Jorge Urbiola: “Estar preparados para lo internacional es estar preparados para el futuro más cercano”

IE Focus

25 Julio 2012

Jorge Urbiola, diplomático destinado en la actualidad en la Embajada de España en Ucrania, comparte con nosotros su visión sobre el papel que juegan los diplomáticos en las relaciones internacionales y en la toma de decisiones de política exterior. Doctor en Derecho Internacional Público y diplomático por vocación, Jorge Urbiola ha ocupado puestos de referencia como ayudante personal del Presidente del Gobierno, en la etapa de José María Aznar, Consejero de la Embajada de España en Serbia, Segunda Jefatura en Mozambique, Segunda Jefatura en Ucrania, y Director Adjunto de la Asesoría Jurídica Internacional en el Ministerio de Asuntos Exteriores.

¿En qué momento y por qué motivo decide formar parte de la carrera diplomática?

Creo que desde que tengo uso de memoria. Con 9 años mis padres me enviaron a estudiar inglés a Irlanda, y desde entonces todos los veranos se convirtieron en viajes al extranjero para aprender idiomas y conocer nuevos países, nuevas culturas, nuevas gentes. Así conocí Irlanda, Francia, Canadá, Estados Unidos. Con 17 años empecé a aprender alemán, y en el verano de 1989 me apunté a un curso de verano en la Universidad Humboldt de Berlín Este… ¡1989 en Berlín Este!, es decir, pocos meses antes de que cayera el muro, toda una experiencia. Durante los siguientes veranos trabajé en una multinacional alemana, en la ciudad de Frankfurt. Y así poco a poco fue naciendo una vocación hacia lo exterior, de manera que cuando terminé la carrera de Derecho ya tenía claro hacia dónde encaminaría mi trayectoria profesional.

¿Qué papel juegan los diplomáticos en las relaciones internacionales?

Distinto al de hace un siglo, motivado sobre todo por el avance de las comunicaciones. Cuando la tecnología no permitía la comunicación en tiempo real, el margen de acción de los diplomáticos en los países en los que estaban acreditados era mayor, pues no se podían consultar con la capital muchas decisiones. Hoy por el contrario la tecnología permite las videoconferencias, las llamadas de teléfono entre Jefes de Estado y de Gobierno, o entre Ministros de Asuntos Exteriores, existen canales de televisión que emiten noticias durante 24 horas e informan en muchas ocasiones antes que las representaciones diplomáticas. Todo ello ha motivado que se haya trasladado el centro de gravedad en la toma de decisiones de las Embajadas a los Ministerios.

Pero ello no significa que el papel del diplomático sea menor, simplemente se ha transformado. Si el diplomático es un buen profesional, su Ministro o su Secretario de Estado se seguirán apoyando a la hora de tomar muchas decisiones en el criterio de aquél, al margen de la información de la que puedan disponer a través de los medios de comunicación. Muchas de las grandes decisiones de la política exterior las siguen tomando de facto los profesionales de la diplomacia. En resumen, el buen diplomático sigue siendo crucial en las relaciones internacionales.

¿Qué funciones ha desempeñado hasta la fecha y de cuál de todas se siente más satisfecho? ¿Qué momento ha sido el más complicado?

Por orden cronológico, mi primer puesto fue el de ayudante personal del Presidente del Gobierno, entonces José María Aznar, durante su segunda legislatura (2000-2004). Para un joven diplomático aquel puesto era un puesto lleno de magia. No tenías lógicamente ninguna influencia en la toma de decisiones a nivel presidencial, pero a cambio te convertías en el testigo más privilegiado de la política española al más alto nivel, al ser la persona más cercana físicamente al Jefe de Gobierno. Tu despacho al lado del suyo, acompañándolo en todos sus desplazamientos y viajes al extranjero…en resumidas cuentas, un privilegio.

Mi segundo puesto fue el de Consejero en la Embajada de España en Belgrado, Serbia y Montenegro. ¿Qué puedo decir de aquella época (2004-2007)? Fueron años de los que guardo grandes recuerdos,  vivencias, y sobre todo amistades. Los Balcanes son una de las zonas más excitantes del mundo, llenas de historia, de energía (no siempre bien canalizada por desgracia), con una política muy interesante y sorprendente, no siempre fácil de entender. Fueron años excepcionales en lo profesional y en lo personal. En lo profesional el hecho que más me marcó fue el proceso de secesión de Kosovo. Tras los bombardeos de la OTAN de 1999, Serbia fue progresivamente perdiendo de facto su soberanía sobre el territorio. A pesar de que la retórica de la comunidad internacional subrayaba que la soberanía no estaba en entredicho, la realidad sobre el terreno dejaba claro que la secesión sería una cuestión de tiempo. Se vivieron momentos difíciles, como la ola de violencia desatada por la población albanesa contra la población serbo-kosovar en 2004. Todo ello me empujó a elegir Kosovo como el tema para la Tesis Doctoral que entonces empezaba a escribir, que culminaría en 2011. En Belgrado también viví por ejemplo el fallecimiento de Milosevic, o la separación de Serbia y Montenegro. En fin, aquella es una zona del mundo a la que debo mucho. Y por cierto, tuve la fortuna de contar con uno de los grandes Embajadores que tiene España, el mallorquín José Riera.

En Mozambique estuve como Segunda Jefatura entre 2007 y 2009. Fue una buena experiencia profesional, pero sobre todo fue una experiencia vital. Posteriormente volví a Madrid como Director Adjunto de la Asesoría Jurídica Internacional en el Ministerio de Asuntos Exteriores, que es el órgano de asesoramiento en materia de Derecho Internacional Público de la Administración española. Un puesto muy técnico, y muy gratificante para el amante del Derecho Internacional Público, que es mi caso. Me especialicé en Derecho del Mar, lo que me permitió vivir la experiencia de negociar con nuestros socios europeos en Bruselas y representar a la UE como Presidencia en duras y muy interesantes negociaciones en Nueva York, en la Asamblea General de Naciones Unidas.

Actualmente estoy destinado como Segunda Jefatura en la Embajada de España en Ucrania. Todavía es pronto para hacer un balance global de mi estancia aquí (apenas llevo un año), pero en mi recuerdo ya me quedo con la magnífica victoria de España en la Euro 2012. Todos los adjetivos que se busquen para definir su juego se quedan cortos…

Y volviendo a sus preguntas, ¿de qué función desempeñada me siento más satisfecho? Creo que de todas, cada una a su manera. Serle útil al Presidente de tu país es gratificante, pero igual lo es solucionarle una emergencia consular a un compatriota tuyo en el extranjero, o negociar la protección medioambiental de los océanos en Naciones Unidas. ¿Y qué momento ha sido el más complicado? Sin duda, el robo y posterior homicidio de un español en mi demarcación consular. Muy duro.

En un momento de su carrera, trabajó en la ONU en negociación internacional. ¿Qué enseñanzas se lleva de esa etapa?

Muchas. Por ejemplo, la satisfacción del trabajo en equipo, un equipo que no era otro que el de los 27 compañeros que representaban a los países de la UE. Tuve la fortuna de desempeñar dos Presidencias de la UE, la de España, y la de Hungría a petición de éste último país, pues no tenían especialistas en Derecho del Mar. Y hablar en nombre de la UE en un foro global como es el de Naciones Unidas es un ejercicio que permite tomar conciencia de la trascendencia y del privilegio que supone ser europeo.

Los roces sobre Gibraltar, ¿justifican una crisis diplomática entre España y Reino Unido?

Actualmente las relaciones entre España y el Reino Unido constituyen un conjunto de estrechas relaciones entre dos sólidas democracias y socios europeos. La mayoría de los capítulos de esas relaciones funcionan positivamente, pero es cierto que Gibraltar supone una controversia dentro de ese marco. Mi opinión personal es que se debe ser muy firme en la defensa de nuestra postura, pero sin que ello contamine el resto de capítulos que funcionan correctamente. Y estoy convencido que así se puede hacer, firmeza en dicha defensa, sin por ello perjudicar otros ámbitos de la relación bilateral. En otras palabras, se debe ser muy firme en contrarrestar las actuales pretensiones inglesas de extender su soberanía al mar adyacente con todos los medios posibles, políticos y jurídicos. Y creo que la máxima firmeza en solucionar esta controversia no tiene por qué implicar una crisis diplomática con el Reino Unido.

¿Qué consejo daría a un/a joven que quiera encaminar su futuro a la diplomacia / las relaciones internacionales?

Que amplíe sus conocimientos de idiomas, bien con cursos en España o en el extranjero si ello es posible, o viendo programas y películas de televisión de otros países (un privilegio que en mi época no era posible); que lea la sección internacional de la prensa española, que lea revistas especializadas de Política, de Derecho o de Economía internacional, en definitiva, que se interese por lo que pasa en el mundo. Hoy las clásicas fronteras estatales son cada vez más difusas, y muchos de los acontecimientos que pasan en la otra punta del mundo pueden tener consecuencias inmediatas en nuestras vidas diarias… Estar preparados para lo internacional es estar preparados para el futuro más cercano.
 

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