iPad o el culto de la manzana

Enrique Dans. Profesor. IE Business School

28 Abril 2010

Apple lo ha vuelto a hacer. Ha centrado toda la atención en el lanzamiento del iPad y triunfará, porque coge lo mejor de los tablet pero bajo el prisma del culto a la manzana.

El pasado 27 de enero, el mundo de la tecnología vivió otro de esos eventos característicos del culto de la manzana, también conocido como campo de distorsión de la realidad. Volvimos a ver como ese sumo sacerdote llamado Steve Jobs, de aspecto delgado y frágil desde su trasplante de hígado, hipnotizaba a toda la escena tecnológica desde un escenario y redefinía completamente, prácticamente reinventaba, todo un segmento del mercado.

Durante varias horas, la búsqueda en Twitter de la palabra “iPad” entregó más de cinco mil nuevos resultados por minuto, mientras devotos y detractores seguían con impresionante avidez las noticias a través de los varios miles de bloggers y periodistas presentes en el Yerba Buena Center de San Francisco.
De nuevo funcionó la mística informativa cuidadosamente diseñada por la compañía: una combinación de obsesivo secretismo sazonado con algunas fugas de información jamás verificadas hasta el momento de la verdad, una escenografía capaz de crear un nivel de expectación verdaderamente insospechado.

[*D Antes del iPad, el panorama de los dispositivos móviles empezaba en los teléfonos, continuaba con los netbooks, y terminaba en los portátiles o laptops. *]

Antes del iPad, el panorama de los dispositivos móviles empezaba en los teléfonos móviles, continuaba con los llamados netbooks, y terminaba en los portátiles o laptops, la categoría en la que Apple vende más.

Sin embargo, Apple había manifestado en varias ocasiones su desprecio absoluto por la categoría intermedia, la de los netbooks, que calificaba de ordenadores pequeños y limitados que proporcionaban una mala experiencia de uso. Como resultado, Apple tenía un claro hueco en su gama de productos, un hueco que ha llenado con un movimiento estratégicamente intachable.

Por un lado, ofrece un producto con un planteamiento que resulta familiar: tras redefinir los teléfonos móviles con el iPhone y convertirse en el diseño a imitar, diseña algo que es ni más ni menos que un iPhone muy grande, algo que todo aquel que haya tenido un iPhone en sus manos alguna vez sabe manejar. O incluso, dada la concepción de usabilidad de la compañía, aunque no haya tenido esa experiencia. Es desde un libro o revista hasta un ordenador sencillo cuando se usa con una base con teclado.

[*D Apple había manifestado su desprecio por los netbooks, por lo que tenía un claro hueco de mercado que ha llenado con un movimiento estratégicamente intachable. *]

Es, sin duda, un diseño limitado, escaso para quien esperaba un ordenador completo. Pero rellena huecos que van del ocio al negocio, desde el consumo de medios (con los correspondientes acuerdos con periódicos, revistas y editoriales), hasta el proceso de textos, la hoja de cálculo o las presentaciones, con un planteamiento brillante.

Además, se convierte en posible tabla de salvación para sectores como la prensa y las editoriales, a las que ofrece repetir el éxito que iTunes significó para la música: la posibilidad de seguir obteniendo cierto nivel de rentabilidad, en las condiciones que Apple tenga a bien marcar.

[*D iPad es una posible tabla de salvación para la prensa y las editoriales, a las que ofrece repetir el éxito que iTunes significó para la música. *]

En el fondo, es más de lo mismo: cuando salió el iPod, muchos dijeron que el reproductor MP3 llevaba inventado mucho tiempo, y que el de Apple era caro y limitado. Cuando presentaron el iPhone, los comentarios afirmaban que era un teléfono ridículamente caro y que nunca triunfaría.

Hoy, cualquiera de los dos productos son un éxito arrollador y han redefinido sus respectivas categorías completamente, además de convertirse en productos de extraordinaria rentabilidad para la compañía y generar ecosistemas económicos como iTunes o la App Store.

El tablet era un concepto inventado hace tiempo. Yo mismo tuve uno, un Compaq TC1000 que utilicé de manera habitual entre 2003 y 2006 con muy buen resultado. Sin embargo, el iPad es, de nuevo, una redefinición total de la categoría, una reinvención de la misma pasada por el prisma de Apple, tocada por la varita mágica de un Jobs que afirma que es uno de los mejores productos que han lanzado en la historia de la compañía.

[*D Cuando salió el iPod, muchos dijeron que el MP3 llevaba inventado mucho tiempo, y con el iPhone, añadieron que era un teléfono ridículamente caro que no triunfaría. *]

El iPad puede gustarle o no. Puede pensar que es la novena maravilla del mundo salida de la mente de un genio, o un diseño absurdo solo válido para snobs y fanboys de la marca. Da exactamente lo mismo. En cualquiera de los dos casos, se hartará de ver el iPad en breve en todas partes.

Es, de nuevo, una prueba más de lo brillante de una filosofía que Apple aplica a la perfección y que se resume en una frase de Alan Kay: “la mejor forma de predecir el futuro es inventarlo”.

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