La formación de directivos: nuevos desafíos, nuevos rumbos

Angel Cabrera. Decano del Instituto de Empresa

14 Enero 2003

La formación de directivos no es ajena a las profundas transformaciones que la globalización de los mercados y la llegada de Internet han producido en el mundo económico. Cómo tampoco lo es a la crisis de confianza generada en los últimos tiempos en torno al mundo financiero y los líderes empresariales. La internacionalización, la responsabilidad frente a la sociedad o la integración multicisciplinar son algunos de los desafíos a los que las escuelas de negocio han de hacer frente.

El entorno empresarial en el que trabajamos tiene poco que ver con el de hace 50 años y, sin embargo, los modelos de formación de directivos no han evolucionado al mismo ritmo. ¿Cuáles son las limitaciones del modelo actual?

Algunos expertos, como Mintzberg, afirman que los MBA tradicionales tienen demasiado “B” (“business”, negocio) y demasiado poco “A” (“administration”, gestión). Según este modelo, el MBA produce especialistas funcionales, expertos en finanzas, marketing, o contabilidad, en lugar de gestores. Cuando la verdadera gestión no consiste en resolver problemas técnicos bien definidos, sino en ser capaz de encontrar y definir esos problemas y buscar soluciones. Estos son los asuntos que deberían centrar la formación empresarial.
Otro viejo profesor, de la escuela de negocios de Stanford, Pfeffer, pone en duda la relevancia de la investigación actual para la práctica directiva. Opina que la influencia desmedida de las disciplinas básicas de investigación nos han hecho olvidar lo que las empresas realmente necesitan y que, a veces, las empresas corren más que los académicos en términos de innovación en técnicas de gestión.

Gioia, Corley, Zimmerman, entre otros, han advertido sobre los potenciales efectos perniciosos de los rankings. Las escuelas están desviando sus recursos desde actividades substantivas a estrategias orientadas a mejorar las posiciones en los rankings. Para completar la lista de críticas, algunos medios económicos internacionales se han cuestionado sobre la responsabilidad de las escuelas en los actuales escándalos financieros y en la consiguiente crisis de confianza en los líderes empresariales. Todas estas críticas tienen su parte de razón, pero la realidad es más compleja y no tan gris.

Es cierto que la formación empresarial pone mucho énfasis en los conocimientos técnicos funcionales, pero no es menos cierto que se presta más atención al desarrollo de habilidades gerenciales de lo que nunca antes se hizo. Algunas líneas de investigación pueden parecer irrelevantes al directivo o al consultor, pero sin avances en la investigación básica es imposible producir saltos cualitativos en la resolución de problemas de naturaleza más aplicada. Los rankings tienen un gran impacto en la gestión de las escuelas, pero también es verdad que la competencia entre escuelas derivada de los rankings ha producido innovaciones y mejoras que han incidido claramente en la mejora de la formación empresarial. En conclusión, el estado de la formación de directivos, es más saludable de lo que puede parecer, aunque todavía quede bastante camino por recorrer.

¿Cuáles son los grandes desafíos?

Internacionalización

El primer desafío con el que nos enfrentamos está relacionado con la globalización de la economía. Las últimas décadas han visto cómo las inversiones, el comercio y las alianzas internacionales se han disparado hasta niveles inimaginables. El mundo de los negocios se ha globalizado, no solo para las grandes corporaciones, sino también para un número creciente de pequeñas y medianas empresas.

En el ámbito internacional, las empresas se encuentran con entornos poco o mal regulados, inciertos y auto-organizados, sin las garantías a las que están acostumbradas. Para desenvolverse en este medio, los directivos tienen que leer variables políticas, culturales y económicas complejas. Tienen que manejarse en la ambigüedad, relativizar e incluso replantearse algunas suposiciones fuertemente arraigadas, tienen que ser sensibles a las diferencias y saber adaptarse a entornos reguladores distintos.

Esta mentalidad sólo se puede desarrollar con una formación de decidida vocación internacional en entornos verdaderamente multiculturales y diversos en los que el participante pueda sumergirse, cuestionar y ser cuestionado, recibir y dar al mismo tiempo. Sólo en este tipo de entorno se puede desarrollar la habilidad para manejar situaciones interculturales complejas.

Integración multidisciplinar

La gestión es un oficio transdisciplinar e integrador. El método del caso ha demostrado una capacidad pedagógica extraordinaria para el desarrollo de la habilidad analítica y la integración de información compleja. En la práctica, sin embargo, seguimos separando los programas en compartimentos disciplinares estancos. El profesor de finanzas traduce el problema a una gestión de flujos de caja, el de estrategia, al desarrollo de capacidades centrales, el de marketing, a la construcción de marca, y el de recursos humanos al cambio de cultura.

La reducción disciplinar de los problemas los hace obviamente más manejables, pero a costa de constreñir peligrosamente el espacio de posibles soluciones.
La formación empresarial debe ayudar a los participantes a explorar los límites de sus propios sesgos disciplinares, a encontrar y definir problemas, a entender los espacios de soluciones disponibles desde otras disciplinas, y a desarrollar la capacidad de navegar por espacios amplios multidisciplinares.

La contextualización del aprendizaje y nuevas tecnologías

El aula ha demostrado ser un buen lugar para reflexionar y aprender. Sin embargo, el resultado de este aprendizaje, a veces, queda demasiado lejos del entorno profesional Los programas tienen que incorporar nuevas maneras de integrar la experiencia de aprendizaje y el desarrollo profesional. Esto requerirá colaboraciones más estrechas entre las organizaciones y las escuelas de negocio. Colaboraciones que conecten los objetivos de rendimiento y desarrollo profesional y que, entremezclen la formación, la consultoría y la investigación.

En el futuro seguramente veremos cómo la línea entre formación reglada y formación ejecutiva va quedando difuminada, al desarrollar programas que combinen lo mejor de los dos mundos.
La contextualización del aprendizaje va a requerir también de un uso inteligente de Internet u otras tecnologías. El rol más importante de la tecnología, no va a ser abaratar costes, sino aumentar la eficacia del aprendizaje. Las oportunidades que se abren son enormes, y exigirán una inversión clara de recursos y una actitud innovadora y flexible.

Responsabilidad frente a la sociedad
Por mucha atención que hayamos prestado en el pasado a la ética empresarial, lo cierto es que las escuelas debemos asumir nuestra parte alícuota de responsabilidad en la crisis de confianza en las empresas y sus gestores. De una manera u otra, las escuelas estamos obligadas a enfrentarnos con este problema. Las soluciones más efectivas no pasan por multiplicar los cursos de ética. Aunque es importante conocer y anticipar los dilemas éticos más comunes, es ingenuo pensar que una escuela de negocios puede alterar una escala de valores. Sin embargo, la formación sí que puede ayudar a entender las implicaciones de negocio a largo plazo asociadas con determinados comportamientos, como la falta de transparencia.

Reflexiones finales

Estos desafíos tendrán efectos transformadores en las escuelas de negocios. Es posible que la evolución haya sido lenta en las últimas cinco décadas, pero no me cabe duda de que el mundo de la formación empresarial experimentará en los próximos diez años una transformación sin precedentes.

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