<B>Entusiasmar versus Ordenar</B>

Remedios Torrijos. Profesora. Instituto de Empresa

17 Febrero 2006

En un mundo cambiante y diverso como el actual, los directivos, más que ordenar y organizar, necesitan saber sacar lo mejor de su equipo.

Las prioridades de la clase directiva están condicionadas, inexorablemente, por el marco político, económico, social y cultural de cada momento. Hasta las capacidades necesarias para alcanzar el éxito empresarial dependen de estos factores. Nuestros días no son una excepción. Hoy, el rol del directivo está evolucionando desde la organización de tareas y el control hacia la necesidad de movilizar voluntades para conseguir resultados. Este cambio busca una mayor implicación y compromiso del equipo. Dicho de otro modo, se está pasando de un rol director a otro facilitador.

Para gestionar esta complejidad, fruto de un entorno cambiante y cada vez más competitivo, el directivo actual debe ser una persona muy movilizadora, que despierte el entusiasmo y aliente lo mejor de las personas, para que éstas den lo mejor de sí mismas, crezcan y se desarrollen a través del trabajo. Pero, ¿cómo hacerlo?

[*D Los directivos deben despertar el entusiasmo y alentar lo mejor de las personas *]

Piensa en una persona de tu ámbito personal o profesional que haya influido positivamente en ti. Piensa también cómo lo consiguió. ¿Cuál fue la situación concreta?, ¿qué hizo exactamente para influir en ti de ésa forma? Esa persona, sin duda, promovió tu desarrollo, lo que implicó ampliar tu pensamiento, las estrategias y tus acciones en una situación determinada; te hizo identificar oportunidades y limitaciones externas frente a las que debiste reaccionar para conseguir un resultado. Igual que esta persona, el directivo ayuda de dos formas a sacar partido de las oportunidades del entorno y a identificar y tratar adecuadamente las limitaciones ambientales:

::Centrándose en los comportamientos, ayuda a las personas a alcanzar o mejorar determinadas actuaciones. Anima a los miembros de su equipo para que introduzcan cambios en su comportamiento, según sea la naturaleza del contexto. Aprender no es más que descubrir que algo es posible. Si entendemos la situación en la que nos encontramos y dejamos que sea ella la que controle nuestros actos, entonces hemos aprendido a encararla. Es como conducir un automóvil. Los mandos se llevan de manera distinta, según cada situación. Se conduce diferente de noche, con tráfico o cuando se está cansado. Por tanto, las personas atendemos y respondemos a cada situación de maneras distintas.

[*D Las posibilidades de éxito varían si se afrontan los retos con temor o confianza *]

::Hace ver a su gente que es capaz de alcanzar las metas. El objetivo principal del directivo es conseguir que las personas tengan un concepto mejor de sí mismas (inspirar y liberar la energía latente). La diferencia entre percibir una situación como una amenaza o como una oportunidad depende, fundamentalmente, de la valoración mental que de forma automática hacemos y que nos dice si nuestros recursos son o no suficientes para hacer frente a esa situación inesperada. Es obvio que las posibilidades de éxito no son las mismas si se afronta la nueva situación confiado o atemorizado. En el primer caso, el foco de su atención apuntará a la meta, mientras que en el segundo lo hará hacia los obstáculos, y dado que aquello en lo que enfocamos la atención se hace más real para nosotros, los obstáculos se harán más grandes y las posibilidades de “caernos y perder” serán mucho mayores. En el deporte lo tenemos esto muy claro. ¿Por qué no en el mundo de la empresa? Cuando la conciencia del ser humano es llevada a un lugar diferente, las observaciones que se realizan suelen ser sorprendentes, tanto que uno se plantea cómo no ha visto antes algo que de repente parece tan obvio. Lo que creemos que uno es capaz de hacer resulta decisivo para su evolución y para el crecimiento de la empresa.

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