La Europa de 2015 será la España de 2014

Ignacio de la Torre. Profesor. IE Business School

30 Octubre 2014

Como si de un espejo se tratara, la imagen actual de la economía de la zona euro es un reflejo de la que tenía España hace un año, lo que permite vaticinar un horizonte de crecimiento.

Hace casi un año, en esta misma columna, vaticinamos que en 2014 España crecería más que la zona euro.  Por aquel entonces, nuestro país acababa de salir de la peor recesión desde 1959, el stock crédito seguía hundiéndose y el desempleo creciendo, todo ello ingredientes que alimentaron las rápidas respuestas a nuestra predicción: las más elegantes consideraban dicho vaticinio como proveniente “de Marte”.  Pero, el tiempo pone todo en su sitio y 2014 verá a España crecer al 1,3%, mientras que la zona euro lo hará aproximadamente en un 0,7%, o sea, que España no sólo ha crecido más que la zona euro: ha crecido casi el doble.

Estos días aparecen débiles datos de coyuntura de la zona euro, asociados a muy escasa actividad y entorno de precios bajos y volátiles.  Las reacciones mediáticas no se hacen esperar: se amenaza con la deflación, con una década perdida, con un escenario catastrofista como el japonés desde 1990, y, en general, con un marco en el que Europa progresivamente pierde su status económico y político en el mundo en favor de potencias “emergentes” como China.  Probablemente, esas voces mediáticas fueron las mismas que auguraban la inminente ruptura del euro, la vuelta a la peseta o la quiebra de España (país que no ha quebrado en todo el siglo XX, algo que sí ha hecho Alemania). 

Analizando por qué España sorprendió positivamente al mundo en 2014, encuentro muchos factores similares a los que explicarán, en mi opinión, por qué la zona euro sorprenderá con su crecimiento en 2015.  Así:

Un elemento crucial para augurar el crecimiento económico es la financiación, ésta mejoró en España antes de lo previsto, y eso explica parte de la reactivación de inversiones y de consumo.  En la zona euro se están gestando los elementos necesarios para que en 2015 la financiación sorprenda al alza.  De esta forma, por el lado de la demanda, los últimos informes del BCE parecen indicar que la demanda de crédito ha dejado de contraerse, factor crucial para la reactivación del crédito.  Por el lado de la oferta, hay un triple proceso en marcha durante final de 2014 que activará el crédito en 2015: primero, la reciente publicación de los stress test, que permite fijar la foto de solvencia, disipando incertidumbres para que los bancos sanos puedan expandir su balance; segundo, la liquidez masiva proporcionada por el BCE ligada al flujo del nuevo crédito, que previsiblemente crecerá en diciembre; y tercero, la reactivación de los mercados de cédulas y titulizaciones, apoyada en las medidas del BCE, lo que previsiblemente otorgará a los bancos un incentivo de solvencia evidente para prestar más a las PYMEs.

Por otro lado, la zona euro ha vivido un enorme esfuerzo de consolidación fiscal durante los últimos años, consolidación que ha agravado el ciclo económico.  De cara a 2015, dicha consolidación será mucho menos intensa que el proceso vivido hasta 2014.  Así, se observa claramente una relajación de los objetivos de déficit fiscal, para así atenuar su efecto en el ciclo económico. Por otro lado, la nueva Comisión Europea ha anunciado un plan inminente para invertir 300.000 millones de euros en infraestructuras público privadas, esta cantidad puede ser un importante revulsivo para el PIB de la zona euro en los próximos dos años, y dinamizar las inversiones, que andan deprimidas.  El impacto dinamizador de cambio en la política fiscal será muy relevante a la hora de computar el crecimiento económico.

Además, el impacto dinamizador de exportaciones que arrojará la debilidad del euro ha de ser tenido muy en cuenta.  La economía de la zona euro es una economía altamente exportadora, apoyada, sobre todo, en el sector exportador alemán, español, francés e italiano (por este orden, las mayores potencias exportadoras en porcentaje de su PIB).  Por ejemplo, la zona euro exporta casi el triple que Estados Unidos en porcentaje de su PIB.  Por lo tanto, la fuerte depreciación del euro experimentada desde Junio de 2015 provocará dos importantes efectos: primero, hará subir las exportaciones con fuerza, lo que agregará riqueza (en julio ya hemos observado datos muy positivos de exportaciones de Alemania y España), y segundo, importará inflación, lo que ayudará al IPC a salir del terreno tan exiguo en el que se encuentra.

Por último, parte de la sorpresa de crecimiento de España en 2014 se debió a la normalización de funciones de consumo e inversión, que se situaban en niveles atípicamente bajos.  Algo parecido ocurre en la zona euro.  Cuando se activa la financiación, dichas funciones tienden a normalizarse, y eso provoca un importante efecto alcista en el PIB.  Así, los buenos datos de consumo de Francia o Alemania en verano son un incipiente ejemplo de la tendencia que podría solidificarse en 2015.

Recientemente, el Instituto Aspen, dirigido en España por José María de Areilza, organizó en Madrid un productivo encuentro con el viceministro de Finanzas alemán. En dicho encuentro, quedaron patentes los riesgos que afronta Europa, pero también la voluntad de reacción, de acción y de implementación.  Si analizamos en perspectiva el enorme esfuerzo desarrollado por el Viejo Continente en los últimos cinco años para contener un posible cataclismo financiero, seremos justos con nuestra gobernanza.  Como europeos, deberíamos estar orgullosos de cómo hemos podido reaccionar ante la crisis tan difícil vivida por nuestro continente.  Dicha gobernanza está ahora centrada en generar crecimiento sentando las bases necesarias para la vuelta de la financiación.

Los resultados nos sorprenderán. Como ha sorprendido España.
 

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