<B>Internet Privada</B>

Enrique Dans. Director Área SI/TI. Instituto de Empresa

4 Octubre 2004

El correo basura y los virus informáticos complican, cada día, la navegación de millones de usuarios de Internet. Debemos plantearnos si estamos ante el nacimiento de un nuevo Internet o ante su agotamiento por mal uso.

Hace pocos días escribí un correo electrónico a un amigo para ver si quedábamos para comer, y contarnos cosas de la vida. Hasta aquí, todo normal. Es normal tener amigos, y es normal comer con ellos, y hasta es normal escribirles correos electrónicos. Lo que no es normal, sin embargo, es que, de manera automática, recibas un correo de tu amigo que, en perfecto inglés (mi amigo es gallego), te informa que él, en realidad, quiere recibir tu correo, pero que para ello debes hacer clic en un vínculo adjunto, ir a una página, e introducir tu nombre y correo electrónico como paso previo a que él lo reciba.

En el mismo mensaje, mi amigo comentaba que había instalado ese filtro para protegerse del impenitente e impertinente spam y de la mayoría de los virus: a partir de la decisión, únicamente aquellas personas preautorizadas a través de una lista gestionada por el usuario podrían enviarle mensajes. Si yo, como amigo suyo, me daba de alta en su lista, podría enviarle mensajes, dado que se supone (espero, a no ser que mi amigo no sea tal o se haya vuelto un borde de mucho cuidado) que mi amigo aprobará mi petición de ingreso en el “selecto club de sus amistades”. Si yo, por el contrario, soy un spammer buscando presas a las que lanzar mensajes de publicidad indiscriminada, seguramente no perdería el tiempo en darme de alta, dado que mi amigo, en buena lógica, no aprobaría tal petición.

[*D ¿Será que Internet, tal y como lo conocemos, como entorno libre escasamente regulado, ha entrado en crisis? *]

Este tipo de herramientas existen, ya, a día de hoy. Y su existencia, combinada con otra serie de cuestiones interesantes en el panorama tecnológico actual, nos lleva a un curioso ejercicio de prospectiva: ¿será que Internet, tal y como lo conocemos, como entorno libre escasamente regulado, ha entrado en una crisis que podría llevar a su desaparición? ¿Estaremos vislumbrando el nacimiento de un nuevo Internet, de un “Internext”, en el que la filosofía cambiará de manera radical? Pensemos, por ejemplo, en un fenómeno de reciente aparición, pero de una enorme pujanza: las llamadas “redes sociales”, ya comentadas en esta misma sección.

Basadas en la teoría de los seis grados de proximidad, que afirma que una persona puede llegar a cualquier otra del mundo en menos de seis pasos, estas redes ofrecen a un individuo darse de alta con sus datos (protegidos por todo tipo de acuerdos de confidencialidad y respeto), e invitar a sus amigos y contactos, para después poder capitalizar el valor de la red generada de cara a la obtención de contactos comerciales, ofertas de trabajo, o simplemente, búsqueda de amistades con intereses comunes. O para buscar pareja, da igual, la gama de temas que pueden organizarse sobre una red social puede ser tan infinita como la imaginación de sus promotores.

Las diferentes redes sociales van mostrando sus “personalidades”, y centrándose, especializándose más en uno u otro aspecto, y el fenómeno, sometido a las dinámicas de crecimiento habituales en una red como Internet, está alcanzando dimensiones considerables.

[*D La gama de temas que pueden organizarse sobre una red social puede ser tan infinita como la imaginación de sus promotores. *]

Pero ahora combinemos ambos aspectos: ¿qué ocurriría si yo utilizase mi red social, o varias de ellas en función de mis intereses, para regular mis preferencias de contacto? Quien esté en mi lista de conocidos a una distancia menor de X grados, en función de cómo de “borde” o de “amistoso” quiera yo estar, puede ver mi dirección y escribirme. Quien no, que me lo pida a través de alguien que esté “en mi club”. Después de todo, sería una situación parecida a la de la vida normal, donde años y años de uso del teléfono ha hecho posible que yo pueda contactar a alguien, en general, sólo si recibo algún tipo de autorización o indicación de que puedo hacerlo.

Yo puedo llamar a un director general de una empresa si lo conozco o si tenemos un conocido común, pero sólo pasaré el filtro de su secretaria si ese director general así lo autoriza. ¿Llamarlo a su casa? Eso requiere otro nivel de conocimiento, otros filtros, y saltárselos, aunque técnicamente facilísimo, resultaría socialmente inaceptable. ¿Significará esto la “maduración” de la Red? ¿O será su agotamiento por mal uso? ¿Estaremos ante la Internet Next Generation, la “Internext”? Abra su bandeja de entrada, mírela de arriba abajo, descarte los doscientos mensajes con virus, ofertas de píldoras de efectos milagrosos y timos de nigerianos entre otras lindezas, y piense en el futuro.

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