la dotación genética del Homo Sapiens Sapiens. Somos unos estadísticos lamentables para grandes cómputos (por eso inventamos los ordenadores) pero ninguna máquina nos iguala en rapidez de evaluación de riesgos repentinos. Tenemos una memoria bastante pobre, incluso entre gente formada. Disponemos sólo de la necesaria para conocer muy bien a nuestro grupo familiar y suficientemente a unas 150 personas, pero recordamos estupendamente narraciones, como las batallitas de los abuelos, o gestas, o cuentos de cazadores (somos genéticamente exagerados como ellos), que contienen mucho conocimiento tácito a aprovechar en situaciones similares.

La mala memoria se compensa con una sobresaliente capacidad de clasificación, para detectar “nosotros” y “ellos”, nuestro clan y otras tribus, es decir, para identificar quién puede traer peligro. Y somos muy competentes en lo que un cazador necesita: capacidad de reconocimiento de situaciones análogas (por eso el método del caso es dominante en educación para la dirección de empresas); planificación de la acción; cierta capacidad para despistar al competidor o engañar a la presa; flexibilidad táctica y orientación a la acción (en un entorno donde el no hacer era casi siempre más arriesgado que el hacer). También, como se estudia en cursos de negociación, nuestro sesgo es preferir un beneficio incierto a una pérdida cierta (en la Edad de Piedra las pérdidas ciertas eran con frecuencia mortales).Y una optimista creencia en nuestra intuición…casi siempre injustificada.

Aunque no estamos determinados a operar en nuestras organizaciones según estas predisposiciones, los ejecutivos deben ser conscientes de que pueden dominar en situaciones como cambio organizativo, crisis, lanzamiento de una nueva empresa, renovación de equipo directivo, fusiones y adquisiciones, etc., cuando el miedo, la protección de los nuestros, la excitación de la acción, liberan adrenalina y nos pueden retrotraer a comportamientos propios de nuestro origen. Precisamente en estas situaciones es donde más se necesita la lógica, la objetividad y el razonamiento pausado.

No deja de ser curioso que nuestra especie, tan intuitiva y emocional, se haya auto adjetivado, nada menos, como Sapiens Sapiens. Debe ser para indicar nuestra capacidad, al cuadrado, de exageración.

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