<B>El liderazgo político, a prueba en la asamblea de la ONU</B>

Santiago Íñiguez de Onzoño. Decano. Instituto de Empresa

19 Octubre 2005

El 60ª aniversario de las Naciones Unidas ha supuesto una oportunidad para plantear y redefinir los perfiles de liderazgo del futuro, en un momento, en que, a decir de la mayoría de analistas nos encontramos con una crisis de liderazgo generalizada que afecta tanto a representantes nacionales como internacionales.

Nueva York acogió el pasado mes de septiembre la 60ª Asamblea General de la ONU, el evento internacional que reúne al mayor número de jefes de estado y primeros ministros. Es una ocasión que los analistas aprovechan para evaluar el liderazgo de los participantes y el alcance de sus visiones y proyectos. A este respecto, en artículos recientes se ha advertido una crisis de liderazgo generalizada, que afecta tanto a representantes nacionales como internacionales, incluida la propia Secretaría General de la ONU. Entre los primeros ministros, quizás el que acude con un liderazgo más fortalecido sea Koizumi, tras las elecciones en Japón. Sin embargo, los dos anfitriones del encuentro, el Secretario Annan y el Presidente Bush, con estilos de liderazgo más similares de lo aparente, llegan con índices de popularidad maltrechos. La aplicación de los modelos de liderazgo empresarial en este contexto nos permite predecir algunos resultados potenciales de esta cumbre.

[*D Se ha advertido una crisis de liderazgo generalizada, que afecta tanto a representantes nacionales como internacionales *]

El Presidente norteamericano se encuentra en su peor momento de popularidad, resultado fundamentalmente de la gestión posterior al huracán Katrina. Esta crisis le ha llevado a programar una de las semanas más intensas de su mandato, conjugando múltiples encuentros diplomáticos con frecuentes visitas a las zonas afectadas. Bush ha justificado esta hiperactividad diciendo que es “capaz de hacer más de una cosa al mismo tiempo”, algo que ha surtido un importante efecto. Su aceptación explícita de responsabilidades y su omnipresencia mediática han llevado al 58% de los norteamericanos, según CNN, a opinar que la respuesta del Presidente a la crisis ha mejorado en los últimos días. Bush tiene un estilo de liderazgo característicamente pasivo, con sus ventajas y desventajas, y la necesidad de fortalecer su imagen doméstica en los próximos días le llevará, previsiblemente, a bloquear cualquier iniciativa que pueda interpretarse como concesión. Es probable que no se aprueben programas internacionales que impliquen fuertes inversiones y los acuerdos que se promuevan tenderán a consolidar la ascendencia norteamericana en el ámbito internacional. Esta estrategia, unida a la capacidad de Bush de transmitir autenticidad en sus comparecencias, reestablecerán progresivamente su popularidad interna.

Por su parte, Kofi Annan se encuentra ante una encrucijada que le llevará, posiblemente, a adoptar un liderazgo más activo. Un modelo de liderazgo genérico para los directivos de instituciones multilaterales, como la Secretaría General de la ONU, podría ser el que inspiró la creación de la Unión Europea. Mark Leonard, en su reciente libro “Por qué Europa liderará el siglo XXI”, explica cómo Jean Monnet, la figura clave del movimiento paneuropeo, fue un funcionario con poco carisma, con un perfil muy distinto de héroes europeos de la Segunda Guerra Mundial como Churchill o De Gaulle. Sin embargo, con su particular estilo de liderazgo activo, desempeñó un papel decisivo en la construcción europea.

[*D Kofi Annan se encuentra ante una encrucijada que le llevará, posiblemente, a adoptar un liderazgo más activo *]

La gran visión de Monnet fue entender que una comunidad de naciones diversa y con intereses concurrentes y simultáneamente divergentes, no podía construirse de una vez, de acuerdo con un plan general, sino a través de realizaciones concretas que crearan una solidaridad de hecho entre los miembros. Su visión consistía, paradójicamente, en evitar adoptar una gran visión. El pragmatismo y la idea del cambio gradual y progresivo fueron decisivos para el éxito del proyecto, abordando sucesivamente etapas que iban completando nuevas esferas de integración y cooperación, hasta llegar al fenómeno único de la Unión Europea actual.

Posiblemente, el liderazgo que se precisa al frente de la ONU sea parecido al que ejerció Monnet. Un liderazgo activo que impulse proyectos multiculturales y diversos, en los que se pone a prueba la mano invisible que integra a países que compiten y cooperan a la vez. Descartada la reforma institucional de la ONU, por la anticipada oposición de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, la propuesta de la “Alianza de Civilizaciones”, que el Presidente Rodríguez Zapatero reformula en esta cumbre, adquiere especial significado y representa una de las posibles bazas para Annan. En primer lugar, porque la propuesta enfatiza la importancia del respeto al Derecho Internacional. También porque identifica áreas concretas de desarrollo, por ejemplo en los terrenos de la cooperación cultural y la educación, de manera parecida al engranaje gradual que ha caracterizado la construcción europea. El proyecto arroja, sin embargo, dudas al menos sobre dos aspectos que convendría clarificar. Por un lado, el discurso sobre “alianza de civilizaciones” presupone la existencia de un choque entre las mismas, en línea con la tesis de S. Huntington, cuestionada, entre otros, por distintas instancias de la ONU. Por otro lado, la clave es cómo se configuran las civilizaciones que concurren a este proyecto. Nada suple la legítima representación de instituciones democráticas. El único sujeto de derechos, en sentido propio, es el individuo, no las civilizaciones, ni las etnias, ni los colectivos.

Sin duda, el aniversario de Naciones Unidas puede suponer una excelente oportunidad para identificar, replantear y reformar los futuros perfiles de liderazgo de nuestros representantes políticos.

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