Fondos de Inversión Gubernamentales: ¿Héroes o villanos?

Juan Pedro Gómez. Profesor. IE Business School

1 Julio 2008

Exhalan liquidez y multimillonarias ansias de invertir en los mayores bancos del mundo, aprovechando la crisis subprime. Son los fondos soberanos, el nuevo foco de debate en occidente.

El pasado mes de febrero, Qatary Investment Authority (QIA), el fondo de inversión del gobierno de Qatar, adquirió entre el 1% y el 2% del banco Credit Suisse. Pocos días después, el 25 de febrero, los rumores sobre un posible desembarco de este mismo fondo en el Royal Bank of Scotland dispararon la cotización de las acciones de la entidad británica un 5% en la bolsa de Londres.

En enero de este año, Merrill Lynch y Citigroup recibieron en conjunto más de 21.000 millones de dólares por parte de fondos de inversión gubernamentales (conocidos por sus siglas en inglés, SWF, Sovereign-Wealth Funds) de Oriente Medio y Asia. En total, según Morgan Stanley, desde el inicio de la crisis de liquidez, en agosto de 2007, son ya más de 69.000 millones de dólares invertidos en grupos financieros de países desarrollados por parte de los SWF.

[*D Desde el estallido de la crisis subprime, los fondos soberanos han invertido más de 69.000 millones de dólares en grupos financieros. *]

No cabe la menor duda de que el dinero ha sido bien recibido, no sólo por los bancos (que no dejan de ajustar a la baja el valor de mercado de las carteras de hipotecas y sus derivados) sino también por el mercado en su conjunto, ávido de liquidez y estabilidad. Hasta aquí, héroes.

Al mismo tiempo, líderes como Nicolas Sarkozy o Angela Merkel han prometido proteger a sus inversores y gestores de las “prácticas agresivas” de estos fondos. El presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, comentaba que “no podemos permitir que fondos no europeos sean usados para llevar a cabo estrategias geopolíticas”. La Comisión Europea ha aprobado recientemente una propuesta para que los SWF se adhieran voluntariamente a políticas de gobierno corporativo y transparencia comunes en las economías occidentales. Parece que los dirigentes políticos y los reguladores les ven como villanos.

¿Quiénes son estos fondos? ¿Es un fenómeno reciente? ¿Debemos preocuparnos por sus movimientos? ¿Son héroes o villanos?

Aunque las últimas y más famosas apariciones de estos enigmáticos agentes han estado protagonizadas por fondos pertenecientes a países asiáticos (como el fondo Tamasek, de Singapur) o de Oriente Medio (el mencionado QIA, de Qatar, o el fondo KIA, Kuwait Investment Authority), algunos de los mayores fondos pertenecen a gobiernos occidentales, como el fondo de pensiones noruego, conocido ilustrativamente como Oil Fund.

[*D La escalada de los precios de las materias primas ha permitido una acumulación de liquidez en países en vías de desarrollo de Oriente Medio y Asia *]

Incluso algunos de los detractores de estos vehículos de inversión, como Francia, han puesto en marcha hace relativamente poco su propio fondo gubernamental, FRR (Fonds de Réserve pour les Retraites), encargado de invertir en mercados de acciones y bonos internacionales, con el fin de cubrir el déficit del sistema de pensiones público previsto a partir del año 2020. Aunque su tamaño (21.000 millones de euros) es pequeño en términos relativos, otros fondos públicos de pensiones occidentales, como el canadiense CPA (120.000 millones de dólares) o el holandés para funcionarios públicos ABP (227.000 millones de dólares), están entre los más grandes del mundo. Por lo tanto, los SWF no son un fenómeno exclusivo de economías emergentes. Tampoco son un fenómeno reciente, ni si quiera entre los países exportadores de petróleo. KIA surgió en 1953 y 10 años después lo hizo ADIA (Abu Dhabi Investment Authority), el fondo gubernamental de los Emiratos Árabes Unidos, el mayor del mundo por capitalización (más de 800.000 millones de dólares).

¿Por qué entonces esta reciente eclosión mediática? Fundamentalmente, por dos razones: quién invierte y en qué invierte. La escalada continuada de los precios de las materias primas y de las exportaciones de las economías emergentes ha permitido una acumulación de liquidez en países en vías de desarrollo de Oriente Medio y Asia. Al mismo tiempo, la crisis financiera a partir del estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y, concretamente, en el segmento de hipotecas subprime, ha creado una demanda de liquidez en el sistema financiero occidental. Hasta aquí la teoría financiera se cumple: los mercados financieros hacen posible que oferta y demanda se crucen. De hecho, la mayor parte de la deuda hipotecaria española acumulada durante los años de frenesí inmobiliario ha sido titulizada y adquirida por bancos extranjeros. Y a nadie parecía importarle.

[*D Los fondos soberanos no están sujetos a la propia disciplina del mercado, sino a decisiones gubernamentales, que pueden levantar recelos *]

Ahora bien, el modelo deja de funcionar cuando los inversores no están sujetos a la propia disciplina del mercado. El fondo de pensiones noruego, el segundo SWF del mundo, puso en marcha un Comité Ético a partir de enero de 2004. Este comité tiene por misión velar para que las inversiones del fondo cumplan con unos criterios de responsabilidad social que le ha llevado, por ejemplo, a liquidar sus posiciones en Wal-Mart por condiciones de trabajo inaceptables. La decisión, en última instancia, depende del parlamento noruego quien dicta las directrices fundamentales al Banco Central noruego, gestor del fondo. En el caso de otros países, con menor o prácticamente ninguna tradición democrática, los objetivos estratégicos del SWF son mucho más oscuros. Y por lo tanto, despiertan mayor recelo. Especialmente, cuando invierten en sectores tan susceptibles de herir el “orgullo nacional” como el financiero o las infraestructuras. En última instancia, y esto es lo importante, la decisión pasa por un gobierno, más o menos democrático, no por un consejo de administración o una junta de accionistas.

Por su propio volumen, el impacto que estos gigantes tienen en los mercados financieros y en su eficiencia es importante y al alza. Todos los inversores debemos sentirnos concernidos. Más transparencia y un mejor gobierno corporativo son deseables tanto para los SWF, como para cualquier inversor institucional: fondos de inversión colectiva, planes de pensiones privados, compañías aseguradoras… Si mi gestor de cartera pierde dinero, vendo mi participación en el fondo. Esa disciplina es buena para mí y es buena para el mercado. Sin embargo, en el caso de los SWF, ¿Quién controla a los gobiernos?

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