Los pequeños pasos de la defensa europea

José María de Areilza Carvajal. Profesor. Instituto de Empresa

2 Octubre 2006

Hablar de ejércitos, defensa o inversión en seguridad es casi un tabú para muchos Estados europeos. Craso error, porque necesitan su propio escudo protector.

Desde las guerras en los Balcanes, la Unión Europea ha ido dando pasos para tener cierta capacidad de defensa autónoma, al margen de la OTAN y de EEUU. Pero este camino está jalonado de problemas e interrogantes, que pocas veces son objeto de debate público. ¿Por qué? Tras desaparecer la amenaza soviética, en buena parte de las sociedades europeas se ha extendido una mentalidad pacifista, a pesar de que la barbarie del terrorismo se hizo patente con el 11-S y, después, con los atentados de Madrid y Londres. Pero además del terrorismo, cada vez más global, han surgido otras amenazas, identificadas por la Estrategia Europea de Seguridad de 2003: la proliferación de armas de destrucción masiva, los Estados delincuentes, los conflictos regionales y el crimen organizado.

Ante estas nuevas realidades, los gobiernos europeos decidieron hace siete años convertir a la UE en una organización con algunas responsabilidades en defensa, aunque bastantes Estados miembros siguen considerado a la OTAN su piedra angular en esta materia. La decisión europea de ir hacia una cierta autonomía en defensa tiene su origen en la guerra de los Balcanes. EEUU pensaba que era un asunto que debían resolver los europeos. Pero, sin la intervención estadounidense, no hubiéramos sido capaces de resolver lo que empezó como desmembración de un Estado y terminó con el retorno de la limpieza étnica a la civilizada Europa.

[*D El terrorismo o la armas de destrucción masiva han convencido a la UE de que necesita mayor autonomía en defensa *]

En diciembre de 1998, Tony Blair y Jacques Chirac adoptaron la declaración de Saint Malo, en la que proponían una mayor responsabilidad de los países europeos en su propia defensa, en el seno de la OTAN y fuera de ella. El paso tenía importancia, porque Francia y Reino Unido son las únicas potencias europeas que, tras la Guerra Fría, han invertido seriamente en sus Fuerzas Armadas. Saint Malo fue un momento de convergencia pragmática de dos visiones muy distintas de Europa, la churchiliana y la gaullista. Blair quería fortalecer el pilar europeo de la Alianza, antes de que la relación EEUU-países europeos se desequilibrara aún más. Por eso, levantó su veto a una eventual capacidad autónoma de Europa en defensa. Francia había dado algunas señales de acercamiento a la OTAN, que según Saint Malo seguía siendo el fundamento de la defensa colectiva. Pero su objetivo era distinto al británico: crear un polo alternativo y a veces rival a EEUU, como quedó claro durante la crisis de Irak.

Tras Kosovo, el Consejo Europeo de Colonia de junio de 1999 extendió el plan franco-británico a la UE, creando la Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD). En poco tiempo, esto supuso la conversión de la UE en una institución llamada a participar en la defensa del Viejo Continente. El objetivo no era crear un ejército, sino poner en pie una reserva de unidades nacionales que, por unanimidad del Consejo, pudiera hacer frente a una crisis internacional, lo que exige fuerzas ligeras, móviles y flexibles.

[*D A pesar de ciertos avances, Europa se ha demostrado incapaz de desarrollar sus propias capacidades militares *]

EEUU expresó tres reservas a esta idea: no duplicar esfuerzos, no desengancharse de la OTAN y no discriminar a los Estados europeos de la OTAN no miembros de la UE, es decir, Turquía. Estas pautas subrayaban el principio de primacía de la OTAN. El acuerdo, llamado Berlín Plus, concretó la modalidad de acceso de la UE a los medios OTAN, “ahí donde la OTAN no decida intervenir”. Dos operaciones de paz basadas en el modelo de Berlín Plus han tenido lugar en Bosnia y Macedonia a partir de 2003.

Pero los verdaderos obstáculos para la autonomía defensiva europea radican en el desarrollo de sus capacidades militares. La UE no ha podido hacer frente al reto de operar conjuntamente fuerzas europeas, algo en lo que la OTAN sobresale. El ejemplo más palpable fue la decisión del Consejo Europeo de Helsinki, en 1999, de poner en pie una Fuerza de Reacción Rápida, con 60.000 hombres capaces de desempeñar misiones que pueden durar hasta un año, listos en 60 días y antes de 2003. Muy pronto se demostró que ni siquiera este objetivo era posible. Los europeos no podían afrontar juntos el transporte, la logística y la interoperabilidad. Al final, se ha optado por reexaminar esta idea, proponer nuevos objetivos para 2010 y dar prioridad a la creación de pequeños grupos tácticos.

[*D Las torpezas diplomáticas de EEUU con Irak han alentado el debate sobre la autonomía europea en seguridad *]

Las sucesivas torpezas diplomáticas de EEUU en relación a la segunda guerra de Irak alentaron los debates sobre la autonomía europea en materia de seguridad. Francia aprovechó la crisis iraquí para sugerir, junto con Alemania y Bélgica, la creación de un cuartel general europeo que reforzara la PESD. Propuesta vista por Washington como contraria a los acuerdos de cooperación UE-OTAN. Desde entonces, Blair ha ayudado a recomponer la relación atlántica.

La UE-25 representa el 25% PIB mundial y 450 millones de habitantes, pero carece de capacidades propias en seguridad, si exceptuamos su especialidad en operaciones de paz (el 90% de las tropas OTAN en estas misiones, en Kosovo y Afganistán, son europeas). La UE debe reclamar cierta autonomía frente a la OTAN, pero sin capacidades no es creíble. Su empeño debe ser demostrar a EEUU que es un socio con el que puede contar. En las operaciones conjuntas OTAN-UE se comprueba que la asociación funciona, pero la propia OTAN necesita transformarse, para hacer frente a las nuevas amenazas, entre las que sobresalen el terrorismo internacional y la proliferación nuclear.

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