<B>El Espejo Contable</B>

Ramón Gurriarán

13 Diciembre 2002

La contabilidad ha vuelto a recuperar el protagonismo perdido a la luz de lo ocurrido en el mundo empresarial en los últimos meses. Las empresas tienen que hacer el esfuerzo de aproximar la información contable a la realidad ya que, la información de calidad es el principal activo de los mercados financieros y el camino para recuperar la confianza de los inversores.

Los últimos meses han sido especialmente fructíferos en noticias referidas a una disciplina muy antigua que, había sido despreciada o, al menos, ignorada en años recientes. Hablamos de la contabilidad que los últimos acontecimientos han vuelto a convertir en noticia.

Uno de los casos más recientes y cercanos es el relativo a las pérdidas reconocidas por Telefónica en el primer semestre del año 2002. Números rojos ocasionados por las fuertes provisiones efectuadas sobre el valor de algunos activos, como las licencias de UMTS, o la depreciación de activos derivados de la crisis latinoamericana. Este tipo de anotaciones son una práctica habitual en las empresas, lo sorprendente en este caso es lo abultado de las pérdidas, cifradas en 5.574 millones de euros.

Pero más allá de las cifras, merece la pena detenerse en el significado de esta operación contable y establecer el necesario paralelismo que debe existir entre contabilidad y realidad. Es más, la contabilidad ha de ser siempre el espejo de la realidad empresarial. Retrocedamos al año 2000, momento en que Telefónica, junto a otras operadoras, decide hacer un esfuerzo inversor ante las enormes expectativas que abría la telefonía móvil de tercera generación o UMTS.

Desde el punto de vista contable, las inversiones efectuadas tanto para la adquisición de las licencias, como para su posterior desarrollo son consideradas como un activo que debe figurar en el balance. Pero no hay que olvidar que, la diferencia entre inversión y gasto no depende del importe, y sí de la capacidad futura de generar recursos. En su momento, el UMTS parecía abrir múltiples oportunidades de negocio que permitirían generar ingresos de manera recurrente en el futuro. Era lógico, por tanto, que el importe pagado por dichas licencias figurase en el balance de las empresas.

[*D La contabilidad ha de ser siempre el espejo de la realidad empresarial *]
Ahora bien, el valor de un activo no tiene por que ser indefinido en el tiempo. Es más, lo más habitual es que los activos vayan perdiendo valor a lo largo de su vida (obsolescencia tecnológica o física, por ejemplo) reconociendo dicha pérdida como gasto. De modo que, las cuentas de resultados de las empresas van reflejando la pérdida de valor de sus activos como un gasto, a través de lo que se conoce como amortización contable, que no es más que una mera anotación sin salida de tesorería.

Los problemas aparecen cuando los activos no generan recursos o existen dudas sobre su capacidad para generarlos. Desde el punto de vista contable lo correcto en tal caso, es reconocer la situación, minorando el valor del activo con el consiguiente reflejo como gasto en la cuenta de resultados. Técnicamente no es una amortización (pérdida de valor sistemática) pero tiene su impacto en la cuenta de resultados como en el caso que hemos visto de Telefónica. De nuevo, esta opción contable no ha supuesto una salida de tesorería. Entonces, ¿qué implicaciones tiene para la salud financiera de una empresa?

Es evidente que en el tiempo transcurrdio entre la adquisición de las licencias y el reconocimiento contable de su menor valor, Telefónica ha comprometido unos recursos que parece tienen difícil recuperación. Esta realidad no cambia por el hecho de que Telefónica haga un reconocimiento contable. Por mucho que se esfuerce cualquier directivo, la contabilidad no modificará nunca la realidad.

No obstante, resulta saludable y gratificante que, tras los últimos acontecimientos, una empresa como Telefónica haya hecho el esfuerzo de aproximar la información contable a la realidad. Tal vez así, caeremos en la cuenta de la importancia que tiene la información financiera como garantía en la toma de decisiones. La información de calidad es el principal activo de los mercados financieros, y ahora vivimos una época en la cual este activo, hablando contablemente, está provisionado y hay dudas sobre él. Ojalá que decisiones como la de Telefónica ayuden a recuperar su valor y con él la confianza de los inversores.

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