La extinción del debate sobre la evolución

Rolf Strom-Olsen. Profesor. IE School of Arts and Humanities

5 Mayo 2009

Este año se celebra el bicentenario de Darwin y, con tal motivo, se ha avivado el debate sobre la evolución. Craso error. Lo importante es “dejad que la ciencia se acerque a mí”

Este año marca el bicentenario del nacimiento de Charles Darwin y, la suerte así lo ha querido, también se celebran los 150 años de su obra de referencia «El origen de las especies». Para conmemorar la ocasión, se han publicado, y se van a publicar, libros sobre Darwin y sus teorías. Y con ellos se ha avivado el debate en torno a la evolución. ¿O no?

A primera vista, parecería que sí. Richard Dawkins, omnipresente defensor de Darwin, escribió un largo artículo para el suplemento literario de The Times, en el que analizaba la obra de otro apologista de Darwin, Jerry Coyne, catedrático de Biología en la Universidad de Chicago, titulada «Por qué la evolución es cierta». El profesor Dawkins tiene un libro propio sobre este tema, que se va a publicar este mismo año, así que la defensa de la necesidad de más libros sobre Darwin en su artículo es (como no tiene reparo en admitir) en cierto modo interesada.

[*D Eruditos de la talla de Dawkins se empeñan en defender que la evolución es cierta porque creen que nadie se toma el creacionismo en serio en la actualidad. *]

¿Por qué hay esta necesidad de defender que la evolución es cierta? Dawkins tiene lista una respuesta. «Nadie se toma el creacionismo en serio en la actualidad», escribe Dawkins. «En octubre de 2008, un grupo de unos sesenta profesores de ciencias estadounidenses se reunieron para comparar notas en la Universidad de Emory, en Atlanta. (…) Un profesor advirtió que los estudiantes rompían a llorar cuando se les decía que tendrían que estudiar la evolución. Otro profesor describió cómo los estudiantes gritaban repetidas veces ´¡No!´ cuando empezó a hablar sobre la evolución en clase. Este tipo de situaciones son habituales en Estados Unidos, pero también, me cuesta admitirlo, en Gran Bretaña. (…) Por tanto, que nadie se atreva a decir que el libro de Coyne no es necesario».

Oh, oh, siento que se me revuelve el estómago. En primer lugar, soy un fan del Dr. Dawkins. Me gustó su libro «El relojero ciego» y he disfrutado viendo sus inspiradas disquisiciones públicas defendiendo la teoría de la evolución. Sin embargo, extrapolar a partir de lo que dos (¡dos!) profesores de ciencias han comentado en una sesión de besugos en Atlanta (lo que probablemente signifique que provienen del cinturón bíblico) para sugerir que esas experiencias son habituales en Estados Unidos y Gran Bretaña es, sinceramente, ridículo. Si nos basamos en esa endeble prueba, no tengo ningún problema en decir que el libro del profesor Coyne no es necesario. ¿Por qué? Casi todos los que compren el libro del Dr. Coyne probablemente estarán de acuerdo con él. Predicar a los conversos sin duda es divertido. Pero, ¿es necesario? No creo.

[*D ¿Qué más le da al mundo que unos cuantos estadounidenses fanáticos de la Biblia quieran poner límites al futuro de sus hijos enseñándoles basura? *]

Es cierto que en 2005 el Discovery Institute (una parodia de grupo de reflexión que existe para promover el creacionismo y hacer que Darwin desaparezca de las aulas) logró convencer a los que, imagino, eran en su mayoría inofensivos pueblerinos de la Junta de Educación del estado de Kansas para endilgarles algo denominado «Diseño Inteligente» a sus hijos, que no es más que literalidad bíblica envuelta en harapos pseudocientíficos. Por desgracia, los autodenominados conservadores religiosos, alias fanáticos, de la Junta de Educación aprobaron este absurdo cambio, dando así a todo el mundo una razón más para reírse de Kansas y convertirla en sinónimo de atraso.
A los habitantes de Kansas, como se vio después, no les dejó indiferentes y, por fortuna, la mayoría de los miembros de la Junta que habían votado a favor de enseñar Diseño Inteligente perdieron sus puestos en las siguientes elecciones.

Ahora bien, es cierto que los sospechosos habituales todavía rebuznan su mensaje antidarwinista y antievolutivo. Tras una rápida búsqueda en Google, encontré uno: «Hacer frente a las raíces racistas de la evolución», un exhaustivo informe de alguien llamado Paul Strand, que se designa como veterano corresponsal en Washington de la CBN (un acrónimo aparentemente inofensivo que significa Christian Broadcasting Network, Red de Radiodifusión Cristiana), una de las principales fuentes objetivas de noticias, como se pueden imaginar. Pues nada, confrontemos al estilo de la CBN.

En primer lugar, nos encontramos con alguien llamado Dr. John West, que nos dice que Darwin era un «virulento racista». ¿El Dr. John qué? Umm, parece que el Dr. West se graduó en Políticas en la Claremont Graduate University y es un «veterano miembro del Discovery Institute». El sabio doctor también es «el ex-director del departamento de ciencias Políticas y Geografía de la Seattle Pacific University», según su biografía on-line en Amazon.com, donde también se puede comprar su tratado de modesto título «El día de Darwin en Estados Unidos: cómo nuestros políticos y nuestra cultura se han visto deshumanizados en nombre de la ciencia». (¡Oh, esa pícara y deshumanizadora ciencia!).

[*D Cuando el departamento de Biología de Harvard mande al diablo la evolución por un programa de inspiración bíblica, empezaré a preocuparme. Debate cerrado *]

Ningún espectador mínimamente serio pensaría que el Dr. West está cualificado para poner el contrapunto a Darwin o, ya que estamos, a cualquier cuestión científica, de ninguna de las maneras. Por tanto, describiría el informe de la CBN de la siguiente forma: tipejos increíblemente poco cualificados, armados con credenciales académicas de andar por casa, dicen tonterías sobre Darwin destinadas a espectadores supersticiosos que se han convencido a sí mismos de que odiar a Darwin con todas sus ganas les llevará al cielo.

Esto (mutatis mutandis) enmarca fundamentalmente el debate que el profesor Dawkins cree que estamos teniendo. Sinceramente, queda muy por debajo de su nivel. ¿Qué más le da al mundo que unos cuantos estadounidenses fanáticos de la Biblia quieran poner límites al futuro de sus hijos enseñándoles basura en unos pocos lugares atrasados del cinturón bíblico? Además, como demostró la anécdota de Kansas, incluso en el centro de la tierra del «Darwin es el demonio» la agenda de Diseño Inteligente sigue siendo repugnante para la mayoría.

Este debate, sospecho, trata sobre todo de dinero. Mucha gente ha logrado una lucrativa carrera del elogio o del menosprecio de la evolución. Vende libros, llena auditorios, te invita a programas de televisión. Los principales defensores de cada bando de este falso debate serían mucho más pobres si se reconociese que realmente es una parodia. Eh, es una forma de vida. Pero yo me preocupo cada vez más cuando eruditos serios del calibre de Dawkins o Coyne siguen contribuyendo a los dogmas de este sinsentido. Las cómicas afirmaciones de defensores pseudoacadémicos interesados en «Institutos» de orientación fundamentalista cristiana no constituyen un debate. Es un espectáculo circense y ni siquiera es bueno. Cuando el departamento de Biología de la Universidad de Harvard decida mandar al diablo la evolución para defender un programa de inspiración bíblica, entonces empezaré a preocuparme. Mientras tanto, creo que podemos declarar cerrado este debate.

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