El ordenador de 28 euros

Enrique Dans. Profesor. IE Business School

24 Enero 2013

Una fundación británica ha diseñado un ordenador de coste tan bajo que abre la puerta a que cualquiera experimente con él sin miedo.

La mejor sorpresa tecnológica del año, desde mi punto de vista, es el Raspberry Pi. Si no ha oído hablar del tema, investíguelo: merece la pena. Una fundación británica sin ánimo de lucro ha diseñado un ordenador para reducir drásticamente las barreras al aprendizaje de la computación, pensando en escuelas y niños. Pero está teniendo un recorrido muchísimo más amplio.

La configuración es digna de verse: un procesador ARM razonablemente potente, 512 MB de RAM, y sistema operativo en una tarjeta de memoria. Todo el conjunto cabe en una cajetilla de tabaco, y llega listo para enchufarle teclado y ratón, un cable HDMI a la televisión o a un monitor, y conectarlo a un cargador de móvil. Se enciende simplemente enchufándolo, se apaga desenchufándolo. Así de sencillo. En la configuración que trae de fábrica, el arranque da lugar a un interfaz gráfico totalmente sencillo, en el que todo está a un clic de ratón.

¿Dónde está la gracia del tema? Básicamente, en que al costar únicamente veintiocho euros, cualquiera se atreve a experimentar con él. A jugar a cosas. A conectar varios para construir un ordenador más potente. A convertirlo en media center conectado a la televisión. A conectarlo a una placa Arduino, paradigma del llamado “hardware abierto”, y hacer que controle cualquier objeto electrónico interactivo. O a enseñar a programar a un niño, con el lenguaje Scratch del MIT, Kids Ruby o similares. Y para todo ello, páginas y páginas en la red creadas por usuarios dedicadas al tema.

Con ese precio, la percepción de riesgo es tan sumamente baja que se abre la puerta a la experimentación. Con su ordenador de sobremesa o con su portátil, la mayoría de los usuarios prefiere ser eso, un simple usuario. Con un Raspberry Pi, los límites a la experimentación se difuminan, y tomar un papel activo no cuesta tanto. Jugar. Y eso es, precisamente, lo interesante del tema.

 

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