España 2050: un asilo

Rafael Pampillón. Profesor. IE Business School

7 Junio 2010

La baja natalidad, sumada al aumento de la esperanza de vida, dibuja una onerosa pirámide que exige tomar medidas ya para garantizar la viabilidad del sistema de Seguridad Social.

El Gobierno anunció a finales de enero su intención de retrasar la edad de jubilación a los 67 años. Se trata de una propuesta que va en la misma dirección que el informe de la Comisión Rato, donde se afirma que el sistema de pensiones entrará en déficit en el año 2022 si no se toman medidas, como podría ser el aumento de la edad de jubilación.

Según las proyecciones del INE, en España, la población mayor de 64 años se duplicará en 40 años y pasará a representar más del 30% del total, debido al envejecimiento de la pirámide poblacional. Por si esto fuera poco, desde hace años la Comisión Europea viene advirtiendo al Gobierno español sobre el riesgo de desequilibrios presupuestarios a largo plazo, debido a un mayor gasto público futuro en materia de pensiones.

[*D El sistema de pensiones entrará en déficit en 2022 si no se toman medidas, y dentro de 40 años, la población mayor de 64 años se duplicará y pasará a representar más del 30% del total. *]

También la OCDE, en su informe periódico sobre la economía española, suele insistir sobre la necesidad de modificar el sistema de cálculo de las pensiones e instar al Gobierno a que se computen todos los ingresos obtenidos a lo largo de la vida laboral.

¿Por qué tanta preocupación sobre las pensiones? La respuesta más extendida a esa pregunta es que España será, en el año 2050, uno de los países más envejecido del mundo: el 30% de la población tendrá 65 años o más.

Este rápido proceso de envejecimiento de la población se produce como consecuencia de la tasa de natalidad –una de las más bajas del mundo– y del aumento de la esperanza de vida –en la actualidad, las mujeres nacidas en España están entre las europeas más longevas, con 84 años, frente a una media en Europa de 79 años–, mientras los hombres se sitúan en los 78 –la media europea masculina está en 71 años–. Ambos elementos –baja natalidad y aumento de la esperanza de vida– determinan un aumento del envejecimiento de la población.

[*D La baja natalidad y el aumento de la esperanza de vida conllevará que menos trabajadores paguen más impuestos para atender más pensiones y los gastos médicos de más mayores. *]

Lógicamente, este aumento del envejecimiento viene acompañado de un crecimiento en la tasa de dependencia, es decir, de un incremento del porcentaje de personas que no trabajan en relación a las que trabajan. Con otras palabras, la proporción de gente que trabaja está disminuyendo.
Así, según el INE, en 2049, por cada 10 personas en edad de trabajar, habrá en España casi nueve personas potencialmente inactivas, es decir, las que son menores de 16 años o mayores de 64. En consecuencia, la tasa de dependencia se elevaría hasta el 90%, desde el 48% actual.

Por tanto, en el futuro, o las pensiones son menores o hay que endurecer la presión fiscal, o ambas cosas, ya que un menor número de trabajadores va a tener que sustentar a un mayor número de jubilados. Esto significa que, proporcionalmente, menos trabajadores tendrán que pagar cada vez más impuestos, porque el Gobierno necesitará atender más servicios sociales: pensiones y gastos médicos de los mayores.

La Seguridad Social consumirá cada año una parte más importante de nuestra renta nacional. El porcentaje del PIB dedicado a pensiones pasará del 9,5% actual al 18% en 2050, lo que arroja serias dudas sobre la capacidad española de garantizar el sistema público de pensiones. Subir los impuestos y rebajar las prestaciones es una de las salidas, inevitablemente impopular. Otra posibilidad es elevar las cotizaciones sociales por jubilación –que económicamente equivale a subir el impuesto sobre el trabajo–. Otra solución sería aumentar la natalidad. Otra, alargar la edad de jubilación.

[*D Subir impuestos y rebajar prestaciones es una de las soluciones, otra es elevar las cotizaciones sociales por jubilación, otra sería aumentar la natalidad, y otra, alargar la edad de jubilación. *]

El fuerte envejecimiento en las próximas décadas es inevitable y sólo se verá atenuado si la tasa de natalidad sube. Los datos indican que la fecundidad en España está aumentando –gracias a la aportación de las madres extranjeras– alcanzando 1,44 hijos por mujer, el valor más alto desde 1993, pero todavía muy lejos del 2,1 –tasa de reemplazo generacional–.

Pero la inmigración, aunque puede contribuir a aliviar el envejecimiento de la población, no será capaz de invertir la tendencia a una mayor longevidad, ni a un aumento suficiente en el número de nacimientos que permita el reemplazo generacional.

[*D Es preciso tomar medidas para garantizar la viabilidad del actual modelo de Seguridad Social y porque no podemos transmitir a nuestros hijos esta onerosa herencia. *]

Es preciso, por tanto, tomar medidas para facilitar la viabilidad financiera del actual modelo de Seguridad Social. Además, no podemos transmitir a nuestros hijos la carga de una fuerte deuda pública y un sistema de pensiones tanto más oneroso cuanto más jubilados haya. Por tanto, la decisión de retrasar la edad de jubilación va en la buena dirección.

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