Jóvenes desmotivados

Rafael Puyol. Vicepresidente. Fundación IE

13 Abril 2012

Posiblemente, la única consecuencia positiva de la crisis es el aumento de jóvenes que optan por seguir estudiando. El reto de los docentes, convencerles de que ese esfuerzo vale para algo.

El libro del desempleo en España tiene varios capítulos amargos: el de las mujeres, el de los mayores de 55 años, el de los extranjeros, el de los parados de larga duración y, sobre todo, el de los jóvenes.

Desde el comienzo de la crisis, los menores de 25 años han aumentado su tasa de paro en 2,7 veces, pasando del 18% a casi el 49%. Es decir, vivimos en una situación en la que uno de cada dos jóvenes carece de ocupación.

Como ya ocurriera en el pasado, algunos jóvenes han tratado de sortear su complicado acceso al trabajo y los riesgos de la ociosidad incorporándose a la Universidad.

[*D Desde el comienzo de la crisis, los menores de 25 años han aumentado su tasa de paro en 2,7 veces, pasando del 18% a casi el 49%. *]

Tras una caída de la matrícula desde el año 2000 hasta el curso 2008-2009, por razones estrictamente demográficas, el número de estudiantes ha crecido después, hasta el curso pasado, en casi 70.000.

La debilidad económica se impone a la demográfica, inyectando en el sistema jóvenes que en condiciones normales no se habrían planteado hacer una carrera. Posiblemente, es la única consecuencia positiva de la crisis.

[*D En apenas dos años, el número de matrículas universitarias se ha incrementado en 70.000, después de muchos ejercicios de caída por el efecto demográfico. *]

No obstante, este proceso tiene un reverso que ensombrece la situación: muchos jóvenes, de los antiguos y de los nuevos estudiantes destilan apatía, desmotivación y pesimismo. Los argumentos para explicarles que el futuro será mejor no les convencen; y la consideración de que una mejor formación facilitaría la inserción y el éxito laboral no elimina su escepticismo.

Estamos ante un problema serio de desánimo, que favorece la acción de quien saca los estudiantes a la calle, enarbolando la bandera de los recortes presupuestarios.

[*D Los docentes tenemos el reto de devolver la esperanza a los jóvenes, con el argumento de un horizonte laboral más despejado y de que su contribución será decisiva para el futuro del país. *]

Ante esta situación, los docentes tenemos una doble misión y un doble compromiso que cumplir: por supuesto, educar a esos jóvenes de la mejor forma posible, pero, también, combatir su desazón con el argumento indiscutible de un horizonte laboral más despejado y de que su contribución será decisiva para el futuro del país.

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