El pecado venial de los regalos

Rafael Puyol. Vicepresidente. Fundación IE

4 Noviembre 2009

El regalo, interesado o agradecido, siempre ha existido y siempre existirá. Por eso, y para evitar susceptibilidades, recomiendo seguir haciéndolos en forma de cultura, por ejemplo, con un libro.

Hace ya unos cuantos años, cuando iniciaba mis primeras experiencias docentes, tuve un alumno canario al que suspendía de forma reiterada. Un septiembre, amenazante la penúltima convocatoria, me trajo una caja de puros, diciéndome que “se había tomado la molestia” de hacerme este obsequio. Le dije que no era necesario, ante lo cual el canario dijo “¡Ah, bueno!”, cogió la caja, cerró la puerta, y se marchó.

[*D En una ocasión, un alumno intentó sobornarme con una caja de puros baratos que rechacé. En otra, un estudiante agradeció mis consejos con un jamón de guijuelo, y lo acepté. *]

Quedé bastante frustrado por mi reacción ante este indubitado intento de soborno. Lo que hoy todavía no sé es si la negativa se debió a mi exigente consideración de la moral profesional o a que los vegueros eran de una marca que no auguraba especiales deleites. Lo cierto es que aprobé al alumno, no fuera a volver al año siguiente con la misma pretensión inconfesada y, sobre todo, con la misma caja de puros.

No me saqué la espina de aquellos protofarias hasta que un discípulo, agradecido por mis consejos, me regaló un jamón de pata negra. Todavía me acuerdo de él (del jamón) y de aquellos tiempos en los que los favores académicos tenían compensaciones culinarias de tronío. Ahora parece que se han democratizado, porque el jamón de Guijuelo ha sido sustituido por donaciones mucho más prosaicas como los sobaos o las anchoas que regala un presidente autonómico o la caja de picotas que confiesa haber recibido una presidenta.

[*D Ahora, el pata negra se ha cambiado por los sobaos que regala algún presidente autonómico. A este paso, se agasajará con jamón york, con el argumento de que es más sano *]

¡Dónde vamos a parar! El día menos pensado recibiremos una lata de callos a la madrileña, un lote de pepinillos en vinagre o un paquete de jamón de york, con el argumento de que es más sano que el jabugo.

No soy de los que piensan que el regalo agradecido o interesado va a dejar de existir. Es como la vida misma. Pero sugiero a los donantes que en vez de trajes, bolsos, relojes, CDs del top manta, tabletas de chocolate a la taza o lotes de leche desnatada, regalen libros. Se corre el peligro de que el destinatario no los lea, pero al menos se contribuye a la difusión de la cultura.

[*D Los regalos van a seguir existiendo, sea cual sea la intención que guíe al donante, porque son como la vida misma. *]

Último vídeo

IE Inside Out Project - #IamIE

See video
Síguenos en
IE Focus Newsletter
Agenda IE
Most read
IE Business School | María de Molina 11, 28006 Madrid | Tel. +34 91 568 96 00 | e-mail: info@ie.edu

Contacto

IE Business School

María de Molina, 11. 28006 Madrid

Tel. +34 915 689 600

info@ie.edu