La gestión de uno mismo

Custodia Cabanas

13 Diciembre 2002

La gestión de uno mismo exige al individuo a pensar estratégicamente con respecto a su carrera: a saber quién es y a dónde quiere llegar, y a estar sometido a un proceso de revisión y revalidación permanente

¿Qué es?
Es la habilidad de un individuo para controlar la toma de decisiones con respecto a la gestión de su carrera profesional.
La seguridad de mantener el puesto de trabajo o la movilidad vertical ascendente ya no están en absoluto garantizadas como antaño, cuando el individuo, una vez contratado, esperaba poder jubilarse en la misma organización. En el comienzo del siglo XXI las organizaciones no pueden más que ofrecer a sus trabajadores incrementar su “valor de mercado”, lo que significa mejorar su futura empleabilidad, pero nunca garantizar una estancia a largo plazo y/o una carrera profesional ascendente. El mejor ejemplo lo encontramos en la actual crisis de las punto-com.
Tomar las riendas de la carrera profesional de uno mismo significa para el directivo someterse a un proceso de auto-evaluación permanente y analizar habilidades y actitudes. Quienes mejor conocen sus puntos fuertes, sus necesidades, sus objetivos y sus valores tienen mayores probabilidades de alcanzar el éxito en el desarrollo de su carrera profesional.

Auto-evaluación profesional
Es la habilidad del individuo para adquirir un conocimiento profundo de su capacidad profesional, así como de las dimensiones de su personalidad que la afectan.
Existen herramientas teóricas como el test de auto evaluación para adquirir este conocimiento, pero la ayuda más poderosa y eficaz para el directivo es el análisis realista del feedback o la retroalimentación. Para poder desarrollarse profesionalmente, el directivo tiene que estar dispuesto a buscar ayuda, ya que es difícil ser objetivo evaluándose uno mismo y por ello tiene que dedicar tiempo y energía para crear y mantener una sólida red de relaciones, tanto interna como externa a la organización, que le brinde la información más honesta y variada sobre cómo su comportamiento y actitudes afectan a su entorno, y estar abierto a la crítica constructiva.
Otra ayuda importante es un análisis detallado de la experiencia. Para aprender de la experiencia y consolidar lo aprendido, el directivo tiene que verse reflejado en ella.

Puntos Fuertes
Son las áreas de mayor competencia profesional. Necesitamos conocer nuestros puntos fuertes para poder tomar decisiones correctas con respecto a qué hacer, ya que no se pueden producir buenos resultados a partir de las propias debilidades. En la mayoría de los casos es más fácil conocer las debilidades que las fortalezas, ya que se suele aprender más de los errores que de los éxitos. De todos modos, una estrategia de desarrollo personal y profesional muy eficaz consiste en centrarse y tratar de desarrollar nuestros puntos fuertes, aquellos por los que se nos valora.

Necesidades
El concepto de necesidad tiene que ver con lo que verdaderamente motiva a la hora de trabajar, con lo que atrae, gusta y satisface de un trabajo o una función. Las necesidades están ligadas a aspectos de la personalidad que suelen influir también en la forma preferida de trabajar. Es importante conocer si preferimos un trabajo estructurado y predecible o por el contrario nos sentimos más incentivados por un entorno de incertidumbre; si nos sentimos más competentes cuando trabajamos en equipo o cuando producimos individualmente... hay pocas personas que trabajen bien en todos los entornos.
En este aspecto, la experiencia y el análisis de la comparación entre expectativas y resultados ayudará también a descubrir lo que no debemos hacer.

Valores
A pesar de que los valores están estrechamente relacionados con las necesidades conviene separarlos. Los valores se refieren a aquello que consideramos importante y bueno en sí mismo: respeto, justicia, honestidad....
No se refieren exclusivamente a la ética, ya que desde ese punto de vista las reglas son iguales para todas las organizaciones, y, además, la ética es solo una parte de un sistema de valores general de las empresas.
Cuando aceptamos trabajar para una organización que tiene un sistema de valores inaceptable o incompatible con el nuestro nos estamos condenando a la frustración.

Objetivos
Mientras que los conceptos anteriores son más genéricos y a más largo plazo, los objetivos son concretos y específicos y referidos a un periodo más corto de tiempo. Significan lo que se pretende conseguir a corto/medio plazo en una determinada posición: dinero, ubicación geográfica... La claridad y concreción en la fijación de objetivos evitará al individuo verse atrapado en un puesto de trabajo que afecte negativamente al desarrollo futuro de su carrera profesional.
Aquellas personas que tienen claro lo que quieren conseguir son generalmente aquellos que detectan mayores oportunidades de desarrollo dentro y fuera de la organización y son más creativos a la hora de encontrar las vías de consecución de esas metas.

Encaje
Si tenemos un buen conocimiento de nosotros mismos, nos resultará más fácil elegir la posición adecuada, es decir, encontrar el puesto donde haya más posibilidades de “encajar”, siempre y cuando también tengamos un buen conocimiento de la organización y del puesto.
Cuanto más perfecto sea el “encaje” entre el puesto y el individuo, mayor y más rápida será la contribución del individuo a la organización. Pero hay que tener en consideración que desde un punto de vista de desarrollo profesional las mejores funciones son aquellas donde el “encaje” es imperfecto y exigen al individuo cierto grado de “crecimiento”.
Estas tareas son más arriesgadas ya que el individuo tiene mayores posibilidades de cometer errores que frenen o hagan retroceder el desarrollo de su carrera o tengan un impacto negativo en la organización. En cualquier caso, en este tipo de tareas es donde el individuo puede adquirir nuevos conocimientos, habilidades, perspectivas y capacidad de juicio.
La gestión de uno mismo exige al individuo a pensar estratégicamente con respecto a su carrera: a saber quién es y a dónde quiere llegar, y a estar sometido a un proceso de revisión y revalidación permanente.

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