El contagio chino

Ignacio de la Torre. Profesor. IE Business School

30 Septiembre 2015

El terremoto que vive China tendrá devastadoras réplicas en muchas economías emergentes y, en cambio, apenas dañará a los países occidentales.

La bolsa china de Shanghái se había fundado a mediados del siglo XIX, fue cerrada tras la Segunda Guerra Mundial por los comunistas, para ser reabierta a mediados de los 90 con las reformas de Deng Xiao Ping.  Hoy, muchos comunistas chinos que compraron acciones en junio siguiendo la recomendación de su diario, el “People’s Daily”, estarán replanteándose si hubiera sido mejor dejarla cerrada.

Mi último artículo antes de vacaciones se llamaba “China: el final de la historia”. En él, defendía, no sólo cómo el PIB chino estaría creciendo por debajo de lo que indicaban las estadísticas oficiales (7%), sino cómo el país corría un importante riesgo de experimentar un “aterrizaje forzoso” debido a los enormes desequilibrios financieros e inmobiliarios acumulados los últimos años. Durante el verano, este explosivo cóctel ha hecho ignición, y hemos contemplado una severa desaceleración de la actividad económica, la aceleración de la salida de capitales, una devaluación sorpresa del yuan, y el hundimiento de la bolsa china, que ha perdido unos 5 billones (españoles) de dólares de valor.  

Con todo, el foco del análisis, en mi opinión, ha de virar desde establecer la magnitud de los daños en China, hasta calibrar sus consecuencias exteriores por el efecto contagio.  Éste se produce de varias formas.  Primero, la fuerte caída de las importaciones chinas daña a aquellas naciones que exportan sus bienes y servicios a China. Si estas ventas representan un porcentaje relevante del PIB, el daño puede ser alarmante. Segundo, la menor demanda china daña especialmente a los precios de las materias primas, por lo que si una economía depende de las mismas, afrontará años muy difíciles. Tercero, la devaluación del yuan hace más competitivas las exportaciones chinas, lo que puede desplazar las exportaciones de otros países menos competitivos. Y, cuarto, la crisis sube la aversión al riesgo, lo que provoca bruscos movimientos de capitales que perjudican a aquellos países con déficit de cuenta corriente, que tienen que responder subiendo tipos, reduciendo sus reservas o bien reduciendo su demanda agregada (lo que hunde el PIB).  

Siguiendo este análisis, se concluye rápidamente lo siguiente: que el efecto contagio dañará muy poco a los países occidentales y, sin embargo, será devastador para muchos emergentes. Los países occidentales, vía exportaciones, presentan una exposición a China en porcentaje del PIB minúscula (un 3%), se benefician en general de una caída de materias primas y, además, las fugas de capitales suelen favorecerles, al venderse países “arriesgados” y repatriar los fondos hacia países “seguros”, fenómeno que explica la fortaleza del euro.

Los países emergentes, en cambio, están en el punto de mira. Por un lado, muchas economías presentan una exposición a China mucho más relevante (especialmente los países del África negra y los del sudeste asiático). Por otro, muchos emergentes no han utilizado los años de bonanza en materias primas para diversificarse, por lo que, al afrontar un superciclo bajista de precios, están condenados a una crisis económica profunda (Rusia, Sudáfrica, muchos países de Iberoamérica).  Por último, los emergentes con malos fundamentales por los factores expuestos, y que además presentan déficit de cuenta corriente (necesitan capital extranjero para sostener su nivel de consumo e inversión), experimentan fuertes fugas de capital, que ya podría alcanzar el billón de dólares durante el último año. Además, si las compañías de un país así se han endeudado en divisas fuertes, las depreciaciones de sus divisas pueden provocar la imposibilidad de hacer frente a dichas deudas, lo que podría ser la génesis de una crisis bancaria, que puede acabar suponiendo otra soberana, como bien sabemos en España.  Turquía, Brasil, Indonesia, Colombia, Sudáfrica y Perú están en el punto de mira.

En mi opinión las consecuencias para muchos emergentes de esta trilogía de amenazas pueden ser formidables, y no descarto que algún país emergente quiebre. En cualquier caso, observo una tendencia clara de aquí hasta 2020: serán años en los que el diferencial de crecimiento entre emergentes y desarrollados se estrechará a mínimos.

Aquellos numerosos gurús que han estado augurando un mundo dominado por los BRICs y en el que un decadente occidente ya apenas contaba tendrán que esconderse en sus madrigueras.

Último vídeo

Martha Thorne valora el fallo del Premio Pritzker 2017

See video
Síguenos en
IE Focus Newsletter
Agenda IE
Most read
IE Business School | María de Molina 11, 28006 Madrid | Tel. +34 91 568 96 00 | e-mail: info@ie.edu

Contacto

IE Business School

María de Molina, 11. 28006 Madrid

Tel. +34 915 689 600

info@ie.edu