La verdad por consenso

Julián de Cabo. Profesor. Instituto de Empresa

27 Octubre 2006

Google o Yahoo! son la gran biblioteca de nuestro tiempo. Pero, ¡cuidado!, los buscadores no hablan ex cathedra, responden lo que quiere la mayoría.

Una de las herramientas que siempre dieron de qué hablar en Internet fueron los buscadores. Si hoy es vital entender el devenir de Google para tener el pulso real de lo que se cuece en la red, antes tuvimos que estar atentos a lo que hacía Yahoo!, e incluso hubo una época de polémicas interesantes en el ciberespacio hispano con las luchas entre un Olé y un Ozú que tal vez pocos recuerden.

Desde que Internet aspira a ser la gran biblioteca de nuestro tiempo, el funcionamiento de los sistemas que permiten localizar la información que reside en ella ha sido una materia de estudio interesante; tanto desde el punto de vista de negocio como desde el técnico, o incluso el más filosófico que nos ocupa hoy. Y espero que iniciar el comentario con esta declaración de intenciones no haga que los lectores huyan despavoridos.

[*D La próxima vez que use un buscador, recuerde que el resultado no tiene por qué ser verdad. *]

Con ánimo de arrancar de una manera fácil de entender, el punto de partida es la siguiente afirmación: los buscadores actuales utilizan un concepto que se llama "relevancia" para dar prioridad a unos resultados sobre otros. En términos técnicos no es completamente exacto, pero vale para situar el problema. Por si algún amable lector prefiere otro ángulo, podríamos añadir que esta idea se parece mucho al hecho de que cuantos más vínculos tenga una determinada página con una palabra buscada, más posibilidades tendrá de aparecer en las primeras posiciones de los resultados de búsqueda.

Interesante, ¿verdad? Y es que la reflexión que hace el buscador es buena: si mucha gente dice que la página “x” trata del tema “y”, debe ser que la página “x” es relevante en ese tema, con lo debe aparecer muy arriba en los resultados.

Pero, lo que ha sucedido desde que se conoce este modo de clasificar la información no es menos interesante. Incluso, ha dado lugar a una terminología específica donde brilla con luz propia el término Google-bombing, dado que dicho buscador tuvo el dudoso honor de ser el primero en sufrir las consecuencias de esta idea de relevancia. El anglicismo de marras se usa para definir campañas en que grupos de interés organizados crean vínculos entre páginas, con intención de unir determinados términos de búsqueda con resultados de su interés.

[*D La verdad, enseñaban en el bachillerato, es lo que es. El buscador muestra lo que opina la mayoría. *]

Si tiene usted dos minutos y una pantalla a mano, diviértase con un ejemplo clásico y busque miserable failure. Comprobará que, en casi todos los casos, se accede rápidamente a la biografía oficial del Presidente de los Estados Unidos de América. Si no ha quedado convencido, pruebe otro clásico y teclee ladrones, de donde saltará a las páginas de la SGAE. Y pese a que hay muchos más, lo dejamos ahí, que como ejemplo ya vale. Créanme si les digo que hay otros mucho menos divertidos que prefiero obviar.

La conclusión primaria es tan simple como que esos grupos de activistas han encontrado un arma impensable para dañar la imagen de aquello que rechazan. Eso estaría bien para comentarlo como anécdota, e incluso daría para debatir si es o no sano que de forma activa un buscador “rectifique” un resultado que sabe producto de una campaña organizada. Pero vamos a ir un poco más allá.

Antes de seguir reflexionando, se debe tener en cuenta que hemos usado deliberadamente un par de ejemplos donde la popularidad de sus protagonistas es dudosa, hasta el punto de movernos más a la sonrisa que a la alarma. Pero, si en vez de analizar esos casos con una media sonrisa vamos un poco más allá, y valoramos el hecho desnudo y desvinculado de un sujeto, la valoración es diferente. Se trata de que grupos de interés son capaces de desfigurar deliberadamente la verdad para mejor interés de sus causas. Y ese tipo de actuación es, más que divertido, algo totalitario y rechazable. Venga de donde venga, y se haga contra lo que se haga.

[*D Si teclea en un buscador ladrones irá a la página de la SGAE. Con miserable failure, verá la biografía de George W.Bush *]

Sé que el tremendismo es un recurso de torero malo, pero no puedo evitar acordarme de aquel Goebbels que convirtió en verdades tantas maldades injustas, ni olvidar el daño que aquello trajo sobre toda una época en la vida de Europa.

Pero, para no dejar a mi amable lector con un cierre tan triste, terminaremos la reflexión de hoy en un tono más pausado, señalando otros puntos de interés con relación a este mundo de los buscadores. Que son, dicho en términos musicales, “preocupantes, ma non troppo”.

En primer lugar, la próxima vez que use un buscador, recuerde que el resultado no tiene por qué ser verdad. O al menos, no en el sentido filosófico del término. La verdad, decían en el bachillerato, “es lo que es”; y lo que nos responde el buscador es “lo que opina la mayoría”. Dicho de otro modo, aunque todos nos pongamos de acuerdo en que la fuerza de la gravedad no existe, ésta no dejaría de atraernos. Le pese a quien le pese, la verdad no se produce por consenso.

Y terminando por hoy, no está de más recordar que, si bien es cierto que una de las maravillosas cosas que nos aporta la red es que "todo el conocimiento humano está ahí", no lo es menos que ese conocimiento no está en absoluto certificado. No olvidemos nunca que en Internet conviven, en pie de igualdad, lo verdadero y lo falso. Y que siendo conscientes de esto, no podemos pretender que los buscadores nos liberen de lo que debe ser la primera obligación de los hombres de buena fe, que es la búsqueda de la verdad en sí misma.

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