El año que redefinimos la política

Enrique Dans. Profesor. IE Business School

10 Enero 2012

Como a tantas otras actividades, a la política le ha llegado su redefinición. Necesita cambiar para adaptarse a la nueva realidad que tan bien encarnan el 15M o la primavera árabe.

Pocas semanas antes de que nos tomaramos las uvas, la prestigiosa revista Time designó a su Persona del Año 2011: el manifestante. Con su portada, el semanario reconoció la clarísima carta de naturaleza del rosario de eventos que van desde las protestas tunecinas que dieron origen a la llamada primavera árabe, hasta el movimiento Occupy, que llenó plazas en los Estados Unidos, pasando por Egipto, por Portugal, por un 15M español ampliamente representado, por Siria, Libia, Yemen, Atenas, Israel, Londres...

El mensaje es clarísimo: la historia, en muchas ocasiones, se construye en retrospectiva, porque hay eventos cuya verdadera importancia únicamente podemos comprender cuando miramos hacia atrás. Banalizar o minimizar las protestas es peligrosísimo, y completamente erróneo.

[*D Cuando una tecnología permite a miles de personas coordinar sus acciones y agrupar sus protestas, la política se ve necesariamente obligada a cambiar. *]

Cuando la adopción de una tecnología permite que miles de personas coordinen sus acciones, se auto-organicen y agrupen sus protestas por motivos que estiman justificados, la política se ve necesariamente obligada a cambiar para acomodar un nuevo concepto de sociedad. No implica necesariamente populismo, aunque la amenaza exista, sino un nuevo escenario en el que los representantes de los ciudadanos pasan a recibir un nuevo tipo de presión: la que les obliga a desempeñar esa función de manera inequívoca. Falla a tus ciudadanos, alinéate con intereses distintos a los suyos, y te arriesgarás a tenerlos en la calle, auto-organizados, exigiendo respuestas.

[*D Ahora, hay que gobernar con comunicación constante, sin secretismo, con transparencia, entendiendo que no hay decisiones impopulares, sino decisiones mal comunicadas. *]

En un contexto así, la vieja política responde con un “hay que gobernar”. Habrá que gobernar, sí, pero para los ciudadanos, no en su contra. Hay que gobernar con comunicación constante, sin secretismo, suministrando información de manera transparente, entendiendo que no hay decisiones impopulares, sino decisiones mal comunicadas.

Gobernar únicamente para unos pocos despreciando la voluntad de la mayoría de los ciudadanos se convierte en insostenible. Monitorizar adecuadamente las redes y el sentir social se vuelve una necesidad perentoria y lógica. Como a tantas otras actividades humanas, a la política le ha llegado su redefinición. Quien no lo entienda, tendrá problemas.

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