El imperfecto mercado de la música

Enrique Dans. Profesor. IE Business School

2 Marzo 2010

Las barreras de entrada que durante décadas ha tenido el negocio de la música le han convertido en el mercado imperfecto por antonomasia. La red puede corregirlo y por eso se intenta bloquearla.

Un mercado imperfecto es aquel en el que las condiciones de oferta o demanda se encuentran condicionadas o alteradas de alguna manera que impide su normal evolución. En muchos casos, los mercados imperfectos lo son debido a condiciones de monopolio, situaciones de exclusividad, obstáculos de diversos tipos, situaciones de bloqueo, etc. que responden a una amplia multiplicidad de razones, y que suelen llevar a la generación de ineficiencias.

Un caso de libro es el mercado de la música. Durante muchos años, la oferta estuvo condicionada por la labor de "selección" que las discográficas, un sector oligopólico, ejercían sobre el talento. Podías ser un genio, tener una propuesta original e interesante, sonar fantásticamente bien... pero si no lograbas pasar el filtro de la discográfica en cuestión, el acceso al mercado estaba prácticamente vedado.

[*D Un caso de libro de mercado imperfecto es el de la música, donde la oferta estuvo condicionada, durante año, por la labor de "selección" que las discográficas, un sector oligopólico, ejercían sobre el talento. *]

El filtro podía depender del estado de ánimo de aquel que escuchaba tu maqueta, de los padrinos que tuvieses, de criterios comerciales de diversos tipos, o incluso de lo que estuvieses dispuesto a hacer a cambio de pasar ese primer corte en la selección. Pero, en caso de no superarlo, las posibilidades eran sumamente escasas: la capacidad de autoproducción era muy reducida, la de distribución era prácticamente nula, y la de promoción, una entelequia: la demanda también estaba controlada y manipulada a través del acceso a los medios de comunicación.

La red cambió todo eso. Para un intérprete o grupo, poner su música a disposición del mundo es cuestión de un poco de esfuerzo en una autoproducción al alcance de cualquiera (aunque las discográficas levanten la nariz y digan "eso no suena como lo mío"), de un par de clics para subirlo a diversos sitios en la red, y de unos pocos más para dinamizarlo socialmente y ver la respuesta de manera inmediata. La distribución es innecesaria, y la promoción recurre a esquemas sociales al alcance de cualquiera.

[*D La red cambió todo eso. Para un intérprete, poner su música a disposición del mundo es cuestión de un poco de esfuerzo en autoproducción, un par de clics para subirlo a diversos sitios en la red, dinamizarlo socialmente y ver la respuesta de manera inmediata. *]

A nadie se le escapa que el nuevo sistema proporciona muchas más oportunidades a muchos más participantes, retira intermediarios, genera un reparto del margen más justo, y favorece el desarrollo de un mercado eficiente.

Pero vamos al siguiente escalón: ¿qué ocurre con la gestión de los derechos? En España, la sociedad que gestiona los derechos de autor es un monopolio de facto, que condiciona un mercado enormemente injusto y carente de transparencia: con un reparto de beneficios oscuro, derechos de voto torticeramente asignados, y con un estatus extrañamente a caballo entre lo público y lo privado, entre la ausencia de ánimo de lucro y el enriquecimiento a través de sociedades vinculadas, adquisición de locales en condiciones ventajosas, o espectaculares donaciones de patrimonio inmobiliario. El control del mercado es total: pasar por ellos es una obligación. Incluso si un autor quiere regalar su música, tiene que hablar con ellos.

[*D En España, la sociedad que gestiona los derechos de autor es un monopolio de facto. Su control del mercado es total: pasar por ellos es una obligación. Incluso si un autor quiere regalar su música, tiene que hablar con ellos. *]

La salida a mercados exteriores representa una extrema complejidad: vender fuera del país es una auténtica aventura, que implica diferentes condiciones en cada país, y que resulta en una clara barrera de cara al establecimiento de un mercado europeo. Los intentos de la Comisión Europea por generar un mercado competitivo se han encontrado con las denuncias de las correspondientes sociedades de cada país, primeras interesadas en mantener la ineficiencia de sus mercados.

En estas cuestiones, España es ejemplar. Su sociedad de gestión de derechos de autor es la envidia de todo el mundo: sus relaciones y cercanía con el poder le permiten ejercer una influencia omnímoda. ¿Queremos un canon? Lo pedimos, y ya está. Si no sale a la primera, sacamos a los artistas a la calle. Mientras en mercados como Reino Unido hemos podido ver recientes y repetidos descensos de los porcentajes devengados en concepto de derechos de autor con el fin de posibilitar modelos de negocio emergentes, en España vamos en la dirección contraria.

[*D Los intentos de la Comisión Europea por generar un mercado competitivo se han encontrado con las denuncias de las sociedades de cada país, primeras interesadas en mantener las ineficiencias. *]

Eso, y no otra cosa, es lo que el Gobierno pretende proteger con la disposición final del anteproyecto de ley de economía sostenible. El enésimo ejemplo de la llegada de las sociedades de derechos de autor al Gobierno. No se trata de proteger la cultura, ni la creación, ni los derechos de autor: se trata de proteger un mercado imperfecto del que unos pocos se aprovechan como auténticos maestros. No hay nada más.

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