La no recesión mundial y el mayor riesgo de 2016

Ignacio de la Torre. Profesor. IE Business School

21 Enero 2016

A pesar de las turbulencias con las que arranca 2016, el mundo crecerá este año más que el pasado, mejora tras la cual se esconde una seria amenaza: el prostituido bono a diez años.

“El mercado ha pronosticado diez de las últimas tres recesiones”, afirma un conocido dicho del mercado.  En semanas en las que asistimos al hundimiento de las materias primas, la temida subida de tipos de la Reserva Federal (FED), una economía de Estados Unidos que extiende su recuperación por encima de lo que auguran las estadísticas, la decepción del Banco Central Europeo (BCE), una parte relevante del mundo emergente en recesión o a sus puertas, y en la que se ha producido el primer cierre de un fondo monetario en años, vuelven con insistencia los mensajes que apuntan a que nos encaminamos a una nueva recesión mundial.  Ahora bien, ¿están fundamentados?

Dado que la economía estadounidense sigue siendo la más importante del mundo, resulta oportuno iniciar la reflexión sobre su evolución. El argumento “recesionista” es que la actual expansión económica ha durado ya 78 meses, un periodo más prolongado que 29 de las 33 expansiones que ha experimentado la economía norteamericana desde 1854.  La pregunta que surge es si el motor de la economía, que es el consumo, está ligado a un reloj que, de repente, se para al superar los 80 meses, los americanos dejan de comprar y la economía entra en recesión.  La respuesta es un evidente no.  El consumo lo determinan los salarios, la creación de empleo, la riqueza de las familias y la confianza del consumidor. Todos estos factores se sitúan en niveles muy positivos y en continua ascendencia. Si añadimos, además, la bonanza asociada al crédito y a la recuperación inmobiliaria, el dibujo de crecimiento es aún más sólido.  

Es cierto que la fortaleza del dólar ha debilitado en 2015 las exportaciones, pero éstas sólo pesan un 13% del PIB, y en 2016 el efecto base será distinto. Lo mismo cabe afirmar de la debilidad de los precios energéticos en las inversiones de dicho sector, pero la economía de Estados Unidos sigue beneficiándose más que resintiéndose de una energía barata. En conjunto, el país crecerá en torno a un 2,5%, la inflación seguirá poco a poco en ascenso, y la FED subirá tipos hasta al menos el 1,25%, por encima de lo que descuenta el mercado.  

Los indicadores avanzados (PMIs) de la economía de la zona euro nos muestran que ésta ya podría estar creciendo alrededor del 2%, muy por encima de lo que muchos institutos supranacionales pronostican. La realidad es que los europeos han vuelto con fuerza a las tiendas, en un entorno de desempleo a la baja, energía barata y sueldos reactivándose.  Según se recupera el consumo, la inversión, poco a poco, también sale de su letargo, y, en parte por la menor presencia del sector energético, se comporta mejor que la inversión de Estados Unidos, algo que también puede decirse de las exportaciones, cortesía del euro débil. 

En un contexto de una política monetaria ultraexpansiva (que, en mi opinión, durará menos de lo anunciado), y de una incipiente recuperación inmobiliaria, todo está alineado para que la zona euro crezca al 2% en 2016, con el conjunto de la Unión Europea por encima. A su vez, Japón muestra señales de dinamismo sorprendentes a pesar de su abultada exposición a China, con una economía creciendo por encima del 1%, y que podría acelerarse hasta más del 1,5% en 2016.  Los muy estimulantes datos de la encuesta de clima empresarial Tankan (el mejor barómetro de la salud de la economía nipona) así lo atestiguan. Toda una proeza para una nación que pierde un millón de trabajadores al año (de hecho, si observamos la evolución del crecimiento del PIB por trabajador activo nos llevaríamos la sorpresa de observar que Japón es la economía de Occidente que más ha crecido).

Las malas noticias, obviamente, se concentran en el bloque emergente, que afronta una enorme deuda corporativa en dólares que difícilmente será repagada, una incipiente crisis bancaria asociada al primer efecto, otra fiscal y el efecto devastador que produce en muchas economías la debilidad de las materias primas. Brasil y Rusia están en recesión, y la India y China afrontan desaceleración, al igual que otras muchas economías emergentes, pero que aun así crecerán por encima del 5%. Con todo, el bloque emergente seguirá creciendo cerca de un 4%, dado el enorme peso que China y la India siguen teniendo. En mi opinión, China acabará en recesión, pero no será en 2016. Qué mejor paradoja de los tiempos que vivimos que el acrónimo “BRIC” ideado por Goldman Sachs, poco a poco, deja de existir: el mismo banco ha fusionado su fondo “BRIC” con su fondo de emergentes.

No nos engañemos, el mayor riesgo de 2016 no estriba en una recesión mundial (el mundo crecerá un 3,5%, frente a un 3% de 2015), sino  en el enorme riesgo asociado al activo libre de riesgo, el bono a diez años. Cualquier activo se valora directa o indirectamente en función del precio del bono a diez años. Si el precio de éste está prostituido, se prostituye el precio de cualquier activo. Pues bien, 2016 marca el principio del fin de dicha prostitución con un cambio en la política monetaria en el banco central más importante del mundo… las consecuencias serán formidables para el precio de muchos activos.

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