La sociedad de la información debe ser útil… y parecerlo

Carlos López Blanco. Presidente de ENTER, Centro de Análisis de la Sociedad de la Información y las Telecomunicaciones. Instituto de Empresa

26 Febrero 2007

Continuamente, la estadística demuestra el retraso de la sociedad de la información en España. Unos datos interesantes, pero lo realmente significativo es analizar los por qué.

Periódicamente, emergen datos inquietantes sobre la escasa penetración de las nuevas tecnologías en España. Datos que, a menudo, despiertan el pesimismo. Sobre todo, porque constatan el atraso relativo que tenemos respecto al resto de la Unión Europea (UE). ¡Y no digamos respecto a Estados Unidos o las pujantes zonas de Asia-Pacífico! En cambio, es menos frecuente el análisis sobre los motivos de este retraso. Una reflexión que explicara por qué no se produce ese salto que tanto los expertos como las autoridades plantean como objetivo deseable para afianzar el modelo de crecimiento y prosperidad de nuestro país.

Pero que estemos lejos no significa que no se produzcan avances; ni que nuestra realidad no evolucione, asimilando las nuevas tendencias en paralelo al resto del mundo, aunque en un porcentaje más reducido de la población del que sería deseable. Dicho de otra forma, aunque sigamos estando lejos del objetivo, por más que la progresión sea lenta, no podemos ni debemos caer en el derrotismo, porque no estamos tan mal como pretenden los practicantes del tradicional deporte del masoquismo estadístico.

[*D Son mayoritarios los usos pasivos de Internet -buscadores (92,5%) y correo electrónico (88,5%)-, pero crecen los que entrañan mayor participación. *]

Se pueden extraer muestras palpables del tradicional Informe de la Sociedad de la Información en España, elaborado por la Fundación Telefónica, cuya edición 2006 refleja evoluciones interesantes: un crecimiento de seis puntos porcentuales en el número de ciudadanos que accede a Internet regularmente (48%) y de casi cuatro puntos en el de quienes lo utilizan diariamente (23,6%); tres de cada cuatro accesos a la Red son de banda ancha; y han irrumpido con fuerza entre los internautas innovaciones tan actuales como los weblogs (un 14% los lee y un 11% los crea), la integración en redes sociales (13% de pertenencia a alguna) o distintas modalidades de creación y compartición de contenidos disponibles en la Red.

Todo ello significa que la actitud de la sociedad española frente a Internet no se diferencia, en cuanto a uso, de las tendencias imperantes en otros países más avanzados en cuanto a penetración. Aquí, como en otras partes, se está comenzando a producir una mutación relevante, desde un uso pasivo a otra mucho más activo, lo que claramente entraña un salto cualitativo en el uso de las posibilidades que ofrece Internet. Es verdad que todavía siguen siendo mayoritarios los usos tradicionalmente tenidos como pasivos: buscadores (92,5%) y correo electrónico (88,5%), pero incluso en ellos se están ampliando los que entrañan mayor participación, por no hablar del creciente uso de las aplicaciones de voz, que ya utilizan uno de cada cinco internautas en nuestro país.

[*D Hace falta profundizar en por qué gran parte de la población española persiste ajena a las ventajas de la sociedad de la información. *]

En todo caso, los datos de uso sirven poco para identificar los motivos por los que una parte relevante de la población persiste ajena a todo lo relacionado con la sociedad de la información. La respuesta genérica y dominante sigue siendo que no se percibe utilidad en lo que ofrece; pero falta profundizar en qué se esconde verdaderamente tras esa percepción. No podemos ser indiferentes a esa actitud refractaria, si queremos alcanzar un grado de penetración de la sociedad de la información que nos equiparen a los países con los que nos corresponde compararnos en términos de desarrollo, riqueza y bienestar.

Por tanto, el reto colectivo es, por una parte, ser capaces de incorporar herramientas, servicios y aplicaciones verdaderamente útiles para los ciudadanos; es decir, que respondan de verdad a prácticas ya instaladas o necesidades realmente sentidas en la sociedad. Y, por otro lado, acertar con la divulgación de lo que de forma simplificada podríamos expresar como: para qué sirve la Red.

[*D Una vez superada la barrera inicial, el uso de Internet se acelera con relativa rapidez y pasa, muy pronto, a convertirse en cotidiano *]

Los primeros resultados de un proyecto emprendido desde Enter para identificar y evaluar inhibidores de uso de la sociedad de la información han detectado que, una vez superada la barrera inicial, el uso de Internet se acelera con relativa rapidez y pasa, muy pronto, a convertirse en cotidiano. Algo parecido se desprende del Informe sobre la Sociedad de la Información 2006 antes reseñado: el porcentaje de empresas con acceso a la Red que considera que no sirve ha caído nada menos que 54 puntos entre 2002 y 2005, quedando reducido al 15%.

Aunque es verdad que queda mucho por hacer, también es cierto que existen factores e ingredientes para que sea posible –además de exigible- hacerlo sin caer en el pesimismo y la resignación de que todo seguirá siendo como es.

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