La envidia que atormenta al envidioso y al envidiado

Victoria Gimeno. Directora Relaciones Institucionales. IE University

1 Noviembre 2016

La envidia es una emoción negativa que, para curarse, requiere buscar dentro de uno mismo lo mejor que se tiene y desarrollarlo.

Me contaba una coachee, hablándome de su carrera profesional, que la promocionaron en una empresa en la que trabajaba hace años, y ella, a su vez, quiso promocionar a  una de sus compañeras. Sin embargo, con gran sorpresa para ella, su compañera no aceptó y, unos días después, le dijo enfurecida a mi coachee que ella no era nadie para promocionarla. Mi coachee se quedó perpleja, porque no entendía su actitud.

Tras esta conversación, mi coachee empezó a sentir el vacío en su departamento, empezó a notar que salían a tomar café sin avisarla, que no contaban con ella para hacer un regalo conjunto, que cuando pasaba por delante de los demás se hacía el silencio total... en fin, notó un aislamiento generalizado.

Al cabo de los años, mi coachee ocupa una posición de relevancia en una empresa diferente, y aquella que no aceptó la promoción, fue desplazada y, en un ERE, quedó fuera de la compañía.

Esta situación marcó la forma de comportarse de mi coachee, además de añadir gran dolor a su vida. Analizando con el paso del tiempo lo que sucedió, esa indignación por ser ascendida de alguien que hasta hacía unos días era una compañera a su mismo nivel indica que fue motivada por la envidia. Esa envidia que otros sienten por nosotros, que nos afecta y nos deja indefensos, ya que no podemos hacer nada para que no nos envidien.  

Le envidia es una emoción negativa que se traduce en ira y maldad. El envidioso no puede sentir caridad ni compasión por los demás. El envidioso es una víctima que intoxica, criticando y quejándose. Es alguien cerrado al aprendizaje y la transformación. El envidioso se centra en la diferencia entre lo que él tiene o consigue y lo que tiene o consigue el otro, y es incapaz de compensar esa diferencia con otros logros que la contrarresten.

Al final, el camino para curarse es, precisamente, buscar dentro de uno mismo lo mejor que hay y desarrollar esas habilidades, es un camino de aprendizaje que convierte esa envidia en admiración, que anima y da coraje para buscar los propios logros.

El envidiado, por su parte, no puede hacer que le dejen de envidiar, aunque se manifieste discreto y humilde, porque la envidia es de otro, no suya, pero también tiene que aprender a convivir con ella y que no le afecte ni baje su autoestima. Por ello, es importante detectar al envidioso, poner nombre a la emoción, saber por qué actúa así y no dejar que sus desplantes y rumores malignos nos empapen y generen sufrimiento.

Publicado en el Blog de Ava

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