La estrategia americana de Sarkozy

<a href="http://www.ie.edu/esp/sobreie/sobreie_expertos_detalle.asp?id_exp=273">David Allen</a>. Profesor. IE Business School

30 Octubre 2007

Sarkozy ha visto que el mejor camino para colocar a Francia en el epicentro mundial es acercar posturas con Estados Unidos. ¿Lo conseguirá?

Hubo un tiempo en el que Francia era la nación más populosa y envidiada de Europa; hubo un tiempo en el que mi pasaporte estadounidense estaba en inglés y en francés. Pero por esas cosas que pasan, Francia jamás llegó a ser la nación más poderosa de Europa. Napoleón estuvo muy cerca, pero su aventura se estrelló contra los rusos: fin de la historia.

Al igual que los españoles y británicos, los franceses aspiraban a crear un imperio. Por desgracia, en su papel de colonizadores vendieron América por un cuenco de gachas y se embarrancaron en la chapuza de África (véase el magnífico Coup de Torchon de Tavernier); lo hicieron un poco mejor en la Indochina francesa, hasta que con gran ceremonia lo pasaron a manos de unos Estados Unidos asombrosamente ingenuos que, por lo que se ve, no habían aprendido nada en Corea.

[*D Ninguna nación europea puede liderar el mundo individualmente, pero sí puede hacerse un equilibrio de poderes con EEUU *]

Hoy en día, la Francia postcolonial es un país decidido a hacer de amigo tanto de los musulmanes como de los judíos, dedicado a vender armamento y a hacer lo que buenamente puede para lucrarse en el negocio del petróleo. España tampoco es manca en la táctica del señuelo y cambiazo, pero en su caso tratan de concentrarse en Latinoamérica. También representan su papel los ingleses y alemanes, quienes hasta el día de hoy han dependido de los Estados Unidos para que no se les hunda el negocio y mantener el euro en niveles estratosféricos.

Tanto a Francia como a Alemania y a Gran Bretaña les encantaría liderar el mundo, y yo no tengo nada que objetar a que ninguna de las democracias europeas, tanto en grupo como por separado, suceda a los Estados Unidos en el papel de superpotencia mundial. Sobre todo, si así conseguimos evitar un mundo dominado por chinos o rusos. La razón es muy sencilla: en los países democráticos el pueblo todavía tiene alguna oportunidad, por remota que sea, de hacer frente a las decisiones de sus líderes. Y, francamente, si tuviese que escoger una nación europea y convertirla en primera potencia mundial, optaría por Francia, porque nos hacen falta su cocina, sus vinos y su cine para hacer del mundo un lugar soportable.

[*D Sin Francia, USA no tendrá la más mínima oportunidad de convencer al mundo por vías diplomáticas y dependerá siempre del Ejército *]

Sin embargo, ninguna nación europea está en condiciones de liderar el mundo individualmente. Por tanto, sólo nos quedan dos opciones razonables a la hora de hacer un reparto de poder en el planeta Tierra: 1) aceptar a los Estados Unidos como gran jefe indio con el tradicional apoyo de ingleses, franceses y alemanes; o bien 2) volver a un sistema de equilibrio de poderes. (Corramos un tupido velo sobre la opción 3, la utopía de la ONU de un mundo sin superpotencias. Por ese lado no hay nada que hacer.)

La opción 1 es bien conocida y entendemos los pros y contras que conlleva. La opción 2 significa que dos o más países —o bloques de países— se disputen la supremacía económica (y puede que militar). La opción 2 es una posibilidad real, teniendo en cuenta los últimos desequilibrios desatados por los norteamericanos. Por desgracia, la opción 2 lleva aparejado un buen número de incertidumbres, casi todas bastante malas en un contexto en el que los chinos se están armando, los japoneses se están rearmando y los iraníes están haciendo todo lo posible para convertirse en caudillos del mundo islámico.

En este contexto, con la estructura de poder amenazando con resquebrajarse, la Europa occidental se encuentra haciendo un extraño número de funambulismo entre la desmembración de la Unión Europea y la consolidación de su estatus de potencia económica dependiente de la fuerza militar estadounidense. Por desgracia, no existe una oportunidad genuina de articular una política militar y exterior europea, lo que significa que los europeos necesitan a los americanos.

[*D Sarkozy quiere volver a colocar a Francia en el candelero mundial y sabe que para ello necesita unos Estados Unidos fuertes *]

Sarkozy, el inmigrante pragmático, entiende todo lo anterior por puro instinto y ha decidido optar por la posibilidad 1, con Francia en el papel reforzado de interlocutor de los Estados Unidos. Aunque lleve trajes de dos mil euros, aunque haya tenido dos mujeres (y amantes) superfrancesas, Sarkozy sigue siendo el inmigrante que se abre paso a empujones, el chico de las peleas callejeras que ve las cosas en blanco y negro, y ha querido apostar por los americanos, no porque esté de veras convencido de que van a ganar, sino porque la otra opción es pésima.

Sarkozy ha decidido jugársela. Va a necesitar una administración post-Bush consciente de que sin la Europa continental —y en particular sin Francia— los Estados Unidos no tendrán la más mínima oportunidad de convencer al mundo por vías diplomáticas y se verán obligados a depender de un poder militar hipertrofiado y guiado por una administración incompetente para luchar contra la dominación china. La condena de la gestión de la guerra de Irak, que ha hecho pública el teniente general retirado Ricardo Sánchez, no es más que la última entrega de una expresión de arrepentimiento que parece no tener fin sobre el debilitamiento al que nos hemos expuesto nosotros mismos al entrar en una terrible pesadilla. Necesitamos tiempo para recuperarnos y Sarkozy quiere ayudarnos a conseguirlo.

Sarkozy quiere volver a colocar a Francia en el candelero mundial, pero para ello necesita unos Estados Unidos fuertes. Es un interés propio en estado puro. Y sin embargo me temo que el próximo presidente de los Estados Unidos no sabrá apreciar lo que nos está ofreciendo el presidente galo.
Es una pena que Sarkozy no pueda presentarse a las elecciones estadounidenses. Aunque adquiriese la nacionalidad, sería inconstitucional.

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