Hacia una Europa más integrada

Rafael Pampillón. Profesor. IE Business School

30 Mayo 2017

Unos verdaderos Estados Unidos de Europa requieren mayor integración bancaria, fiscal, laboral e institucional. Ideas que tienen un aliado estratégico en el nuevo presidente de Francia, Macron.

Los primeros meses de este año, y ya son casi la mitad, están siendo bastante ajetreados: la incertidumbre sobre la presidencia de Trump, las elecciones en Francia, los atentados terroristas, los movimientos migratorios, los casos de corrupción en España y Brasil, etc.  A ello se une la aparición de nuevas ideas para reformar la Unión Europea (UE) de la mano de varios presidentes o primeros ministros, entre los que se encuentran Emmanuel Macron y Mariano Rajoy, con el objetivo de hacerla mucho más sólida y duradera a largo plazo.

Rajoy apuesta por avanzar en la unión bancaria con un Fondo de Garantía de Depósitos común, un seguro de desempleo conjunto y desenterrar la antigua propuesta de los eurobonos. Macron, con la misma finalidad de construir una Europa más fuerte y estable, pretende que las contrataciones públicas se encarguen a empresas que tengan al menos la mitad de su producción en la UE, un ministro de Hacienda para toda la zona euro que esté por encima de los ministros de los países miembros, y mayor unificación de las políticas fiscales. Se trata, en definitiva, de encaminarse hacia los Estados Unidos de Europa, fortaleciendo las instituciones de manera que se den pasos hacia un gobierno económico más completo para la zona del euro.

Sin embargo, todas estas propuestas no han sido acogidas con entusiasmo por los políticos y ciudadanos de Alemania y otros países del norte. La acumulación de deuda pública en los estados del sur (como consecuencia de los déficits presupuestarios), contrapuesto al mayor rigor fiscal en los del centro y norte, genera muchas resistencias por parte de estos últimos.

Sin embargo, la unificación de los presupuestos y la creación del Ministerio de Finanzas para la eurozona permitirían introducir racionalidad en los gastos y en los ingresos, lo que, a la larga, iría reduciendo el endeudamiento, que en algunos países europeos no es sostenible en el medio y largo plazo. Varios gobiernos deben un monto superior a su PIB, lo que, acompañado de las bajas expectativas de crecimiento, dificulta enormemente la sostenibilidad de la deuda pública.

De ahí que la implantación de las políticas fiscales comunes, que por ahora han sido descartadas, debería volver a la agenda de los jefes de estado y de gobierno de la UE para facilitar la supervivencia del euro. Se trataría de comenzar una nueva etapa de la unificación europea, que ayudaría a controlar los desequilibrios fiscales, el mal uso del gasto público, aplicar políticas mucho más homogéneas y reducir los costes fiscales y políticos que genera la aprobación anual de los presupuestos en cada país. Adicionalmente, esta propuesta daría más estabilidad a la economía de la zona euro, permitiendo ganancias en competitividad y crecimiento.

Es también el caso de los eurobonos. Una propuesta en la que participarían los 19 países miembros de la eurozona, donde se sustituiría el 60% de la deuda de cada país por eurobonos y el otro 40% estaría respaldado por el tesoro de cada uno de estos estados. En este tema existe también una dualidad dentro de Europa, sin embargo, los mercados lo acogerían con entusiasmo. Y es que, la mutualización de la deuda que implican los eurobonos reduciría el riesgo de los títulos. Esto generaría un incremento en la calificación de las agencias de rating, subiendo toda la deuda mutualizada a triple A. No obstante, a pesar de que esta idea parezca la panacea para países como Francia, Italia, España y Grecia, para otros como Alemania, Austria, Finlandia y Holanda no lo es, ya que todos los miembros de la eurozona se harían responsables de una parte de la elevada deuda pública de la zona en su conjunto.

Al igual que los eurobonos, la propuesta del seguro de desempleo unificado se percibe de distinta manera dependiendo del nivel de paro de cada país. Mientras que España (con una tasa de desempleo del 18%), Grecia (23,5%), Italia (12%), Francia (10%) o Chipre (14%) se beneficiarían, los estados con bajos niveles de desempleo, como Alemania (4%), Holanda (6%), Irlanda (6%) y Austria (6%) se verían perjudicados. Sin embargo, la medida pasaría también por unificar más los mercados laborales y compartir las políticas activas de empleo de todos los países integrantes de la zona euro, lo que impulsaría el consumo y la inversión en capital humano, reduciendo el desempleo y las desigualdades, a la vez que se facilitaría la libre circulación de las personas.

Por tanto, para que esta idea resulte eficaz, los diferentes países deben aceptar las reformas laborales de carácter estructural que fortalezcan el mercado de trabajo en el largo plazo, dando como resultado unos costes más bajos y unas economías más fuertes e integradas. 

Por su parte, una mayor unión bancaria sería de gran ayuda para poder controlar mejor la evasión de impuestos, y, en especial, para regular a toda la banca con la misma ley. Esto aseguraría que ésta no pudiera realizar transacciones de alto riesgo que después no fuera capaz de cubrir, y así se reduciría la probabilidad de otro descalabro financiero. Al mismo tiempo, se otorgaría una mayor solidez y relevancia a la banca europea a nivel mundial.

A pesar de las muchas diferencias que todavía tenemos en el conjunto de Europa, conviene resaltar todo lo que nos une para seguir caminando hacia un porvenir más halagüeño. Dejar de lado los intereses nacionales para alcanzar un bienestar común y ser más fuertes en el mercado exterior, recordando que “la unión hace la fuerza”.

¿Será viable esta estrategia en pro de una mayor unidad? La llegada de Macron a la presidencia francesa podría mejorar las buenas relaciones entre su país y Alemania, lo que facilitaría el avance hacia los Estados Unidos de Europa. Seguramente, Merkel acabará cediendo y llegando a acuerdos en beneficio de todo el Viejo Continente, y se demostrará cómo un buen equilibrio entre austeridad y crecimiento puede contribuir a la buena marcha de la economía europea.

No se debe olvidar que los Estados Unidos de América son un país; muchas de las regulaciones, supervisiones y políticas fiscales son únicas para todos los estados de la Unión, por lo que también su Tesoro emite deuda conjunta para cubrir el déficit del Gobierno Federal. La eurozona, si quiere tener futuro, debería iniciar ese camino: aumentar la integración laboral y fiscal de sus miembros, emitir deuda conjunta (eurobonos), converger en las regulaciones de los mercados y definir un Fondo de Garantía de Depósitos Europeo.

 

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