El sentido común de saber qué crea valor

Manuel Romera. Profesor. Instituto de Empresa

29 Mayo 2006

Las Finanzas pecan, muchas veces, de esconder principios lógicos bajo un manto ininteligible. Un ejemplo es la vara de medir que se utiliza para ver la creación de valor.

En muchas ocasiones, los participantes en mis programas dicen que se nota que me gusta lo que hago. Y creo que llevan razón. No obstante, en formación, el nivel de intensidad que se puede provocar entre los participantes siempre es fortísimo. Y ése es un gran motor para vivirla con pasión.

Del mismo modo, creo que las Finanzas pueden ser un reto continuo. Con una condición: ser capaz de hacer ver que, detrás de la terminología y apariencia compleja que usan algunos que se dicen especialistas, existe un profundo desconocimiento y un cierto complejo personal que obliga a estos profesores a refugiarse en razonamientos absurdos y lenguajes sofisticados que no entiende quien les escucha ni, por supuesto, ellos mismos, aun no siendo la mayoría de veces conscientes de su error. De hecho, el sentido común es el menos común de los sentidos y, en el mundo financiero, esto se ve multiplicado por 10.

[*D Es incomprensible que la política de dividendos se base en el beneficio contable, como hacen la mayoría de empresas *]

Un ejemplo, es la vara de medir que se utiliza para ver la creación de valor.
Aunque la base de toda área financiera es la creación de valor, no siempre se mide de manera procedente. La creación de valor debe consistir en hacer más rico al accionista y la única forma de conseguirlo es cuantificando el dinero que recibe. Esto se consigue midiendo la rentabilidad de los recursos propios, que pasa por prever los flujos de caja que van a recibir.

Las métricas de creación de valor son diversas. Ahora, las más usuales son el análisis técnico y el PER. Pero hay otras métricas que han estado de moda durante mucho tiempo como el EVA, el Cash Value Added (CVA) y el Shareholder Value Added (SVA ). Todas se usan, y se han usado, como fundamento racional de la toma de decisiones de inversión. Pero creo que son bastante absurdas, complejas y, por tanto, están sometidas a crítica en mis clases.

Lo que sí hace falta entender es que toda valoración ha de pasar por la generación de dinero de la compañía libre de su financiación. Es el denominado Free Cash Flow. Realmente, una compañía crea valor para el accionista cuando es capaz de rentabilizarse a una tasa mayor que el coste de recursos ajenos después de impuestos. Yo no conozco otra manera para hacer más rico al accionista que hacer máximo el dinero que éste obtenga. ¿O creen ustedes que hay alguna otra?, ¿no creerán que alguien se pueda hacer rico por el PER, el análisis técnico o el beneficio contable?

Por tanto, debemos entender que el valor de las acciones no es más que el descuento de los Equity Cash Flows al coste de los recursos propios que, como mínimo, quiere el accionista para invertir en la compañía.

[*D Cualquier financiero entiende que lo único reinvertible en este mundo es el flujo de caja, no los beneficios contables *]

Esta manera de proceder es mucho más anglosajona que continental y, como en todo, podemos sacar críticas al modelo. Pero siempre discutiremos de lo único importante: ¿cuándo y cuánto dinero (equity cash flow) generan las acciones analizadas por el inversor?

Los dividendos siempre deben coincidir con la generación de flujos de caja para el accionista. De hecho, la mejor forma de hacer eficiente a la compañía es consiguir que el accionista reciba dividendos, es decir, considerando la cantidad de flujos de caja generados para éste. Entonces, es incomprensible que la política de dividendos se base en el beneficio contable, como hacen la mayoría de entidades financieras o empresas españolas.

[*D La gran cualidad de Buffet o Lynch ha sido tener el sentido común de prever la rentabilidad y generación de flujos de caja de sus inversiones *]

Todo este proceso se puede llevar a cabo si entendemos que el fin último de las compañías no debe de ser comercial, enfocado a la venta, sino que debiera ser un fin previsor, enfocado al cobro y, por tanto, a la obtención de rentabilidad, ya que cualquier financiero puede entender que lo único que se puede reinvertir en este mundo es el flujo de caja y no, como se oye en más de una tertulia, los beneficios contables.

Para ello, seguramente, deberíamos comprender que en el reparto de dividendos lo que influye es la generación de caja. No las reservas, que carecerían de sentido sin dinero detrás.

Aprendiendo un poco de los grandes maestros de la inversión, como Warren Buffet o Peter Lynch, podemos concluir que su gran cualidad ha sido tener el suficiente sentido común como para ser capaces de prever la generación de flujos de caja de sus inversiones y la rentabilidad de las mismas.

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