El empleo como objetivo

José María Fidalgo. Profesor. IE Business School

4 Enero 2011

La lacra del paro ha arrastrado hasta la desesperación a muchas familias que necesitan, para luchar por un futuro mejor, un plan de país basado en el impulso de las medianas empresas y en el valor añadido.

La gente comienza a estar asustada. Las personas que han perdido su empleo están atemorizadas porque no ven futuro; aquellos que forman parte de una familia donde nadie trabaja están desesperados; y los cientos de miles de chicos y chicas que con su titulación universitaria vuelven a casa para seguir enviando curricula son seres humanos esforzados y frustrados, porque estudiaron para algo que no sirve para emplearse.

Ninguno de ellos escucha en el debate agriado por la pelea por el poder nada que les concilie con las élites políticas, nada que les avise de que “están pensando en mí”. Si no provocasen desempleo, las crisis económicas, para la mayoría de la población, para la gente que no tiene más riqueza que su salario, pasarían bastante inadvertidas.

[*D Hace falta un plan de país que reactive a las empresas medianas, las únicas que pueden absorber la inyección de tecnología e innovación y hacer crecer en simultaneo la productividad y la competitividad. *]

Cuando en nuestro país reventó la burbuja inmobiliaria, cuando cayó bruscamente el empleo y creció el endeudamiento del sector público, de las empresas y de las familias, y las dañadas instituciones financieras cerraron el grifo del crédito a las compañías y siguió cayendo el empleo, la gente que había creído que, con el apoyo a los bancos por parte de las autoridades, éstos ya tenían recursos para el crédito, esa gente se sumó al desaliento y así sucesivamente.

Hace falta un plan de país liderado por el Estado y la sociedad civil más comprometida con el futuro que con el presente. Y debería estar en marcha. El sector público no da más de sí. Es más, si no quiere que perezcamos bajo el peso de los intereses de la deuda, tiene que autolimitarse firmemente en el gasto. Pero tiene que hacer algo más.

[*D Si en diez años no hemos cambiado nuestro modelo económico, los países emergentes -pobres, jóvenes, productivos y prolíficos- enviarán al furgón de cola a los Estados satisfechos, viejos ricos e improductivos. *]

Tiene que apostar por reactivar un segmento del tejido empresarial: el de empresas de tamaño medio, que son las únicas que pueden absorber la inyección de tecnología e innovación y las únicas que, por su tamaño, entre doscientos y mil trabajadores, pueden hacer crecer en simultaneo la productividad y la competitividad. Son las que ahora pueden aspirar a ir al sector exterior y aliviar nuestra penosa balanza comercial y crear procesos de producción de bienes y servicios de mucho valor añadido, generando un ecosistema empresarial que se vaya ampliando en su tamaño y vigor.

Hay diez mil empresas de ese tamaño, de las cuales necesitaríamos que unas tres mil sobrevivieran vigorosas para que dentro de diez años lograran ocupar al veinte por ciento de la población ocupada en la red que ellas mismas generaran con su actividad basada en la cualificación de sus trabajadores, en la externalización de actividades no centrales en la escala del valor, y en colocar en el sector exterior la mitad de su producción.

Para ello, sólo para ello, merecería la pena crear un marco inteligente y generoso de apoyo técnico e institucional. Con expertos y autoridades que indicaran cuáles, cómo y cuándo. Con una inteligente y generosa dotación de recursos para que el riesgo fuera recompensado y los fracasos no encontraran a los arriesgados desprotegidos, y con decisión de ayudar a regenerar no sólo lo dañado por la crisis, sino de no basar otra vez el futuro en endebles y débiles proyectos de vuelo bajo.

Eso sería el objetivo de país al que subordinar otras premuras y dar sentido a la predicada austeridad y a los reclamados sacrificios. Esto es pensar en el trabajo del futuro y en la economía basada en la producción y en el trabajo, y no en la especulación y en la rueda de la fortuna. Esto sería la auténtica señal, emitida hacia dentro y hacia fuera, de que nosotros también podemos.
Si dentro de diez años no hemos hecho al menos esto, la demografía y el nuevo reparto de la riqueza del planeta que dibuja el crecimiento de los llamados emergentes, pobres, jóvenes, productivos y prolíficos, a los satisfechos, viejos ricos, improductivos y no prolíficos precisamente nos relegará al furgón de cola, donde habremos perdido nuestro bienestar, nuestro capital humano más cualificado y, probablemente nuestra libertad.

[*D Europa necesita de un proyecto que nos haga imaginarnos algo más que una unión de consumidores, porque, lo de ahora, no tiene para mucha gente ningún sentido. *]

Europa necesita de un proyecto que nos haga imaginarnos algo más que una unión de consumidores. España necesita que su gente se vea como ganadores de un futuro mejor que están jugándoselo en un duro partido en el que están “sudando la camiseta” y, para ello, Europa necesita liderar claro y sin complejos; y España necesita liderazgo interno y externo, no apocado, sino resueltamente empeñado en el futuro.

Porque ,“lo de ahora” no tiene para mucha gente ningún sentido, y por ello se está produciendo una fuerte deslegitimación de todas nuestras instituciones, no sólo las llamadas políticas, y eso es otro grave inconveniente para que la gente reme duramente. Ya nos dijeron que si la gente no ve un futuro medianamente viable nunca querrá pagar los “costes de la transición”, porque no entenderá hacia dónde transita.

Último vídeo

Martha Thorne valora el fallo del Premio Pritzker 2017

See video
Síguenos en
IE Focus Newsletter
Agenda IE
Most read
IE Business School | María de Molina 11, 28006 Madrid | Tel. +34 91 568 96 00 | e-mail: info@ie.edu

Contacto

IE Business School

María de Molina, 11. 28006 Madrid

Tel. +34 915 689 600

info@ie.edu