El primer plano de la crisis de los medios

Juan Luis Manfredi. Profesor. IE School of Communication/IE University

7 Septiembre 2009

La crisis que sacude a los medios de comunicación amenaza con debilitar también a la democracia y debería afrontarse como un revulsivo para eliminar la doble financiación de las televisiones públicas.

La Federación de Asociaciones de Periodistas de España estima que, en los dos últimos años, se han destruido alrededor de 4.000 empleos directos en el sector. Pero, a pesar de esta elevada cifra, el problema va más allá de la simple reestructuración de una industria tradicional, de unos mercados maduros o de la aparición de nuevas tecnologías y nuevos tipos de lectores. Porque el auge y declive de los medios, en especial de la prensa escrita, está vinculado al nivel de desarrollo político, a la gobernanza y al fomento de la transparencia. Por tanto, a mayor grado de desarrollo mediático privado, menor nivel de corrupción política y económica. Y por eso, la crisis de la prensa va más allá de una coyuntura sectorial: supone la crisis de la democracia.

[*D La crisis que está viviendo la prensa va más allá de la simple reestructuración de una industria tradicional: supone la crisis de la democracia. *]

Tal y como funciona el sistema, los medios son fundamentales para la discusión pública de los asuntos de interés para el ciudadano, que van desde la información política y económica hasta el ocio y el entretenimiento. Cada medio que desaparece silencia la voz de un colectivo, de un grupo de interés o de unos electores. Por eso, si no hubiera medios de comunicación, habría que inventarlos para conocer los hechos (sagrados) y las opiniones (libres), según el mítico aforismo de CP Scott, editor de ´The Guardian´ durante 50 años.

La industria de los medios está en plena redefinición. Ésta viene dada por el descenso de la publicidad, cifrada entre el 15% y el 30%, y urge la toma de medidas para recuperar el sector. El plan elaborado por Nicolás Sarkozy para sanear la prensa escrita ofrece soluciones a corto plazo e incrementa la dependencia y el gasto en publicidad institucional, elevando el coste total del plan hasta 600 millones de euros en tres años. Invirtamos los términos. En vez de aumentar el gasto público, reduzcamos el gasto derivado de las radios y televisiones públicas para reajustar su peso corporativo y mediático a la demanda actual.

[*D Cada medio que desaparece silencia la voz de un colectivo. Por eso, si no hubiera medios de comunicación, habría que inventarlos. *]

La televisión pública ya no es el paradigma de la información, el ocio y el entretenimiento. Salvo la BBC, ninguna televisión pública europea es líder habitual de audiencia. Sólo en España, y quizás en Italia y Grecia, las televisiones públicas compiten por el target comercial, por los eventos deportivos de mayor calado y pagan sueldos millonarios a los grandes comunicadores. A modo de ejemplo, si nos situamos en Francia, la medida que conducirá a la eliminación de la publicidad nocturna en France 2 y France 3 liberará 450 millones de la tarta publicitaria. En España, la misma decisión supondría alrededor de 500 millones de euros en inversión publicitaria, que se redirigiría hacia los actores privados, fortalecería los actuales grupos mediáticos y permitiría la consolidación de otros nuevos.

La objetividad, si es que existe algo parecido en el periodismo, pasa necesariamente por la independencia económica y financiera. Sólo a través de la libre competencia y la libertad de elección por parte de los lectores y telespectadores, los medios de comunicación pueden responder ante su público y ante sus accionistas. La Comisión Europea, que se alarma ante el “exceso de publicidad” en las televisiones privadas, haría bien en impulsar la reducción del gasto público redundante, la desaparición del dumping publicitario y la manipulación.

[*D En Francia, la eliminación de la publicidad nocturna en los canales públicos France 2 y France 3 liberará 450 millones. En España, supondría alrededor de 500 millones. *]

La próxima aprobación de la nueva Ley General Audiovisual tiene que afrontar estos grandes desafíos de un sector fundamental de la economía del conocimiento, del fomento del español como recurso económico, como elemento de la diplomacia pública y como sustento de la democracia. La actual crisis, que se aprovechará para la catarsis económica, podría acabar de una vez con la anomalía de la doble financiación con fines comerciales.

[*D La actual crisis de los medios podría acabar de una vez con la anomalía de la doble financiación pública con fines comerciales. *]

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