El factor ´guay´

Pablo Triana. Profesor. IE Business School

6 Febrero 2008

Aunque el caos actual de los mercados recuerda a pasadas y fallidas modas inversoras, hay una diferencia: los hedge funds y derivados de crédito tienen desarrollos positivos para los mercados financieros y la economía.

En los últimos meses nos han rodeado los titulares del tipo “Los retornos de los hedge funds decepcionan”, “Colapso de los hedge funds”, “Problemas con los CDOs”, “Pérdidas en CDOs”. Permítanme que, nostálgicamente, me sienta como si fuese 1989 (cuando era un adolescente algo alocado) o el año 2000 (cuando era un estudiante de postgrado que deseaba seguir siguiendo un adolescente algo alocado). En aquellos días, al igual que hoy, inversiones que aparecían como indudablemente guays de repente se transformaron en una ruta hacia la miseria. Los activos que había que poseer como fuese (bonos basura y punto.com, respectivamente) se convirtieron en una trampa mortal para muchos que, ciegamente, obedecieron a los dictados de la moda. Al intentar desesperadamente ser parte de la gente guay, esos inversores acabaron pagando un precio muy alto.

Los hedge funds y los derivados de crédito simbolizan las inversiones de moda que resultaron (parcialmente) desastrosas de nuestros días. El destino moderno y chic para tu dinero. Imposibles de evitar para aquellos que no quisiesen ser señalados como atrasados y fuera de onda. En los últimos años, el ambiente reinante parece haber sido uno de exaltación gloriosa de aquellos, con suficiente visión como para trasladar millones hacia los fondos y estructuras financieras cada vez más complejas, y de ridiculización sin límites de aquellos que inexcusablemente no se abrazaron a las nuevas tendencias. No muy diferente a los días de los bonos basura y las punto.com. Al igual que una jovencita es publicitada a no sentirse guay si no compra en Zara o Prada, los inversores han sido publicitados a sentirse desesperadamente fuera de onda salvo que tuviesen posiciones en hedge funds y CDOs.

[*D El ambiente reinante en los últimos tiempos con los hedge funds recuerda mucho a los días vividos en el pasado con los bonos basura y las punto.com *]

La genialidad más reciente de la industria financiera ha sido convencer a los fondos de pensiones, gestores de carteras, compañías de seguros, fondos soberanos, fondos de universidades, patrimonios privados, e incluso inversores de a pie, de que no invertir en hedge funds y derivados de crédito supondría perderse el tren de la popularidad y la abundancia, señalarse a sí mismo como alguien sin la sabiduría y el valor suficientes como para agarrarse a una oportunidad única. Ciertamente poco guay.

Por supuesto, a veces tener mucho éxito en una campaña de marketing acaba causando penurias, tanto a los consumidores como, paradójicamente, a los propios vendedores. Aquellos que pusieron excesiva fe en el evangelio de los bonos basura de Michael Milken o en las posibilidades de vender comida para animales a través de Internet probablemente acabaron poco satisfechos. Y se puede argumentar que aquellos que publicitaban los bonos de alto rendimiento y las punto.com pagaron por su rebosante entusiasmo (y exitosa capacidad de engatusamiento), dado que la insaciable demanda generada llevó a un deterioro sin freno en la calidad de la oferta, lo cual indudablemente facilitó el desastre eventual.

[*D La genialidad más reciente de la industria financiera ha sido convencer al mercado de que no invertir en hedge funds y derivados suponía perder el tren de la abundancia *]

Muchos de los inversores en busca de la moda de nuestros días probablemente sienten que ellos también sucumbieron demasiado fácilmente y demasiado intensivamente a los cantos de sirena provenientes de los hedge funds y los dealers de derivados de crédito. Un cierto rechazo hacia estas inversiones alternativas es de esperar en el futuro cercano. Los hedge funds y los CDOs ya no serán tan guays. Pero, al contrario que los bonos basura de la década de los 80 y las punto.com de los 90, un baño de sangre indiscriminado no es probable. Lejos de estar aproximándose a su casi extinción, los hedge funds y los derivados de crédito continuarán siendo parte establecida del paisaje financiero. ¿Por qué? Sencillamente, por que son inventos bastante útiles que juegan un papel en conjunto positivo.

[*D Es de esperar un cierto rechazo hacia estas inversiones alternativas. Los hedge funds y los CDOs ya no serán tan guays, pero tampoco habrá un baño de sangre. *]

Si la burbuja de los bonos basura sobre todo ayudó a que bucaneros enloquecidos apalancasen a las compañías hacia el desastre, y la burbuja de Internet sobre todo ayudó a que negocios inservibles le quitasen los ahorros a las abuelitas, la última moda de inversión ha generado un legado más bienvenido. Al popularizar los hedge funds y los derivados de crédito, y por tanto hacerlos más aceptables, la coyuntura actual ha aportado valor. Tanto la muy necesaria liquidez de mercado aportada por los primeros como las posibilidades de distribuir eficientemente los riesgos prestatarios de los bancos aportadas por los segundos, son desarrollos extremadamente beneficiosos para la economía en general.

Los últimos años serán recordados como una época en la cual, de nuevo, la industria financiera tuvo un éxito extraordinario a la hora de hipnotizar a los inversores hacia los activos guays, muchos de las cuales inevitablemente acabaron mal. Pero en esta ocasión la historia contiene una clarificación crucial: los productos publicitados son, de hecho, invenciones altamente útiles.

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