El necesario cambio de modelo productivo en España

Rafael Pampillón. Profesor. IE Business School

5 Octubre 2010

La recuperación económica mundial permitirá a España salir antes de la crisis, pero, para evitar males mayores en el futuro, necesita acompañar a este impulso de un cambio de modelo.

El producto interior bruto (PIB) mundial crecerá por encima del 3% en 2010 y lo mismo ocurrirá en 2011. Pero este crecimiento no va a ser igual en todos los países ni en todas las regiones del mundo, ya que cada zona está saliendo de la crisis económica de formas y con ritmos diferentes.

Así, mientras el Banco Mundial cree que la Eurozona crecerá este año un 1,5%, y un 2% en 2011, el resto del mundo avanzará a ritmos bastante superiores. Asia seguirá siendo, junto con Estados Unidos y América Latina, el motor del crecimiento del mundo, con aumentos del PIB de 8% en 2010 y en 2011.

En cambio, las economías del sur de Europa, entre las que se encuentra España tendrán una recuperación en L y parece que estarán estancadas durante varios años. De hecho hay dos países, Italia y Portugal, que llevan 10 años con crecimientos anuales muy bajos o negativos.

En España la política monetaria expansiva del Banco Central Europeo está siendo inefectiva (tal como ha ocurrido en Japón durante los últimos 20 años) y la política fiscal en 2010 y 2011 será menos expansiva que en 2009, pero conseguirá reducir poco a poco los déficits fiscales. Sin embargo, seguirá aumentando el ratio de deuda pública sobre PIB, debido a que la deuda, aunque crecerá menos, lo hará más que el PIB.

La falta de reformas económicas profundas, la necesidad de financiación exterior, el elevado nivel de desempleo, el comportamiento irresponsable de los sindicatos y la falta de competitividad de las exportaciones agravarán considerablemente la situación, por lo que se podrán producir desordenes sociales (huelgas generales y otros movimientos de protesta), tal como desgraciadamente ha ocurrido en Grecia durante 2010.

El crédito seguirá sin fluir por el deterioro de las expectativas y muchas cajas de ahorro serán privatizadas, fusionadas o intervenidas. La economía española entrará en un largo proceso de redefinición de modelo económico, el elevado endeudamiento de las familias retrasará las decisiones de consumo y entraremos en un periodo de stop and go donde cada vez es menor el margen de maniobra para la política económica.

[*D España necesita construir una nueva estructura económica centrada en sectores o empresas que exportan y también las que ya compiten con importaciones dentro de nuestro país. *]

De ahí que la crisis económica que desgraciadamente sufre España exija un esfuerzo colectivo para cambiar de modelo económico. Este cambio consiste en pasar de un aparato productivo como el actual, centrado en sectores no afectados por la competencia internacional, como son algunos servicios y la construcción, hacia otra estructura económica dirigida a producir bienes y servicios más competitivos, es decir, que tengan más peso los sectores o empresas que exportan y también las que ya compiten con importaciones dentro de nuestro país.

Este cambio no es algo novedoso. En los últimos 50 años las empresas y la economía española han ido adaptándose con más o menos éxito a la exigente competencia internacional que ha venido marcada por el fenómeno de la globalización. El inicio de este proceso de apertura al exterior arranca en el año 1959, cuando, después de casi cien años de proteccionismo, se decidió poner en marcha, a través del Plan de Estabilización, un proceso de liberalización de sus relaciones comerciales y financieras con el exterior.

Comenzó así la apertura de la economía española a la economía mundial y especialmente a la europea. El saldo de haber optado por un modelo económico abierto (1959-2009) frente a la autarquía (1939-1958) ha sido muy positivo. En los cincuenta años transcurridos el nivel de vida de los españoles ha mejorado de forma espectacular, acercándose mucho a los niveles europeos.

Pero, pese al esfuerzo liberalizador de los últimos 50 años, la economía española se ha instalado, desde el año 2007, en una crisis económica que tiene difícil salida. El origen de esta crisis se puede encontrar en el modelo productivo basado en la industria y los servicios de baja productividad y en el sector de la construcción, que al reducir ahora su actividad han generado un fuerte desempleo.

[*D El verdadero reto que tiene por delante nuestra economía consiste en mejorar la estructura productiva y competitiva para aumentar las exportaciones y la inversión en el exterior. *]

En esta circunstancia crítica en las que se encuentra la economía española, la posibilidad de cambiar de modelo económico dependerá de nuestra capacidad de resolver los problemas del sistema financiero y flexibilizar nuestra economía y nuestro mercado de trabajo, a la vez que se incrementa el capital humano y tecnológico. Se trata pues de mejorar la estructura productiva y competitiva para aumentar así las exportaciones y la inversión española en el exterior.

Nadie sabe cuáles serán los sectores de futuro, pero no debemos olvidar que España es muy competitiva en el sector servicios. La mayor parte de la inversión española en el exterior no está en el sector manufacturero (aunque algunas hay), sino en los sectores bancario, distribución, ingeniería, gestión y construcción de infraestructuras, hoteles, producción y distribución de energía, energías renovables, seguros, telefonía, etc.

En este contexto, la política macroeconómica creíble, estable, ortodoxa y bien definida sigue siendo necesaria para que España pueda salir de la crisis. La seguridad jurídica y la confianza en el gobierno son factores necesarios para que se produzca el cambio de modelo, es decir, para atraer capital extranjero, aumentar la formación de capital nacional, crear empresas competitivas e incentivar las exportaciones. De ahí que el Gobierno deba seguir aplicando políticas de liberalización de los mercados que puedan proporcionar los signos adecuados que incentiven al sector privado a que emprenda nuevas inversiones, tome decisiones de producción y genere creación de empleo.

Parece aconsejable, además, que los encargados de la política fiscal se decidan a reducir el gasto público por los siguientes motivos: a) El tamaño de las administraciones públicas en España es muy notable, de modo que se vuelve cada vez más ineficiente. b) Hay motivos para pensar que una devolución a la sociedad civil de una parte del Estado del Bienestar mejoraría la oferta de servicios colectivos y aumentaría el interés de la población por los mismos, sin perder ninguno de los escasos aspectos redistributivos del suministro de servicios públicos. c) La reducción del gasto va a permitir poner a disposición del capital privado (efecto crowding in) más recursos para inversión productiva y crear así nuevos puestos de trabajo.

Sin duda, la economía española está en una situación de enorme debilidad, de ahí que parece que ahora es más necesario que nunca estimular de forma activa el consumo privado. En circunstancias como las actuales, de incertidumbre y de deterioro económico, el Gobierno debería haber evitado subir los impuestos y, en cambio, debería haber reducido más el gasto público, porque la subida del IVA va a actuar negativamente sobre el consumo.
Pero, dentro de toda esta oscuridad, la economía española tiene una luz en la recuperación económica mundial. Al igual que las bacterias y los virus se transmiten entre los seres humanos, las crisis y las recuperaciones económicas también se transmiten entre los países. Así, la Europa central y del norte, Estados Unidos y el resto del mundo pueden contagiar positivamente a España lo que le permitiría salir antes de la crisis.

[*D Al igual que los virus se transmiten entre los seres humanos, las crisis y las recuperaciones económicas se transmiten entre los países, lo que permitiría a España salir antes de la crisis. *]

Sin embargo, sería deseable que este efecto contagio fuera acompañado de un nuevo modelo económico, más abierto al exterior. La solución a nuestros problemas no está en proteger nuestra economía frente a la competencia exterior, sino en aumentar la cantidad y calidad de nuestra oferta exportadora. En este sentido, y a pesar de todos sus efectos negativos, la subida del IVA va a reducir el déficit comercial que buena falta hace. Efectivamente mientras las exportaciones no pagan el IVA en España (lo pagan en el país de destino), las importaciones con la subida van a pagar un IVA mayor. Por tanto las importaciones se encarecerán.

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