En defensa de las Humanidades y su utilidad

Santiago Iñiguez de Onzoño. Decano. IE Business School

3 Diciembre 2014

La polémica desatada en Francia por el ataque de Sarkozy a la obra maestra La princesa de Clèves nos recuerda que las Humanidades no sólo son bellas, sino también útiles para la vida laboral
 

"¿Podría una novela del siglo XVII precipitar el derrumbe de una presidencia del siglo XXI?". (1) Esta cuestión, planteada en el diario The New Yorker en 2012, aludía a la polémica originada por los comentarios del ex presidente francés, Nicolás Sarkozy, sobre uno de los clásicos de la novela francesa, La princesa de Clèves. En un acto de campaña electoral celebrado en 2006, Sarkozy opinó que sólo "a un sádico, o a un idiota –les dejo la opción de elegir el epíteto –, se le habría ocurrido incluir en un temario de oposiciones preguntas sobre La princesa de Clèves". (2) No se trataba de un desliz verbal accidental, ya que Sarkozy volvió a hacer comentarios, en tono irónico, sobre dicha novela algunos años después. De hecho, su gobierno redujo o suprimió las preguntas sobre literatura en las oposiciones a funcionario de categorías inferiores. El secretario de Estado en esa época, André Santini, justificó esta decisión con el argumento de que las pruebas de acceso a la administración pública por oposición deben evitar "preguntas excesivamente académicas y ridículamente difíciles, que no demuestran nada sobre las competencias reales necesarias para cubrir un puesto", y expresó su preferencia por la inclusión de preguntas de sentido común. (3)

A pesar de la diferencia de opiniones, La princesa de Clèves es una obra literaria amena, sobre todo para los aficionados a las novelas históricas. Su autora, Madame de Lafayette (1634-1693), fue una de las escritoras e intelectuales más activas de su época, amiga de otros literatos contemporáneos ilustres de la talla de Jean Racine y François de La Rouchefoucauld. Lafayette frecuentaba los llamados salons, que eran una especie de encuentros culturales en los que los tertulianos discutían sobre temas y chismorreos de política, literatura, religión y filosofía. Como dama de honor de la reina Ana de Austria, madre de Luis XIV (el Rey Sol), Lafayette tenía acceso a información de primera mano sobre los asuntos de la corte, una perspectiva privilegiada que ha quedado plasmada con todo lujo de detalles en sus obras.

La princesa de Clèves se la ha considerado una de las primeras novelas psicológicas porque describe los sentimientos encontrados de amor y deber que experimenta la protagonista. La acción se desarrolla durante el reinado de Enrique II de Francia, en la segunda mitad del siglo XVI, cuando diferentes facciones rivales luchaban por el poder en la corte y las relaciones políticas se entremezclaban con asuntos personales y sexuales: "La magnificencia y la galantería nunca se manifestaron en Francia con tanto esplendor[J1] ", dice la primera frase de la novela.

La protagonista, Mademoiselle de Chartres, que, según la autora, era la joven de dieciséis años más hermosa de su tiempo, se traslada a instancias de su madre a la corte con la intención de buscar un marido adinerado. Allí conoce al príncipe de Clèves, por quien no siente un amor verdadero, aunque se casa con él. Por el contrario, el príncipe la ama apasionadamente y cree que, con el paso del tiempo, su esposa le corresponderá en sus sentimientos. En la corte, la princesa conoce al duque de Nemours y los dos se enamoran a primera vista. Sin embargo, aunque sus sentimientos son recíprocos, nunca llegan a consumar su relación. Al enterarse de la infidelidad mental de su esposa, el príncipe enferma de tristeza y en el lecho de muerte le pide que no se case jamás con Nemours. La princesa, llena de remordimientos, decide cumplir la última promesa hecha a su marido y se retira a un convento donde muere poco después, aún en la flor de su juventud. Con el paso del tiempo, se desvanece la pasión amorosa de Nemours, que termina por olvidar a su amada.

La trama de la novela nos recuerda a otros monumentos de la literatura que tratan del amor, el matrimonio, el adulterio y los conflictos personales que todos ellos provocan. La obra está incluida en el plan de estudios de numerosas universidades, y su cometido es analizar el sentido del deber, las diferencias entre amor y sexo, y la forma en que las relaciones personales evolucionan en diferentes épocas en función de las convenciones sociales. La novela nos aporta, además, una visión perspicaz sobre aspectos de la vida práctica, como puede apreciarse en uno de los consejos que la princesa recibe de su madre: "Si en este lugar juzgáis por las apariencias, estaréis con frecuencia engañada: lo aparente casi nunca resulta verdadero[J2] ”.

Ciertamente, la posición de La princesa de Clèves como clásico de la literatura francesa parece ser bien merecida y es por ello que la descalificación de Sarkozy resulta, cuando menos, torpe, incluso desde un punto de vista político. No es de extrañar, por tanto, que haya dado pie a uno de los debates culturales más acalorados de la historia reciente de Francia y que haya tenido un amplio eco internacional.(4) Una larga lista de intelectuales franceses reivindicó en su momento la importancia y los valores del libro y se llevaron a cabo lecturas públicas de sus pasajes en diferentes lugares. En 2011, el respetado cineasta francés Régis Sauder dirigió la película documental Nous, princesses de Clèves (Nosotras, las princesas de Clèves) en la que se muestra a un grupo de adolescentes estudiantes de secundaria que leen la novela y analizan el significado que ésta tiene en sus propias vidas a la hora de preparar el examen de selectividad. El mundo académico respondió también: la École Normale Supérieure de París retó a Sarkozy con la incorporación de la novela a su prueba de acceso. Por otro lado, un selecto grupo de literatos la designó la tercera mejor novela de la historia, sólo después de En busca del tiempo perdido, de Proust, y el Ulises de Joyce, un éxito logrado por el debate público. El resultado de esta renovada atención hacia un clásico aletargado ha sido la publicación de nuevas ediciones, lo que ha disparado las ventas de ejemplares de la obra. ¿Ha sido ésta una reacción exagerada impulsada por el establishment cultural francés contra la demagogia anti-elitista de Sarkozy?

Sería difícilmente aceptable calificar el ataque de Sarkozy de anti-intelectual, sobre todo, teniendo en cuenta que el presupuesto público dedicado a la cultura aumentó más de un 20% durante su mandato, mientras que los presupuestos asignados por otros países europeos a dicho concepto disminuyeron en el mismo período.

De hecho, los comentarios de Sarkozy sobre la necesidad de poseer competencias laborales, en lugar de conocimientos de cultura general, podrían haber captado apoyo popular. Sin embargo, el error radicó en plantear que las dos opciones fueran excluyentes entre sí. La obtención de las competencias prácticas necesarias para desempeñar cualquier trabajo no debe excluir la adquisición de conocimientos de cultura general. Además, creo que el ejercicio de cualquier profesión en la sociedad de la información y el conocimiento actual exige contar, al menos, con una amplia base cultural. Las Humanidades y las Artes Liberales nos proporcionan el elemento aglutinador que nos permite unir conocimientos y competencias en cualquier profesión, ayudándonos así a entender el complejo mundo en el que vivimos y la interacción social. Por otra parte, sería insólito que las personas que solicitan la ciudadanía en cualquier país tengan que pasar una prueba –una práctica común en todas partes– con preguntas de cultura general que ni siquiera se les exigen a los propios funcionarios que les examinan.

Además, una formación laboral excesivamente práctica o específica que se centre principalmente en la resolución de procedimientos, o en dar respuestas adecuadas a preguntas tipo, podría quedar rápidamente obsoleta y ser fácilmente sustituida por la tecnología. De hecho, la diferencia entre interactuar cara a cara con una persona y rellenar formularios a través de Internet a la hora de tratar con la administración pública, o con cualquier otra empresa, reside, precisamente, en la destreza cultural de la persona que trata con el cliente.
Pensar que las humanidades son inútiles para los trabajos de carácter práctico es un error. La cita de Oscar Wilde "todo arte es completamente inútil" debe interpretarse en el sentido de que la adquisición de conocimientos de cultura general no tiene la misma aplicación práctica inmediata que aprender un procedimiento o prepararse para una prueba de respuestas preestablecidas. Por el contrario, las Humanidades nos proporcionan un rico patrimonio cultural que es fundamental para cualquier profesión en la que la aportación humana sea importante.

El ataque de Sarkozy a La princesa de Clèves podría responder a un segundo motivo populista: en la mayoría de los casos se asocia la preparación cultural con la condición social, y los exámenes con preguntas de cultura general en las demandas de empleo pueden resultar discriminatorios para los candidatos de las clases más bajas y con menor nivel de estudios. Este argumento no es sólo cierto e incuestionable, especialmente en los países emergentes, sino también perverso. El reto consiste no en bajar el listón cuando se trata del acceso al empleo, sino en proporcionar el acceso universal a la educación reglada y a las universidades, y en incrementar el valor de las Humanidades en tanto que patrimonio de gran valor para la trayectoria formativa y la vida de todo individuo. Creo que la educación basada en la tecnología, los cursos abiertos y gratuitos, y los CEMA pueden ser, junto con otras prometedoras formas de aprendizaje futuras, parte de la solución a dicho reto.

Conclusión principal de este artículo: las Humanidades y las Artes Liberales deberían estar presentes en nuestro aprendizaje a lo largo de la vida. No sólo le aportarán más sentido, color y alegría, sino que también nos ayudarán a afrontar las incertidumbres y exigencias de los empleos del futuro.

(1) Elisabeth Zerofsky, On Presidents and Princesses, The New Yorker, November 8th, 2012 http://www.newyorker.com/books/page-turner/of-presidents-and-princesses
(2) h-france.net/fffh/princesse-of-cleves/
(3) Ibídem
(4) www.theguardian.com/commentisfree/2011/mar/23/sarkozy-murderer-princess-of-cleves
Más información: http://humanities.blogs.ie.edu/2014/11/in-defense-of-the-utility-of-humanities.html#more-9013

 [J1]De la traducción de Random House Mondadori
 [J2]Mismo comentario

 

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