<B>Hackers</B>

Enrique Dans. Director del Área de SI/TI. Instituto de Empresa

1 Enero 2005

El término 'hacker' contiene una dualidad que hasta ahora ha sido ignorada, asociándolo hasta el momento al desastre y el caos informático. Sin embargo, un hacker es también un programador imaginativo cuya labor ha sido y será en el futuro fundamental para el progreso de la tecnología.

El adjetivo inspira miedo, ordenadores atacados, páginas patas arriba, servidores bloqueados… Pregunte, y se encontrará las más variadas representaciones del horror. Pero un análisis del término revela un panorama diferente, de miedo e incomprensión ante lo desconocido. La dualidad del término lleva a confusiones: un hacker es, efectivamente, alguien que accede a un ordenador de manera ilegal.

Pero también se usa para designar a un programador brillante, que ofrece soluciones a problemas complejos. En realidad, un hacker es alguien capaz de hacer que un ordenador haga exactamente lo que él quiere, habilidad que puede ser utilizada para saltarse las normas o para resolver problemas de forma imaginativa. Es “tecnología de doble uso”. Pero la característica común y definitoria de los hackers es que, cuando ven una cerradura sienten una patológica e irrefrenable necesidad de abrirla. El término hacker tiene una importancia radical en el progreso de la tecnología y es inseparable de la mayor parte de las innovaciones que nos rodearán en los escenarios futuros de la tecnología, y los negocios en general.

La comunidad hacker es una interesantísima meritocracia, con una importancia radical en los acontecimientos más recientes de la historia tecnológica moderna. La música, por ejemplo, se enfrenta a un panorama en el que el acceso a sus contenidos, por el que antes eran capaces de cobrar cantidades elevadas, resulta simplemente imposible de proteger. Una restricción a la duplicación, reproducción o circulación es una “cerradura”, y siempre habrá un hacker dispuesto a abrirla. Por mucho que se intente evitar con trabas tecnológicas o legales, será imposible, porque lo convertirá en un reto mayor.

Si se criminaliza hasta el límite de quemar en la pira purificadora a quien intercambie una canción, los hackers descubrirán ingeniosos métodos de encriptación en los que la identificación y trazabilidad del contenido resulten imposibles, o ingeniosos métodos de otros tipos. Cada intento de protección de la industria es contrarrestado por hackers dispuestos a hacer caer cuantas restricciones aparezcan en el escenario. Escenario, por otro lado, más eficiente que el anterior: ¿por qué permitir que retenga valor alguien que ya no lo aporta? Quitar del medio la “máquina de impedir” puede permitir que, quien realmente genera el valor retenga una parte mayor del mismo, como muchas voces críticas empiezan a denunciar en el panorama de esa industria.

[*D Cada intento de protección de la industria es contrarrestado por hackers *]

Otro ejemplo: una empresa desarrolla un programa. Para muchos, el siguiente paso implica su protección mediante patentes y copyright, para así amortizar los costes de desarrollo y comercialización el mayor tiempo posible. Pero esta maximización del rendimiento de la empresa no lo es para el rendimiento de la comunidad.

Si un hacker es capaz de abrir ese programa y hacerlo mejor, de usarlo como escalón para ascender un peldaño más en la evolución tecnológica, los usuarios y la sociedad en su conjunto se benefician. ¿Beneficio comercial basado en puertas cerradas, o rápido progreso tecnológico sustentado en colaboración? En el escenario tecnológico actual, las puertas cerradas empiezan a no tener sentido, porque quien guarda la llave es atacado por hackers, por oponerse al progreso de todos.

En pocos años hablaremos de la “época del copyright” como quien habla de Fray Tomás de Torquemada y la Santa Inquisición: un horror que dificultó el progreso durante años, y del que logramos liberarnos. Para los que la vivieron, la Inquisición era la única forma de vivir, algo lógico que les protegía, no eran capaces de imaginar un mundo sin ella. Gracias a hackers que imaginaron algo distinto, hoy no tenemos autos de fe ni piras purificadoras, aunque algunos se empeñen en querer reeditarlas. Por su propio bien: intente evitar que le protejan del progreso.

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