Los directivos alemanes no son productivos

Stephanie Muller, Corresponsal de Wirtschaftswoche en España

25 Enero 2003

La industria alemana se ha convertido en algo ineficaz. Los gurús de la dirección de empresas exigen de las fuerzas directivas más negociación y menos cábalas.

La productividad y la eficiencia fueron una vez valores alemanes apreciados en todo el mundo. Como ha podido apreciar la consultora empresarial Mummert y Asociados en una investigación de nivel europeo los alemanes, que en su día estuvieron a la cabeza de la productividad europea, han caído entretanto a un puesto intermedio en lo que concierne a su rendimiento. Si bien el trabajo alemán era antiguamente caro, aunque de un elevado valor creativo, actualmente también han descendido considerablemente en Alemania los costes por mano de obra.


La culpa de este cambio, en opinión de la consultoría británica Czipin & Proudfoot, la tienen sobre todo los directivos, que no toman las decisiones con la suficiente rapidez y pierden el tiempo en conferencias sin sentido en lugar de dedicarse a negociar. Según un estudio de los británicos a causa de esto sólo en un año se pierden 83 días laborables de entre 225. Entre las empresas alemanas que organizan con más frecuencia este tipo de reuniones inútiles se encuentran, según un estudio de Schell Marketing Consulting de Munich, la BMW y la Siemens. En la compañía filial de Siemens Wincor-Nixdorf, los directivos tienen que soportar diariamente a veces hasta cuatro reuniones. En total los directivos alemanes participan como media en cuatro reuniones a la semana, solamente los suecos calientan el asiento durante más tiempo dentro de Europa.


Muchas reuniones se prolongan además innecesariamente por un comportamiento excesivamente crítico o la falta de puntualidad de los participantes. Estas reuniones también son frustrantes, en palabras del director del estudio Alexander Schell, "porque los alemanes, cuando participan en las reuniones, se enfadan al mismo tiempo por el tiempo perdido, al contrario que por ejemplo los franceses que se lo toman de una forma más relajada". Además de esto saben hacer algo que les falta a los alemanes: desarrollar sus propias recetas para hacer realidad las ideas, en lugar de bucear en los libros o consultar a sus asesores.

[*D Los alemanes deberían volver a tener más contacto con la realidad *]Esto es también uno de los motivos por lo que, según el estudio de la Schell, sólo acuden a 1,6 reuniones por semana. "La idea es lo principal para los franceses, y no marear tanto la perdiz", afirma Ernst-Moritz Lipp, apoderado general del Dresdner Bank en Frankfurt. Por esa razón tampoco hace falta perder mucho tiempo en discusiones inútiles.


Otro factor clave en la deficiente productividad de las empresas alemanas es la falta de comunicación, según Czipin & Proudfoot. Aunque hoy en día los colegas alemanes arrastran consigo a las reuniones teléfonos móviles y ordenadores palm y laptop, toda esta parafernalia técnica no ha contribuido realmente a que las personas se entiendan con mayor claridad. Se ha podido ver cómo los aburridos participantes en una reunión enviaban SMS a su mujer por debajo de la mesa, contestaban a correos electrónicos en su palm o navegaban en internet.


Los directivos perdían además la mitad de su tiempo disponible en la pura administración y no dedicaban ni una cuarta parte a verdaderas tareas de dirección. El psicólogo de Bamberg Dietrich Dörner cree que muchos de los directivos alemanes no dominan los temas técnicos cada vez más complejos y, por ese motivo, ya no funciona la comunicación directa: "ante la profusión de datos literalmente se vienen abajo". Para cada problema cabrían muchísimas soluciones, lo que retrasa las decisiones. Para los trabajadores se nubla la situación, no reciben instrucciones claras.


El asesor empresarial Dieter Brandes aconseja por ello a los directivos alemanes: "¡no hablen tanto y sencillamente actúen!" Los alemanes deberían volver a tener más contacto con la realidad. De esta forma un jefe de almacén por ejemplo, que desea descubrir la relación entre la implantación del euro y la variación de los precios, podría acumular durante días miles de datos y analizar los mismos. Sin embargo, también podría sencillamente bajar los precios durante un periodo de tiempo y ver cómo se desarrollan las compras. Como muchos otros consultores de dirección, Brandes apela de nuevo a la sensatez humana: "con ella es como se llega más lejos".

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